viernes 19 de agosto de 2011

Zonzos, medio pelo y democracia

Debe ser un ejercicio penoso hurgar en el arcón de prejuicios tan pesados buscando una explicación más o menos elegante con la cual pasar este oprobio de la hora aciaga. Así vemos a candidatos y a periodistas de rostro braguetiforme, ora apelando a la perogrullada, ora apoyándose en la monolítica solidez de la matemática del voto y bajando la cabeza -con menos humildad que vergüenza- mientras esperan que pase el huracán de la derrota y terminen los tiempos de la ultrajante autocrítica. Como el perro que gira en círculo venteando los vahos de su propio botón, algunos todavía quieren creer que los resultados electorales del domingo pueden explicarse por el desatino de la tropa opositora, que habría actuado sin concierto ni dirección, desperdiciando sus ricas fuerzas batallando en el campo equivocado contra molinos de viento disfrazados de gigantes. Aquí hay una adicción autorreferencial insoportable: muchos de los varios que fueron categóricamente ignorados por el electorado se adivinan como ganadores de un supuesto certamen del “voto castigo”.Curiosa elección que habrían ganado: la del no voto. Interpretan peregrinamente un jeroglífico que les señala la urgencia de nuevas caminos: “no fuimos claros, nos falló el mensaje, no supimos llegar al electorado” ¿Y si fuese al revés? ¿No será que llegaron demasiado claramente, desde las horas incontables de radio y TV y los titulares afilados que les dedicó generosamente la gran prensa? ¿No será que les faltó no repetir hasta el hartazgo formas y fórmulas harto conocidas y rápidamente asociables a un pasado de vehementes fracasos? El desfile de los derrotados que imploran clemencia a los pies del patíbulo mediático es un espectáculo de la degradación y la indignidad. No se puede escuchar sin conmoverse a De Narváez diciendo que “muchas cosas de este gobierno están bien”, cuando no se lo escuchó dar apoyo a ninguna y cuando su sola actitud política en estos últimos años se ha limitado a la elaboración de slogans, sonrisas gardelianas e impostaciones gestuales en vista de triunfos electorales que pusieran fin al ciclo kirchnerista. No se puede leer la tapa de Clarín hablando de la “transversalidad policlasista” del voto a Cristina cuando llevan años intentando amalgamar en un mismo discurso el circo conmocionante e hipócrita de la exhibición morbosa de la pobreza y la indigencia con la erección de las banderas de una oligarquía asfixiada por la tiránica mazorca fiscal. Algo han hecho; todo, menos no ser claros. Sin embargo, con eso no alcanza ni para empezar a entender porque Cristina tiene más votos que todos los opositores juntos.
Va de suyo que un mandatario que recibe como espaldarazo el voto de uno de cada dos electores nacionales tiene que haber producido algún hecho saludable a la existencia de esas mayorías. Hay que ser rematadamente idiota para no verlo. Ya que la abundante factoría de tilingos nos ha obsequiado tantos enamorados y repetidores de la frase de Clinton (it’s the economy, stupid), podríamos buscarle una adaptación vernácula aplicable a nuestra coyuntura: “Es el gobierno, boludos”. Es el gobierno el que recibe los laudos por sostener un ciclo de crecimiento económico de duración y envergadura sin antecedentes en la historia, el que ha llevado la desocupación a menos de un dígito, el que ha reducido la deuda externa a menos de la mitad del PBI, el que lleva adelante políticas expansivas del mercado interno, el que reduce la pobreza y la indigencia con fondos que recuperó de grandes pulpos financieros especuladores, el que ha generado esta atmósfera de estabilidad y esperanza, de futuro aromado de sueños. Después está lo otro: la mística del militante, la cruzada cultural, el retorno de la política a la mesa del domingo, el fin de la impunidad genocida, la lucha contra la “corpo” y los monopolios. Pero esas son –en términos electorales- delicatessen para minorías, por mucho que nos pese. Necesario pero no suficiente; sazona pero no llena, salvo para los que ya tenemos la panza llena.
Por último, no está de más detenerse en ese terreno de barbarie intelectual rediviva y fulgurante que ha emergido en los últimos días. A falta del tal “voto agazapado” que anunciara Duhalde, aparece una suerte de idiotología brutal, expulsada como en un exorcismo por un sector minoritario pero bullanguero, imbécil pero soberbio, siempre desbocado y desmesurado, que vuelve a exponer epidérmicamente sus prejuicios, odios, desprecios, racismos y terrores de una manera monstruosa. Aparecen como eslabones perdidos entre el analfabetismo político y la hijaputez llana y lisa, Duhalde recordándonos las horas en las que bailábamos en la cubierta del Titánic en el año 98, como si él no hubiese sido parte de la tripulación, o Biolcatti hablando de un “voto plasma”, que viene a ser aquello en lo que la gente gasta la plata cuando ya se compró la licuadora. Al margen de lo mucho que hay que revisar en estos discursos patéticos acantonados en la conciencia de tanto seudoprogre, se descubre el desprecio categórico que suelen tener las elites (del signo ideológico que sean, ver Fito Paez y su asco) ante la consumación de la voluntad popular, cuando esa voluntad popular se caga en sus predicciones, valores y arquetipos. La exteriorización de la impotencia ante la realidad se sublima bajo la forma de frases que convocan a la “parte bien” de la sociedad: “Yo pertenezco al 50 % de los Argentinos que bancan a los vagos”, dice un tipo que no generó ni pizca de riqueza en toda su vida y que cobró siempre por ventanilla sin preguntarse de donde diablos venía su sueldo pero siempre presto a reclamar por el tajo impositivo que se le hacía; “quedan embarazadas para cobrar un plan”, grita una gorda que se la pasa sentada frente a la tele mientras su marido trabaja para comprarle el silencio. Exteriorizaciones de almas inmundas, ante las que se necesita demasiada indulgencia o mucha complicidad para no decirles en la cara que son unos imbéciles y que en buena hora la tienen adentro por cuatro años más.
Cristina ha ganado y repetirá en Octubre: seguiremos teniendo una inversión record en educación, disfrutando los avances del sistema de investigación y desarrollo, produciendo autos, aviones, vagones y trenes, cambiando nuestras “ventajas naturales comparativas” del sector primario al secundario. Ganando en soberanía, independencia, grandeza y espíritu americano. Algunos no lo quieren mirar, otros no lo pueden entender, y al margen de cierta furia y destemplanza por la cual me excuso, más vale ser comprensivo y compadecerse. Pobres los que tengan el alma tan malherida y la conciencia tan horadada para no admitir que pueblo y patria viven buenas horas.

martes 11 de enero de 2011

Ilustrativo




Muy buen material de la fundación "sueños compartidos", de Madres de plaza de Mayo. Interesante para difundir y dar discusiones con los escépticos y los críticos:











martes 28 de diciembre de 2010

28

Ayer, la joven efemérides era obvia y obligada: se cumplían dos meses del fallecimiento de Néstor Kirchner. La de hoy, en cambio, es harto más caprichosa, acaso más olvidable. Hace exactamente un año y medio, en el crepúsculo de una fría tarde de invierno, muchos nos enterábamos, desahuciados y paralizados, que Néstor Kirchner perdía las elecciones con un personaje tan novedoso como caricaturesco, un émulo de Isidoro Cañones de pelo colorado, modelo ideal para publicidades de pastas dentales, siempre con una sonrisa que le ahorraba la necesidad de articular argumentos. Un fantasma del pasado noventista, sepulturero de la política y repetidor de fórmulas tan conocidas como aterrorizantes.

No me resulta difícil evocar vivamente el recuerdo de aquella tarde noche de silencio medroso y angustia, en la cual empezaba un anticipado velatorio, no de Kirchner, pero si de sus potencialidades políticas a futuro. Allí comenzaba la intrépida vocación de cogobierno de una oposición política que se sentía triunfadora absoluta –aunque tan solo porque miraba con más atención los números ajenos que los propios- y que se asumía como receptora de la posta que la mesa de enlace, desde “el campo”, le transmitía para que el lock out deviniera en knock out. Acaso esa excesiva autoestima, esa negación a la frialdad y el análisis, esa euforia propia de aquellos que reciben un premio por el que han hecho demasiado poco, hizo que ese bloque heterogéneo hasta el hartazgo, que en adelante se autodenominaría orgullosamente “la oposición”, terminara creyendo su propio relato triunfalista y asumiera como recomendable, en adelante, exponerse a pecho descubierto en el centro de la escena del conflicto y, a cámara prendida las 24 horas, asumir un protagonismo que los mostraba tan alegres como desnudos. Esa excesivo ímpetu, esa suerte de repetición de la “Marcha de la constitución y la libertad”, ya no en la recoleta si no en los benévolos sets televisivos, permitía presagiar destinos de desilusión y desgaste.

Curiosa fisiología la de este cuerpo kirchnerista, que fue construyendo desde ciertas derrotas y tragedias – el voto no positivo, la derrota de 28-J, la muerte de su conductor- una fortaleza que en el pasado no se le conocía: los números de hoy, aunque alcancen valores comparables a los de un pasado pre-125, no indican lo mismo; demasiada agua ha corrido bajo el puente como para que las conciencias populares registren los hechos con la misma liviandad que en 2007. Un hecho capital es la situación de los antagonistas: si en aquella elección que erigió a Cristina la oposición era un bolsón de misterio e incertidumbres, su pavoneo descontrolado y torpe por los segmentos más escabrosos del acontecer político de 2010 ha disipado muchas dudas y acaso algunos temores: los del oficialismo.

miércoles 15 de diciembre de 2010

Dos libros sobre peronismo

Si de entender el peronismo se trata, seguramente leer los libros de Galasso o de Feinmann aporta más que leer los de Gambini. En todo caso, leer a Gambini puede ser interesante para entender el antiperonismo, lo cual no es un ejercicio banal para ningún peronista. Pero si de peronismo se trata, leerse las más de 2000 páginas que suman los libros de Galasso (2 tomos) y Feinmann (sólo un tomo, ya saldrá el otro) juntos, suman mucho.

Son dos libros bien distintos: el de Galasso es sin dudas un libro imprescindible, colosal, titánico, completo, centrado en la figura de Perón. Es, en realidad, una biografía de Perón, que sirve para indagar el peronismo haciendo eje en su máximo líder. Riguroso, documentado, desarrolla con profundidad cada una de las etapas del movimiento con igual detalle. Se sabe, Galasso es un historiador de la izquierda nacional, y desde allí apunta sus cañones. Lo hace con un profundo respeto por Perón, buscando contemporizar, sugerir explicaciones y hasta algunas justificaciones a los movimientos contradictorios de Perón. El de Feinmann es un libro interesante, como todo lo que hace Feinmann, que parte de la base de que “el peronismo es mucho más que Perón”. No es un relato lineal, no respeta las cronologías, tampoco hace crónica histórica. Se propone, según palabras del autor, escribir e indagar acerca de la filosofía política del movimiento. El toque personal de José Pablo está dado por su fina ironía y cierta dureza acre, extremadamente crítica, sobre Perón. Por suspuesto, no es un libro gorila: fustiga con dureza todo el imaginario y el discurso gorila. Se mofa de él a la vez que lo destruye. Nunca procura evitar definiciones personales: toma posición y se asume como un “intelectual hegeliano-marxista” que se asomó lleno de ilusiones al peronismo, harto de la farsa de la proscripción, entusiasmado por la potencialidad revolucionaria del peronismo, soñando el socialismo nacional.

Si tuviera que elegir un libro, me quedo con el de Galasso. No porque no comparta algunas de las opiniones de Feinmann, si no porque el libro de Galasso es monumental. Repito: imprescindible. El cariño excesivo que Galasso le dispensa a la figura de Perón, no llega a quitarle rigor historiográfico en ningún momento. La cantidad innumerable de fuentes consultadas –prensa, folletos, libros y libelos, reportajes, documentales-, algunas de ellas totalmente desconocidas para mi, lo vuelve monolítico. Además, Galasso toma el ejercicio pendular de conducción política de Perón y lo hace propio, intentando mantener equidistancia y explicar –sin dejar de ser un historiador de la línea federal-provinciana y latinoamericanista- con detalle la contradicción del peronismo, entre derecha e izquierda, extremada en los años 70.

A veces Feinmann se va de mambo. Se confunde con algunos detalles. Le puede faltar alguna repasada de algunos textos. Otras se vuelve demasiado ególatra. Por ejemplo, cuando construye análisis a partir de hechos ficcionales que él mismo ha creado. A veces se le escapa el natural resentimiento que algunos militantes de los 70 todavía tienen con ese Perón que les cortó las alas, aunque el eje central de algunas de estas críticas – la presencia y el poder creciente de López Rega, los ascensos de Villar y Margaride, por ejemplo- no deja de ser completamente inobjetable.

A veces coinciden, sobre todo cuando le pegan tupido al gorilismo: los dos atienden a Halperin Donghi, los dos a Victoria Ocampo y al grupo de Sur, a Borges, a Bioy y Victoria Ocampo., execran a Rojas y Aramburu. Los dos dan por tierra con los argumentos que señalan a Perón como filo-nazi.

Los dos son libros que no se deberían dejar de leer. El de Feinmann, se consigue gratis en PDF, en el sitio de Página 12. El de Galasso, se consigue por algún dinerillo en las librerías.

martes 14 de diciembre de 2010

Dos Argentina y dos centenarios

Por esas cosas del destino, Miguel Cané, furioso guardián de la nacionalidad patricia, nació en Uruguay en 1851. Nació, por tanto, con el aura de heroísmo y victimización exaltada que se imponían los perseguidos del rosismo. Su familia fue de aquellas que gritaron libertad después de Caseros, convencidas de que sin la influencia omnímoda del restaurador – el primer tirano depuesto- la Argentina pasaría a formar parte del mundo luminoso y progresivo del capitalismo mundial. Su vida transcurrió al tiempo que gauchos e indios eran aniquilados y reses y mieses cotizaban en alza en los mercados internacionales. Asesor y admirador de Sarmiento, habrá adivinado, como aquel, que muertos los brazos trabajadores por el exterminio unitario, habría que exportar fuerza de trabajo de Europa. Ilusionados ambos, habrán imaginados contingentes de rubios sajones, prolijos campesinos helvéticos y rudos labriegos franceses descendiendo de los barcos para traer el conocimiento, la técnica y la civilización a poblar la tierra donde todavía se resecaba la sangre de los que habían tenido la osadía antimoderna de practicar la barbarie y la holganza. La llegada de tantos iletrados procedentes del sur de Italia o de los elementales campesinos de la España precapitalista debe haber aguado tristemente sus expectativas
Temprano antecesor de Macri, Cané alcanzó la intendencia de la Ciudad de Buenos Aires luego de la federalización de la Capital. Más tarde, fue Senador, dejando al país un legado mucho más perdurable que su libro “Juvenilla”: la ley de residencia, a la que su autor llamó “deliciosa ley de expulsión de los extranjeros”. Ley redactada a pedir de la Unión Industrial Argentina (porque aunque no teníamos prácticamente industrias, ya teníamos a la influyente UIA), según la cual cualquier extranjero podía ser expulsado del país sin juicio previo; bastaba la sola acusación de la autoridad patronal. De esta forma, la nacionalidad oligárquica, patricia, resguardaba su glorioso país de minorías de la influencia de los agentes foráneos y disolventes: comunistas, socialistas y anarquistas. Los grandes problemas de la argentina del centenario. Los agitadores que reclamaban, no siempre con los mejores modales, mejoras en las condiciones de trabajo y que le exigían a la oligarquía argentina que humanizara sus pretensiones de lucro.
Cané fue un ícono de la generación del 80: culto de una cultura eurocéntrica, llegó a felicitar a José Hernández por la edición de “La vuelta de Martín Fierro”, con las siguientes palabras: “Hace bien en cantar para esos desheredados, el goce intelectual no es solo una necesidad positiva de la vida para los espíritus cultivados, si no también para los hombres que están cerca del estado de la naturaleza”. En síntesis: también se puede hacer formas menores del arte para las bestias, dice Cané, quien, por otra parte, nunca hubiera alcanzado el éxito literario que alcanzó, si no fuera porque su famoso “Juvenilla” fue impulsado como libro infantil obligatorio por el conservadorismo oligárquico argentino (Escribe José Pablo Feinmann, al respecto: “La generación de Cané ganó la guerra y organizó el país a su imagen y semejanza, ya que así organiza la verdad el poder cuando consigue imponerla. De aquí que hayamos sido educados bajo el imperativo de deleitarnos con las travesuras de las clases dirigentes, de los jóvenes educados de la burguesía porteña, de su oligarquía o de su aristocracia). Cabe aclarar que su adorado Sarmiento y todos los enemigos del federalismo mucho tenían que ver con que esos gauchos de las campañas fueran, efectivamente, “desheredados”, a los que magistralmente Hernández les canto sus penas extraordinarias.
Aunque no llegó a vivenciar los festejos – murió joven, en 1902-, Cané puede ser considerado parte de la Argentina del Primer Centenario, esa fiesta del fraude y la frivolidad, con estado de sitio declarado y represión desbocada. Fiesta en la que no participó más que una minoría de abolengo y estancia, con toros importados de Inglaterra y servidumbre importada de Italia. Diametralmente opuesta, la argentina del Bicentenario se encontró con el pueblo en la calle, festejando a coro con muchos otros pueblos del continente. Esa Argentina que hace un tiempo redactó una ley de inmigraciones acorde con los postulados de su Carta Magna y acorde con los tiempos de maravillosa integración latinoamericana que se viven. Una ley de inmigraciones que es, sin más, la antítesis de la ley Cané.
Pero la argentina del centenario no está muerta. Lanza, cada tanto, sus furiosos zarpazos, sus desmedidos ataques. Ya sin las formas refinadas y cultas de Miguel Cané, si no con formas mucho más brutales y groseras. Ya no es la oligarquía de linaje añejo y raigambre en la tierra la que propone la expulsión de los extranjeros de baja estofa, ahora es la comparsa grotesca del PRO, la tilingada berreta de Mauricio Macri, hijo de un inmigrante que si que le ha hecho mucho daño al país, participando en cuanto negociado turbio pudo realizar con el Estado neoliberal y aportando generosamente su deuda privada al pueblo, con la complicidad siempre gustosa de Domingo Felipe Cavallo. Cané escribía y tenía algo de talento además de mucho odio; a Macri apenas le queda una forma bastante rústica de este último. Con ese odio, intenta culpabilizar a los inmigrantes latinoamericanos por la crisis habitacional que su desgobierno a consolidado.
La Argentina del bicentenario acaso tengas esas dos caras: la de una oligarquía berreta que ha perdido su vigor y su inteligencia, apelando al lumpenaje violento como sucedáneo de los tanques y las botas que aun añoran, y la de un pueblo que conoce sus dolores y sus necesidades, pero sueña con un futuro de paz, justicia y armonía, donde todas aquellas personas de buena voluntad que quieran habitar el suelo de nuestra Patria puedan hacerlo, encontrando su lugar en el mundo. Un lugar que será, sin dudas, profundamente latinoamericano.

sábado 11 de diciembre de 2010

Notas sobre el conflicto de Soldatti

1) Contexto: Día internacional de los derechos humanos. Antecedente inmediato: represión policial y dos muertos que se tiran entre la Federal y la Metropolitana, nadie se hace cargo de ellos. Antecedentes más inmediatos: Aníbal Fernández anuncia que no enviarán a la Policía Federal. Alak dice: “les entregamos el predio libre y ustedes no lo supieron conservar”, ahora jódanse, nosotros no vamos.

2) Tres años exactos de mandato para Cristina Kirchner. Imagen e intención de voto bien arriba. La oposición no tiene nada que perder. Del caos puede surgir un nuevo escenario, y allí, quien sabe. Pero este escenario no le sirve más que al gobierno.

3) Cristina habla en cadena nacional. Figuras nacionales e internacionales de los Derechos Humanos la rodean. En ese mismo instante, “vecinos autoconvocados”, empiezan una ofensiva brutal sobre los ocupantes del parque indoamericano.

4) Fecha: Diciembre. Siempre Diciembre. Siempre presente en la memoria automática, casi sensorial, de un pueblo: calor, fiestas, caos. Los “vecinos autoconvocados” cantan, como hace 9 años que no se escucha: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. ¿Es casual? Lo cantan en referencia a los ocupantes del parque (okupas, los llamarán otros, “indocumentados”, a secas, los llamará un cronista de América TV) ¿Es casual el “que se vayan todos” en Diciembre, con el caos, el fuego, la violencia?

5) En el medio está (Duh)Alderette. Alderette, el hombre de la CCC que más contactos ha tenido y tiene con Duhaldes. Un gurka del PCR. Bah, un PCR. Capaces de cualquier cosa, cualquier alianza, cualquier contubernio. Antecedente inmediato: conflicto por la 125. Antecedentes de contacto entre Duhalde y Alderette: muchísimos

6) Barras Bravas: Lo mismo que en el caso Ferreyra. Barras asociados a algún sindicato. En este caso SUTECBA (Sindicato Unico de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires). Un tal Capella, barra de Huracán, puntero de Macri en el Sur de la CBA, ligado a OSBA y a SUTECBA. Vean el post de Conurbanos. Negocios Inmobiliarios, con SUTECBA en el medio: otro post de Conurbanos.

Hay una trama profunda detrás de cuatro muertos. El gobierno reconoce su impotencia: no confía en la Federal. Prefiere los muertos del caos a los muertos de la represión. No es un mal análisis político, pero los muertos son muertos, los mate quien los mate. Salvo que se asuma que la Federal es más peligrosa que los barras bravas. Puede ser, veremos que puede hacer Nilda Garré, ahora nueva ministra de seguridad.

Hay una evidente operación política contra Cristina. Lo que no termina de quedar muy claro para mi es que papel juega Macri: si es cómplice o si quedó en el medio y termina también como damnificado. No operan contra él directamente, pero está garpando.

jueves 9 de diciembre de 2010

Pensando un poco: se termina el PRO

Macri y Michetti a las trompadas ¿En que puede terminar todo esto? Michetti, necesita lanzar su candidatura a un puesto ejecutivo importante y es natural – si hubiera algo natural en política- que Gabriela vaya por la jefatura de gobierno y le cuide las espaldas a Mauricio en ese territorio “re-consolidado” que es la ciudad, y que Macri la arrastre y ella lo empuje y bla bla. Pero no, Mauricio sabe que se juega el partido de su vida, porque necesita asegurarse la elección en la ciudad (que teme perder), entonces se propone ir él de candidato en elecciones adelantadas y, es esperable, llevarlo al guazón Rodríguez Larreta de vice (al tipo con más cara de pelotudo de la política en los últimos 50 años, acaso palo y palo con Dante Caputto, pero solo en la cara, porque Caputto no era nada boludo). Entonces se la fumarían en pipa a Gabrielita, algo que el Guazón ya viene intentando desde hace meses: entrar a la jefatura de gobierno por la ventana, según esta estrategia, sin votos propios, como vice de Macri. Los resultados finales pueden ser catastrófico, claro está, ¿cómo se presenta un tipo en una candidatura ejecutiva, que no es comparable con las testimoniales, que eran para cargos legislativos, para un mandato de cuatro años en La Capital, electorado muy puntilloso y fácilmente asustadizo, diciendo que de ahí sale a disputar las nacionales en cuatro meses? Lo matan, es lo último que hace Macri en su patética carrera política. Quiero decir: si Macri se manda la gran jugada “Durán Barba” (a saber: intentar asegurar el triunfo en capital adelantando elecciones y lanzando su propia candidatura, evitando el arrastre de CFK sobre ¿Filmus? y sabiendo que Lozano mueve menos el amperímetro que una pila China de esas que venden en Retiro, y luego propone renunciar al cargo y dejar nada menos que al guazón al frente de su Buenos Aires querido) yo creo que salta al vacío ¿qué pasa si pierde las elecciones anticipadas? Es el final, game over mal ¿Qué pasa con Michetti? ¿Y si Michetti se le va, digamos, con otras fuerzas tan garcas y tan arruinadas como el PRO? Pierden a la única persona que puede hablar en castellano de corrido ¿Y si Pino se le planta y le replica la jugada, se le presenta a jefe de gobierno en las anticipadas y se lo termina comiendo en una segunda vuelta? ¿Y si Cristina lo apuntala bien a Filmus, y se involucra inteligentemente en la elección porteña?
Las adelantadas serían a fines de mayo, por lo que un eventual balotaje sería en Junio, y Mauri podría llegar con derrota propia y por duplicado a una elección nacional a la que si o si debería presentarse, a todo o nada, ya que si no el PRO desaparece. El tema es que si no adelanta, parece que el efecto de arrastre de CFK y supongo que el de Pino en una nacional, lo dejan a Mauri juntando 6, 7 u 8 puntos nacionales y a Michetti, en el mejor de los casos, en una segunda vuelta de pronóstico fatal.
Lo interesante de todo esto es que parece haber una crisis que tranquilamente puede ser terminal para el PRO: sin chances de ganar en la nacional y con muchas de perder en la Capital. Y a punto de perder su cuadro político menos desastroso en el medio de un quilombo descomunal. Está re bueno Buenos Aires, lástima no estar ahí.