domingo 28 de noviembre de 2010

Sobre periodismo independiente y periodismo militante

Hay un fragmento de la biografía de Galimberti escrita por Larraquy que recuerdo vivamente (mucho mejor de lo que suelo recordar pasajes de otros libros). La frase es más interesante que su emisor: Bonasso y Galimberti conversan. Galimberti finalmente le pregunta a Cogote si es en realidad un periodista o un compañero. Bonasso le pregunta cual es la diferencia. Galimberti le responde: -Si sos un periodista antes que un compañero, tendré que tratarte con el respeto y el desprecio con el que trato a los periodistas profesionales-. Son los tempranos 70. La militancia es una suerte de mandato y una entidad superadora de mil desviaciones, una solución y un ejercicio dignificante. El periodismo independiente no existe como concepto: los periodistas de los medios consolidados son operadores declarados del poder militar, oligárquico y proscriptor. Si no, no podrían ejercer el periodismo. Otros lo ejercen desde el llano de la lucha: en tiempos de persecución y censura, periodismo y militancia están inevitablemente hermanados. Prensa Latina es un órgano de información – o contrainformación- revolucionaria. Los mejores periodistas, los más innovadores y los más verosímiles, son militantes: Juan Gelman, Miguel Bonasso, Paco Urondo, Horacio Verbitsky, hasta Terragno y Eliaschev, por supuesto, Rodolfo Walsh. La verdad no existe si no como posición militante. La palabra “información” se acerca más que nunca a su etimología: dar forma. Se da forma a la realidad desde el periodismo, para cambiar la realidad. Militancia pura. El periodismo también se acerca a sus orígenes: los pasquines y las prensas partidarias remedan aquella gesta panfletaria de la Francia revolucionaria, que en nuestra tierra tuvo como impulsor nada menos que al Jacobino Mariano Moreno, con su tan mentada Gazeta (hay que aclararlo: Moreno no era independiente). Del otro lado, están los periodistas del statu quo: Grondona – operador y redactor dilecto del Onganiato- , Neustadt, mucho más atrás, Natalio Botana, militante feroz del golpe del 30. La prensa informa: voltea gobiernos como el de Illia, proscribe, como hace La Nación, que durante 18 años se referirá a Perón como “el tirano depuesto” y al peronismo como “el régimen depuesto o la dictadura” ¿Qué se puede esperar del Diario La Nación, “la tribuna de doctrina”, creación de un político hegemónico y sagaz como Bartolomé Mitre? ¿Qué se puede esperar de los Gainza Paz? ¿Qué sean independientes? ¿De qué? ¿De sus intereses de clase? ¿De sus negocios? ¿De su propio poder? En los 70 las cosas estaban clarísimas: o se estaba de un lado o se estaba del otro. No había imaginarios sitiales de independencia desde donde, como en un atalaya, el periodista narraba la realidad sin involucrarse en el barro de los hechos.

El concepto de “periodismo independiente” debe ser algo bastante nuevo en la historia. Yo no se ni como ni cuando, a alguien se le ocurrió que tal absurdo podía existir. Pienso que en nuestro país alcanzó su auge en la medida en que, por un lado, se demonizaba y hasta criminalizaba automáticamente la política, y por otro lado, se construía la idea de que los grupos económicos ejercían su mando y su poder sin cuestionamientos, por encima de toda política, sin confrontar jamás con esta, dominándola, tratándola como a un súbdito servicial. Los medios eran independientes en la medida que no tenían ataduras con el poder político. Lo que se obviaba, eran sus nexos naturales con el poder económico, verdadero poder de facto superior. Si los grupos económicos eran incuestionables e intocables y, mucho más, invisibles ¿Qué cuestionamiento podía haber a los medios de comunicación que expresaban sus intereses? Solo había que mantener las formas: cierto respeto por algunas reglas de la democracia y una garantía de espacio y legitimación para la política. El concepto Magnettista en su máxima expresión: use a los políticos mientras le sirvan, luego hagalos un bollito (en esto fueron expertos) y tírelos. Regla básica para sostener perennemente el poder real: generar espacios de poder subalternos que simulen alternancia y hasta confrontación.

Eso fue – y es- el periodismo independiente: la máscara con que el poder real e inamovible de las corporaciones desciende a los espacios del poder subalterno. Se llama, humildemente, cuarto poder, cuando en realidad es un tentáculo del poder superior llegándose impostadamente a la lucha política. Porque, en el fondo, el poder corporativo siempre guarda algún recelo respecto de la política, aun cuando la crea completamente dominada. Y razón no les falta.

Otro tema son los periodistas. Aquellos a los que parece que se les pisara el dedo cada vez que se los compara o equipara con militantes. Majul marca la diferencia: por un lado el periodismo independiente, por otro el periodismo militante. Nos quiere convencer que él pertenece al primer grupo. Primero debería convencernos de que se trata de un periodista, pero aceptado esto, conviene recordar que a Majul le pagan el sueldo Manzano, De Narvaez y Vila. Esos son los mecenas altruistas que, por amor a la verdad y a la inteligencia, subvencionan el ejercicio de periodismo independiente, puro e inmaculado, de Luis Majul. Hace ruido. Hace agua por todos lados. No vale la pena ocuparse de Majul. Mucho menos de Morales Solá, escriba rastrero de un asesino como Bussi, ni de Grondona, lenguaraz grandilocuente de cuanto milico detentó el poder a sangre y fuego, ni de tantos bocones que nos quieren convencer de su honestidad y de la lucidez inabarcable de sus razonamientos independientes: Leuco, Tenembaum, Eliaschev, Lanata, Santillán.

Lo que verdaderamente me preocupa, es que otros tengan miedo de ponerse la camiseta que les corresponde: todos son periodistas militantes, de una causa o de la otra. De la democracia o de las corporaciones. Puede pesarle a alguno la camiseta, pero ya la tienen puesta. Me asombra escuchar a los panelistas de Gvirtz declarando su incomodidad con el mote de “periodista militante”. Será porque, en estos tiempos de recomposición y restitución de la política como ejercicio digno y superador, ellos todavía acarrean algún resabio de la derrota cultural. Acaso tengan un concepto muy bajo del militante, al que imaginan como una suerte de autómata del asentimiento, como un seguidor y repetidor acrítico de verdaderas impuestas desde estamentos superiores. Puede ser que vean a la militancia como una forma de disciplinamiento. No es eso. No al menos en los tiempos que corren: el militante actual, en particular el militante del campo nacional y popular, es un militante que entiende bastante bien de que va la cosa. Que se vuelve militancia porque desprecia la independencia por estéril, por individualista, por inconducente, por nimia, por onfalocéntrica. Que asume la necesidad de integrarse a los espacios colectivos y de apoyar estamentos superiores, porque estos lo representan: no es oficialista porque le convenga ni lo es por el mero hecho de estar donde está el poder. No es sostenido por el gobierno si no que aspira a ser sostén del gobierno. No repite lo que dice el gobierno, si no que entiende que el gobierno repite –casi siempre- lo que el siempre dijo o lo que el ahora siente y piensa. Si aceptamos esto, no hay otra cosa en estos tiempos que militantes, en el llano o en los medios. Tiene razón Sandra Russo. Se equivocan otros que le tienen miedo a la calificación. Concedamos al menos esto: Majul debe estar convencido de lo que dice. Sin dudas Morales Solá o Grondona lo están. Si en el futuro dejaran de estar de acuerdo con lo que ahora piensan, deberían ir tramitando la jubilación (cosa que Aguinis, previsoramente, ya hizo, cobrando una jubilación de privilegio desde el año 87 por haber ejercido la función pública apenas 7 meses)

La vuelta del periodismo militante es un signo positivo de estos tiempos. Ojalá que algún día se termine el verso de la independencia. Que todos reconozcan desde donde hablan, que intereses defienden, con que camiseta juegan. Ese día, habremos desandado una zoncera más.

sábado 27 de noviembre de 2010

Volanteada y Efemérides

Esta mañana, se realizó en la Plaza San Martín de Santa Rosa una volanteada de la Corriente Colina - cuyo referente nacional es la compañera Alicia Kirchner- recordando a Néstor, a un mes de su partida. Participamos de la misma compañeros Peronistas y algunos compañeros de otras procedencias, todos con el mismo objetivo.
La recepción de la gente fue muy buena, en particular la de los más jóvenes y los más viejos. Algunas frases quedaron en mi memoria, como la de una señora que nos dijo que "los canallas nunca mueren, y justo se tenía que venir a morir él", otra que se me acercó para decirme que Néstor había hecho mucho por ella, gente que lo llamó "Angel" o "Santo". Pero lo que me emocionó muchísimo fue la actitud de una señora de unos 70 años, que tomó el volante y lo besó, y lo fue besando mientras se alejaba.

Hoy, 27 de Noviembre, se recuerda también un día que el tiempo ha ido borrando del calendario peronista: el Día de la secretaría de Trabajo y Previsión, que Evita, en "La Razón de mi vida", consideraba una fiesta peronista comparable al 17 de Octubre y al 1º de Mayo.

Néstor es hoy un pedazo de la historia viva del peronismo. Su temprana partida lo colocó antes de lo esperado en el sitial de los grandes del movimiento popular argentino. Está claro que Néstor se ganó ese lugar gracias a su vocación por responder a las demandas populares y hacer justicia. Jornadas como las de hoy, me lo confirman sobradamente.

Para seguir recordándolo, les dejo un video del año 1999, cuando era un ignoto gobernador de la Patagonia. Un programa de Zapala, provincia de Neuquén, donde Néstor muestra que su autenticidad, su sentido del humor y, sobre todo, sus ideas, no nacieron en 2003, si no que lo acompañaron desde sus inicios en política.



¡¡Gracias NESTOR!!
¡¡Fuerza CRISTINA!!

martes 23 de noviembre de 2010

Apuntes berretas sobre soberanía nacional

Hablo inglés. Mejor que hablarlo, lo escribo, mejor que escribirlo, lo leo y lo escucho. Al menos eso consta en el certificado del último examen que rendí. Esa es una constante entre los que han aprendido “El Idioma” en las academias antes que en la práctica. Las personas que se hacen al inglés en la necesidad cotidiana de utilizarlo, suelen hablar muy bien, pero flaquean en la escritura. Por el contrario, yo no he tenido gran cantidad de ocasiones para hacer uso oral de mi aprendizaje: algún viaje, algún turista, algún colega extranjero. Además, he publicado un trabajo en inglés en una revista científica y leo cotidianamente los tan mentados “papers” que ningún trabajador de ciencia y tecnología puede evadir. Poco más: si tuviera que hacer la cuenta de los réditos obtenidos por cada mango y cada minuto invertido en institutos, los beneficios serían rather disapponting, por decir algo. Creo que mi caso se repite en una gran cantidad de personas en la Argentina. Sin embargo, en estos tiempos, el aprendizaje del inglés cuenta con una injustificada sobrevaluación respecto de otras áreas de aprendizaje, y no logro explicarlo de otra manera que no sea pensando que existe algún correlato de dominación y penetración cultural.

Sigo con la autobiografía. Tengo baches profundos en mi formación en matemáticas. No hablemos de la estadística. Bache no, tremendos socavones que más de una vez me han traído grandes complicaciones en mi trabajo. En otros rubros, he tenido que salir a autogestionar mi aprendizaje en amplios campos: historia, geografía, gramática (los magros resultados están a la vista). No fue así con el inglés, al que he destinado amargas y tediosas horas desde la infancia. Por lo demás, he visto colegas que, con mucho menos manejo del inglés que yo, logran resultados prácticamente idénticos a los míos. He recibido, alguna que otra vez, consultas de compañeros atorados por el vocabulario de alguna publicación o urgidos a hacer uso del idioma en alguna circunstancia puntual, pero no han sido más que las veces que me he visto obligado a pedir ayuda para analizar datos. Quiero decir: yo debería haber destinado más tiempo a aprender matemática y estadística y un poco menos al inglés. La matemática es un idioma que no entiendo más que brutalmente. Me animo a decepcionar a muchas madres que descansan en calma mientras sus hijos aprenden inglés en jornadas de lunes a viernes, tarde completa, en colegios privados: es muy probable que sus niños estén perdiendo el tiempo rematadamente; mejor les vendría un poco de matemática, algo más de historia y geografía, un baño salutífero de química y biología, y menos inglés.

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Se que el párrafo precedente puede sonar a sacrilegio para muchos: -Inglés, ingles ¡Qué aprenda inglés!- gritan desesperadamente las madres en las direcciones de los colegios paquetes. – Mirá, se sabe todos los colores- me dice otra- mostrale al señor, mostrale- y el pibe arranca con ielou, blu, grin, red. La madre me mira como esperando que se me desplome la carretilla de admiración estupefacta ante el frondoso arsenal de vocabulario colorinche que el pibe maneja. – Pelotudeces- le espeto- Que me diga cuando fue la batalla de la Vuelta de Obligado. Que me lo diga en inglés, si tiene ganas-. Ahí nomás, me doy media vuelta, no sin antes clavarle la mirada al niño y decirle, con voz firme: fuck you, asshole.

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El discurso de Cristina el sábado pasado, en San Pedro, fue interesantísimo. Mal que les pese a algunos, a veces the mare da en la tecla: -Convoco a nuestros compatriotas a una nueva gesta: despojar nuestras cabezas de las cadenas culturales que durante años nos han metido- se despachó, cosechando menos repercusiones que con el famoso tuit “piratas fore ver”. Yo aplaudo la discurseada, pero se sabe que yo aplaudo casi todo lo que dice the mare. Pero hay algo interesantísimo en esto: cadenas culturales – más allá del juego de palabras por las cadenas cruzadas en el Paraná- es una figura discursiva interesantísima. Porque creo que algunas ataduras impiden ir más allá y cuestionar ciertas normas naturalizadas que no tienen nada de casuales ni de naturales ¿Por qué es tan importante, imprescindible, honroso, dignificante, maravilloso, hablar inglés? La tan mentada aseveración acerca de que se trataría del idioma universal, puntea cómoda entre las argumentaciones. Para no estar aislado del mundo, il faut spikinglish. Sucede que el inglés es una suerte de esperanto consumado. Si el esperanto fue la lengua planificada, elaborada minuciosamente, que llegaría horizontal y democráticamente a imponerse como lengua global, el inglés es el paradigma de lo no planificado, de lo caótico y lo impuesto. Esa lengua que hablaban los bárbaros insulares y que modificaron y convirtieron en idioma “escribible” los romanos, a fuerza de espada y dominio, no tuvo planificación ni siquiera en su origen. Por eso tiene una fonética tan azarosa. Si el esperanto es lo planificado –ergo, lo derrotado en este siglo-, el inglés es símbolo de lo liberal: no se elige si no en virtud de una necesidad surgida de las asimetrías y los ritmos de la historia del capitalismo. Si el esperanto era la utopía de una lengua universal e igualadora, unificadora, el inglés es una lengua que marca las diferencias, divide y señala la desigualdad: es la lengua del dominador. Hablar inglés en el siglo XVI podía ser un acto de barbarie como no fuera para un inglés. Consumada la revolución industrial y el dominio imperial del globo por Gran Bretaña, establecida la delegación del rol dominante en los Estados Unidos en el siglo veinte, saber inglés tiene en estas tierras una importancia comparable a la que puede haber tenido para los pueblos originarios americanos aprender más temprano que tarde el idioma Castellano del dominador de ultramar. No me interesa tanto discutir la importancia que pueda tener; lo que puede discutirse es cuan festejable es el hecho.

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Política Británica en el Río de la Plata, de Raúl Scalabrini Ortiz. He aquí un libro que podrían leer con sumo provecho los niñitos que malgastan su tiempo aprendiendo inglés en las escuelas. Por supuesto, no sin antes aprender siete u ocho colores y el nombre de los animales en inglés, el past participle y alguna otra chuchería necesaria pero evidentemente – a la luz de los hechos- más fáciles de desmadejar que la historia de doscientos años de dominación directa o indirecta, Británica o Yanqui, sobre América Latina. Por qué no, algo de José María Rosa, Jauretche o la historia de Felipe Varela, por Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde. Se que gasto pólvora en chimangos, pero no es menos fútil mi intentona que la de las madres que mandan a sus hijos a estudiar inglés con el propósito de convertirlos en hombres de provecho y capacidad. El inglés no da eso. Sin embargo, en nuestro país debe haber casi tantas filiales de la Asociación Cultural Británica, dispersas en todo el territorio, como sucursales del Banco Nación. Mal no les debe ir.

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Dominación cultural. O penetración cultural (que viene a ser casi lo mismo –me apunta una camarada troska- en esta sociedad falocéntrica donde el que penetra, domina). De eso quería hablar: hasta que un día, en un instituto de inglés, una profesora apareció disfrazada de bruja festejando (¿?) Halloween (from now on: Jalogüin), eso era para mi apenas una festividad que solo se conmemoraba en los dibujitos animados, lo mismo que el Día de Acción de Gracias o el 4 de Julio. Un día, me vine a desayunar con que eso se podía festejar, al voceo de Trick or Treat. Desde ese día, vi como se imponían también el festejo de San Patricio o la pelotudez magna del día de San Valentín. Por eso, no deja de ser un interesante acto de soberanía cultural recuperar los carnavales como genuino festejo popular. Porque, de todas maneras, la gente va a salir a mamarse y, como dice un amigo, a intentar levantarse minas, en cualquier momento y con cualquier excusa. Mejor que sea una excusa nacional.

Pero sigo sin ir al carozo del asunto: el hecho consumado de que el inglés sea casi una necesidad educativa inevitable, tiene raíces profundas en la historia de nuestro país en relación a Gran Bretaña y los Estados Unidos. Historia no del todo feliz, diré yo. El reciente festejo del Día de la soberanía en San Pedro tuvo algo de eso: recordar la prepotencia Anglo-Francesa y la determinación heroica de unos cuantos criollos por evitar la intentona invasora (primero con barcos y cañones, luego con mercancías) de la Inglaterra Victoriana. En términos de historia a grandes trazos, eso importa más que la equívoca política Rosista en relación a las provincias o su federalismo porteñocéntrico, que en definitiva le valió la derrota de Caseros.

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Apostilla final y totalmente prescindible: levanten la mano los que estudiaron inglés desde chicos. Y levanten la mano los que, en esos cursos, leyeron “Rebelión en la granja (Animal Farm)”, de George Orwell. Hasta los tipos que no volvieron a incurrir jamás en la lectura, leyeron Animal Farm, por lo general, en inglés ¿Es azaroso que, de la profusa y riquísima literatura británica, los profesores de inglés elijan esta obra menor? ¿Justo esta obra, que satiriza y demoniza al socialismo y que festeja y reconoce como sistema social “más sano y honesto” al capitalismo liberal de cuño británico? No es conspirativo ni desquiciado imaginar que la elección de la obra no tiene nada de casual ni azaroso. Un sistema de dominación no da puntada sin hilo.

viernes 19 de noviembre de 2010

De arrebato




Podemos intentar el ejercicio de imaginar como puede hacer sido el verano 2010 de Héctor Magnetto, acaso el último verano feliz de Clarín: en una amplia oficina acondicionada, con luces tenues y silencio sepulcral, con puertas abiertas apenas para los más íntimos peces gordos, el hombre habrá delineado su codicioso plan sedicioso, rosario de sucesivas victorias aplastantes en el poder legislativo, con un acompañamiento a coro de canales y diarios, con editorialistas de pluma filosa y venenosa bajando línea y plantando agenda, con tapas y zócalos amplificando los datos que en la contienda le resultasen favorables. Estamos ganando, habrá pensado, mientras le guiñaba un ojo a Kirchsbaum y entablaba conversaciones telefónicas con los legisladores opositores que le prometían comerse crudo al duro kirchnerismo. Todo era cuestión de desgastar, de minar la base, de romper todo vínculo del oficialismo con el pueblo (público, lo habrá llamado él) y, sobre todo, de llevar la gobernabilidad al quinto infierno. Lo demás, surgiría naturalmente. Aunque había favoritos -Duhalde era su debilidad, pero Cobos y Carrió tenían su mérito bien ganado, y Reutemann era un encanto de hombre -, no había que dejar a nadie afuera. Todos merecían un lugarcito bajo la protectora sombra de Clarín, hasta ese viejito carcamán que hablaba de minería y petróleo, con verba de Scalabrini y egos hipertrofiados. Si, también al viejito Solanas había que darle un espacio, si poco era el daño que podía ocasionar y mucho el gorilismo que podía aportar, el tal Solanas Pacheco. Tal vez, hasta entendiera como venía la mano y terminara jugando con convicción en el bando que le convenía.
Todo era promesa de victoria. El gobierno desmoronándose, la economía empastada en el barro de la crisis mundial, los indicadores metiendo miedo. Ya imaginaba la tapa del día de la caída. Imaginaba a Bonelli mascullando explicaciones en media lengua hispano-oligofrénica. Había que trabar el uso de reservas para pagar deuda, obligando al gobierno a endeudarse a tasas monstruosas o a reducir el gasto público. Había que obligarlos a la genuflexión del ajuste, ahorcados por los apremios internacionales. Había que dar por tierra con la altivez irreverente de los que se decían no dispuestos a negociar con el FMI. Así surgió la operación Redrado. Un muchachito rubio y elegante, bien querido del respetable establishment, jugaba a la rebelión como un lumpen-cacique territorial. La faena insumía los días más calurosos de Enero. Todavía no habían bajado las burbujas del champán con que habían brindado en año nuevo y ya estaban plantándole cara a un oficialismo en minoría. Carrió se quejaba: le habían arrebatado las vacaciones y la posibilidad de chapotear cetaceamente en el mar y de alimentar con krill la naranjez de su rostro. Menos propensos a la sudoración, Morales y Sanz se disparaban al Banco Central a aguantar los trapos, ejecutando una parodia estival de un nuevo Cletazo.
Sin mucho descanso, empezó la rosca por las comisiones. Nuevamente la petulancia alcanzaba ribetes novedosos. La gula opositora no encontraba sosiego. Fueron por todo. Juez comenzaba a demostrar que es más gracioso pero igual de inescrupuloso que Nito Artaza, Solanas consumaba sus escandalosos pactos a cambio de la promesa de presidir alguna comisión intrascendente, Carrió bufaba de calor y saqueaba heladerías en esos días dulces del desmoronamiento Kirchnerista.
Néstor Kirchner ponía el cuerpo. Aparecía en diferentes medios, peleaba con argumentos, defendía la gestión. Protegía a Cristina, con un manual del militante leal a su conductora. Pero la oposición - calificativo que hasta hoy se autoinflingen, con estúpido orgullo, para identificarse ante la sociedad-
mostraba su voluntad y su desparpajo: todo se podía conseguir de arrebato. No había códigos ni reglamentos, antecedentes ni pactos, negociaciones ni consensos. Había vocación de llevarse todo por delante, como un malón informe dispuesto a batir en retirada al enemigo claudicante. Prepotencia y arrebato: la fórmula cerril, encarnizada e inescrupulosa de Magnetto.

Los primeros síntomas del despropósito empezaron a hacerse notorios cuando Morales pavoneó su mala leche en frente de Marcó Del Pont. Tuvo el mal tino de hacerlo ante las cámaras. Autosuficiente, canchero, ganador sin jugar, Morales le negó derecho a defensa a un cuadro que lo hubiera puesto de cabeza con solo avanzar en el debate. Ganamos y punto, pensaba Morales. La prepotencia le costó cara: una tibia reacción de defensa popular empezó a cundir tras los muros encastillados del armazón opositor. La cofradía terminó reculando por el propio peso de su impericia. Más tarde llegó el zopapo: marchas de autoconvocados – decenas de miles, en todo el país- reclamaban la ley de medios. Un puñal al corazón del buenazo de Héctor. No solo por lo que la ley implicaba, si no por el revés que una convocatoria a contramano de su línea editorial implicaba en términos de su capacidad de instalar “opinión pública”. Se sucedieron los ninguneos y las descalificaciones. Había un tufillo desconocido hasta entonces: el del contragolpe. Sin acusar recibo, el cártel mediático quiso seguir su marcha. Seis locos a sueldo defendían el sentido crítico desde el canal 7 a las ocho de la noche. Lo peor no era eso: el problema es que había mucho más que 6 escuchándolos y siguiéndolos. Empezaba a romperse el espiral de silencio. Los que decían representar a la opinión pública, se dieron cuenta que la opinión pública no los representaba, en esa puja desbocada por la desestabilización. La ley de medios ya no era un problema de los medios, rabineaban algunos. El problema de los medios es que están en el medio del problema, decían otros miles de rabinos sin kipá.
Hasta que llegó el primer cross a la mandíbula. En medio del país crispado y atemorizado que reflejaba la tele, millones de argentinos aceptaron la propuesta oficial de festejar con alegría y optimismo el bicentenario argentino. No todo eran malas, no todo era caos, no todo era crispación. Fue un quiebre. Ese día se dieron cuenta de que había cosas que no podían domeñar: un pueblo nunca es ciego de sus condiciones materiales; la memoria no es tan endeble ni tan frágil. Las callles se poblaron de millones de argentinos cantando y festejando, aplaudiendo y dignificando su identidad latinoamericana y libertaria. Signos de contra-mediopelismo, de anti-cipayismo, de Patria si – Colonia no.
Empezaron una tardía revisión de su discurso. La legislatura ya no arrojaba dividendos políticos, el gobierno piloteaba la nave y ponía proa a 2011. Los estudios de opinión revelaban una ascendente línea que se erigía con una K atemorizante en la punta. Hablaron de efecto bicentenario o, más tarde, de efecto carótida, o, más tarde, se llamaron a silencio respecto de estos temas.
Los días actuales los encuentran balbuceando un efecto Néstor que no terminan de creer. Publicar encuestas es tirarse una palada de tierra el lomo. Lo que vieron en el velatorio de Kirchner todavía habita en sus pesadillas más escalofriantes. El pueblo digno y memorioso exhibiendo su dolor a la par de su esperanza. La juventud – esa que se demoniza y caricaturiza desde los medios- con los ojos abiertos y la militancia reflorecida. Minorías más minorías haciendo una mayoría. La consumación de su derrota en la forma de un pantano yermo y reseco; el triunfo de la política en las formas más luminosas y coloridas.
Hoy terminan su faena como la empezaron. Cayó mal el dado y retrocedieron 20 casilleros. Ni el más pesimista de sus operadores pudo imaginar que estas navidades bicentenarias los iban a encontrar juntando los añicos de su soberbia indomable. Terminan con repetición de argumentos: como un boxeador que se sabe perdedor unánime, pegando un golpe después del tañido de la campana. El gancho –técnicamente interesante, aunque faltó torsión de cintura y acompañamiento con el cuerpo- de Camaño es una parábola final del fracaso de los que creyeron poder gobernar de arrebato. Sin la elegancia blonda de Redrado ni la grandilocuencia discursiva de Morales, una mercenaria de la política ahorró palabras y terminó el año legislativo a las trompadas, como suelen hacer los equipos perdedores. Magnetto tendrá que juntarlos en el vestuario y lavarles la cabeza: no hay tiempo para recambios, tendrán que salir al segundo tiempo con el mismo equipo. Algunos están sin piernas, otros no quieren ni ponerse la camiseta.




Gracias a Polycarpo por el GIF, que le tomé de arrebato también

miércoles 17 de noviembre de 2010

sin rumbo, hay quilombo




Las palabras del Chivo Rossi en la fallida sesión por el presupuesto sirvieron para poner en claro el escenario que nos espera de aquí al año que viene: la oposición naufraga en su imposibilidad de construir una alternativa de poder para las elecciones de 2011, y lo sabe. Por lo tanto, todas sus energías estarán puestas en golpear a un gobierno que avanza con solidez antes que en intentar construir algo propio. Si no horadan la legitimidad presidencial, si no logran asestar algún golpe efectivo, las cosas parecen ir camino de reelección. Todos los estudios de opinión –incluso los de consultores que no tienen ninguna relación con el gobierno- indican que la diferencia que Cristina Kirchner saca con respecto al resto de los contendientes es abismal. Se puede concebir algún suspenso en saber si efectivamente logrará superar el 40% para evitar el ballotage, pero incluso en este escenario, sus posibilidades son muchísimas.
La crisis interna del radicalismo, donde, como decía la revista Barcelona, un estúpido y un oportunista (y no se sabe bien cual es cual) disputan descarnadamente por el control del partido, complica todavía más la cosa, ya que la UCR es el único partido con una mínima estructura para disputar poder a nivel nacional. El resto, son poco más que sellos de goma. Ni Macri, ni Solanas, ni los socialistas, ni el PJ patronal, pueden concretar un armado electoral nacional en menos de un año. Por lo tanto – y ante la necesidad de alianzas- se ven obligados a tentar volátiles fórmulas a derecha e izquierda, que distan mucho de la solidez y de una mínima capacidad de proyección. No hay plasticola que alcance para pegar tantos retazos de voluntades. Ni existe un norte claro para quienes siguen sin encontrar el cuestionamiento de fondo sobre el cual pivotar en las diatribas contra el gobierno. Desorientados, quebrados y jodidos: ese podría ser el título de este post.
En ese contexto, lo que queda esperar es la guerra total, sin códigos, con constantes operetas, saltando de tema en tema para intentar desgastar. De a ratos será la inflación, por momentos la inseguridad, cuando no las denuncias de corrupción. El parlamento será manejado en base a la extorsión y los aprietes: no hay que permitir que nadie dude, porque si empiezan a pensar, muchos van a querer escapar de ese grupo A en el que nadie clasifica. Por supuesto, contarán con el concurso gustoso del cártel mediático y con algunos intentos de golpe de mercado. El tema es encontrar los mercenarios dispuestos a llevar las operaciones adelante. Ahí aparece claramente el protagonismo de los prendidos fuego o de los que no tienen mucho para ganar: Duhalde, Carrió, Bullrich, Camaño, o minusválidos políticos como Hotton, Olmedo o Morán. Es probable que los que aun conserven alguna expectativa para 2011 permanezcan en la segunda línea, sin mancharse demasiado las manos en la faena, pero haciendo un obligado seguidismo. Se verán casos concretos de forrismo bilateral: yo te hago el jueguito, vos me lo hacés a mi, y vemos como hacemos para que alguno se afirme un poquito en intención de voto. Del resto, se encargarán los medios: una vez que la alternativa tenga algo de forma, tendrá tapas favorables y benévolos reportajes, cartel asegurado e imagen construida. Pero por ahora eso parece lejos: ahora hay que romper, a como la situación de lugar.
Destruida la posibilidad de tener un nuevo presupuesto, cargarán sobre el manejo discrecional de fondos por parte del ejecutivo. Escucharemos cifras siderales de gastos de campaña bancados con el erario público. Agitarán el fantasma de los vampiros que mandan detrás de escena. Seguirá la demonización de la CGT.
Es probable que lo más escandaloso de las operetas esté por venir. El partido se termina y pierden por goleada. Es la hora de las patadas. Se recomienda no exponer a la reina, si los alfiles pueden hacer la tarea. Y dejar claro que lo fundamental mejorar la composición de las cámaras para el período 2011-2013, porque es una cuestión de gobernabilidad. Ese es el único capital político que la oposición arriesga. La única forma de recomponer el escenario y romper situaciones de empate permanente, es redibujar la composición de las cámaras.
Nunca se había vivido una situación similar: la oposición va camino al precipicio y no atina a maniobrar un colectivo que va demasiado lleno y donde se prestan el volante de a ratos. Hay que aprovechar la coyuntura.

lunes 15 de noviembre de 2010

Ahora: Inflación


Inflación será la palabra clave que medios y oposición convertirán en bandera de aquí en delante de cara al año electoral. Aunque cada tanto nos encontraremos con recrudecimientos abruptos de la inseguridad, según lo permita la truculencia de algún hecho, o con alguna opereta de denuncias de corrupción en la que jugarán con figurones como Carrió -que aparentemente no tienen nada que perder, pues han dilapidado todo su capital electoral- el discurso opositor va a hacer eje permanente en el tema inflacionario. El descrédito del INDEC y las dudas y pisadas entre funcionarios del gobierno, más el concurso de las famosas “consultoras privadas”, contribuyen a facilitarle a una oposición desmadrada y sin discurso, un flanco sobre el cual castigar, para tirarle el fardo al gobierno y distraer las miradas de su absoluta orfandad de proyecto político.
Será necesario que el gobierno sepa como dosificar un mensaje que no desencadene la alarma pero que a la vez no lo muestre desconectado de la realidad o intentando tapar el sol con la mano. Sería bueno que, al menos, se articulara un discurso, y se instalara públicamente una discusión acerca de cómo se dan los mecanismos inflacionarios.
Por otro lado, hay que entender que, detrás de la cantinela del “flagelo de la inflación”, se esconde el repetido llamado de reducir el gasto público como una forma de “responsabilidad, seriedad y previsibilidad”. Ya se escucha por ahí que la inflación se debe a que el gobierno inyecta guita a la circulación como una forma de aumentar el ingreso de la población en el año de elecciones. Una forma de asistencialismo ampliado.
Mientras esperan que el polémico secretario de comercio interior asome la cabeza para darle con tutti, lo mejor sería que otras figuras, como Aníbal Fernández o Boudou, no se expongan a los cachetazos gratuitamente, y no den mensajes confusos que hacen las comidillas de la corporación mediática, a la que irán prendidos los opositores desorientados.
Atentis, ahora la canción de moda es “el tema de la inflación”.

jueves 11 de noviembre de 2010

Aislados - Por Julio Plancton

A pesar de que se esfuercen en ocultarlo, la Argentina continúa completamente aislada del mundo. Sin dudas, la visita de Cristina Fernández de Kirchner y su comitiva diplomática a Seúl es otro episodio de fútil turismo protocolar que no redundará en otra cosa que no sean gastos de combustible y viáticos succionando nuestras exangües arcas públicas. – Cuando Cuba era el “gran aislado del mundo”, su dictador decidió evitarle malos tragos y la automarginó de las olimpiadas de Seúl 1988- reflexiona un amable diplomático mejicano al acercarse espontáneamente a este cronista- Pos fijate que hoy el problema no es el Castrocomunismo, cuyo foco ha sido controlado y aislado en el Caribe, si no el “Kirchavismo”, que amenaza al mundo libre. Sin embargo, me lleva el chanfle, Fernández ha elegido venir a pasear su aislamiento a la reunión del G20, nada menos que a Seúl, fíjate tu si será mensa- dice, con inconfundible gracejo azteca, este digno heredero de Moctezuma. Aclara, entre risas: -Y que conste que cuando Kirchavismo, me refiero al dictador venezolano, y no al genial Roberto Gómez Bolaños y su personaje adorable, que tan bien satirizaba y bromeaba con la vida de tantos millones de niños pobres y hambrientos en el DF-. Es que la situación es grave, gravísima: la primera mandataria no es ni siquiera tenida en cuenta en las invitaciones a los opíparos banquetes, pletóricos de canapés y salchichitas de copetín, con que el resto de las comitivas se agasajan a si mismas: - A diferencia de Piñeyra, que si sería invitado si su país tuviera un PBI más acorde a la seriedad y figura de su presidente, la presidenta Argentina no habla un pomo de inglés- lamenta un alto funcionario de la casa blanca, quien además aclara: - Esta situación es deplorada por Barack- a quien, en el seno demócrata le dicen “El Eddie Murphy de la política”, por su propensión a “bajarle la ñaca” a mujeres blancas: -“Barack esperaba que la viudez aumentara sus chances de intimar, pero Cristina no entiende sus coqueteos”.
Fuentes íntimas del círculo del rey de Arabia, aseguran que “el rey se divierte intentando recordar de memoria los nombres de los mandatarios que viajan a las reuniones del G20 y nunca logra recordar el nombre de la mandataria argentina, a la que se refiere como “la sudaca esa que está buena”. Síntomas alarmantes de una intrascendencia internacional, que se completa, nada menos, que con el desatino de tener un embajador judío, tal como el hijo de Jacobo se define a si mismo. Pero eso no sería nada: parece que muchos no simpatizan con Cristina por su vocación “obsoleta y extemporánea” de “discutir política”: “Eso está pasado de moda- dice un elegante funcionario Canadiense que toma mate al borde de la pileta del hotel- Acá venimos a pasarla bien y divertirnos, y ella viene con luto y ganas de rosquear, no da, ni ahí (does not give, not there, textualmente)”. Es que la diferencia entre la onda y picardía de los brasileños o con las ganas de escabiar y comer como bestias de los mejicanos, generan un contraste en el cual nuestro país no queda bien parado. –Los Argentinos aman el tango, hasta el avión se llama así, mientras que el avión de los brazucas se llama “Pentacampeao”, y tiene mucho más onda- compara un bajo funcionario de estómago resfriado de la Unión Europea- Las minitas Argentinas siempre histeriquearon- agrega otro, que prefiere mantener su identidad en secreto, no por temor a las consecuencias diplomáticas, si no porque “si mi mujer se entera que digo esto, me capa con una cucharita”.
Así estamos: aislados y aburridos, amargos y derrochando plata. Solo podemos rescatar, como rasgo aliviante, que en Corea del Sur la marroquinería y joyería es “berreta”, mayoritariamente made in Taiwan, que si no los gastos de la comitiva argentina se dispararían por las nubes.

lunes 8 de noviembre de 2010

Pinedo y un fallido golpista

Interesante secuencia Tuitera de @Pinedofederico, nada menos que antes de ir al programa de Morales Solá (Desde el llano). Se ve que lo traicionó la nostalgia de aquellos buenos viejos tiempos, hoy que se fue Emilio Massera:



1) A las 22 hs voy a estar en el programa de @JMoralesSola por TN #desdeelllano
2) Un asesor va a TUMBAR por mi para que puedan seguir el programa
3) A tuitear (aclara)
4) Hay gran incertidumbre sobre el curso de gobierno ( se despacha)

¿Casualidad o acto fallido?

Acto fallido:

Se llama acto fallido a aquel acto que manifiesta una forma de expresión diferente y aún contraria a la intención original del sujeto. Puede ser en la acción, en el discurso verbal, o en un gesto.

Podríamos preguntarnos qué es lo que está ocasionando este cortocircuito interno / externo, la respuesta según lo que Freud estudió era que de alguna manera ese decir o hacer entraba en conflicto o interfería con algún deseo o cadena de pensamientos inconscientes por supuesto.



Se les pianta el #gorila.
Mis condolencia a @Pinedofederico y @JMoralesSola por la tremenda pérdida política que han tenido hoy con el deceso de #Massera

Imagen


Todo discurso de oposición necesita flancos descubiertos en el oficialismo para poder efectivizar sus ataques. A veces, esos flancos son notorios e imposibles de cubrir, como sucede cuando un gobierno fracasa en términos económicos y sociales. En esos casos, el ataque opositor encuentra facilidades para castigar allí donde el gobierno falla, estando este último, por lo general, inerme ante las críticas. Los casos de Alfonsín y De La Rua son paradigmáticos: gobiernos que marchaban con situaciones económicas desastrosas no pudieron sostener la estantería y, finalmente, sucumbieron con estrépito. En otros casos, no es la situación económica la que abre el flanco, si no otros aspectos que, acumulados y convertidos en discurso y bandera de la oposición, consiguen horadar a los gobiernos. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con el gobierno de Ménem, cuyo precio lo pagó Duhalde: a pesar de que todavía no se vislumbraban masivamente las consecuencias nefastas de la política económica noventista –endeudamiento, vaciamiento, destrucción del aparato productivo-, Duhalde pagó el costo de los terrible negociados y la bochornosa corruptela del gobierno de Ménem. Ese fue el flanco por el que le entraron a Ménem: no supo como responder (¿había forma?) a las innúmeras denuncias de corrupción y su gobierno quedará en la historia –probablemente, con absoluta justicia- como el más corrupto del bicentenario. De hecho, el triunfo electoral Aliancista de 1997 y 1999 vino por ahí: la Alianza se presentaba como una fuerza honestísima que venía a terminar con la “fiesta para unos pocos”, una suerte de baño redentor de moral y valores que sacarían al país de su decadencia con tan solo dejar de robar. Los magros resultados de tal simplificación y reduccionismo político son parte de la dolorosa historia reciente.
Desde que el ciclo kirchnerista comenzó su marcha en 2003, la situación económica no hizo más que mejorar, a la par que lo hacía la situación social, cuyo datos más importante son la reducción en los niveles de pobreza, indigencia y desocupación. Otros aspectos, como la renovación de la Corte Suprema, la política de Derechos Humanos, la integración latinoamericana, el aumento del presupuesto educativo y de investigación, por solo citar algunos, no alcanzarían por si solos para explicar la consolidación de imagen positiva que Néstor Kirchner a lo largo de su gobierno: lo central fue que se realizó una gestión superadora y, como dijo hace poco Artemio, fue el único presidente que entregó el país mejor de lo que lo recibió. En este contexto, la oposición siempre encontró grandes dificultades para consolidar su discurso. Por eso, las elecciones de 2007 se ganaron con la fusta abajo del brazo.
No obstante, hubo un registro que a la oposición política y mediática no se le pasó por alto. Para poder atacar era necesario encontrar un relato que se apartara de la discusión política y, sobre todo, de los números duros de la gestión. Así comenzó la construcción de “la desastrosa familia Kirchner”: una construcción ficticia que, básicamente, delineó personajes con el mismo nivel de detalle imaginativo con que lo haría un guionista de telenovela de la tarde. Néstor Kirchner dejaba de ser el presidente desalineado que se apartaba del protocolo y la elegancia para acercarse a los problemas y sus soluciones, y se convertiría en el demente irascible, de temperamento inmanejable y escrúpulos ausentes, que pateaba puertas, torcía brazos y obligaba a la sumisión genuflexa ante su persona, con “la caja” o con el garrote. Una especie de Calígula vernáculo, dispuesto a toda crueldad política con tal de mantener su ascendiente sobre “la tropa”. Las comparaciones, de suyo, no se hicieron esperar ni decepcionaron en cuanto a su desmesura: de Hítler a Ceacescu, pasando por Nerón; la demonización en su máxima expresión.
Cristina dejaría atrás sus sólidas actuaciones como legisladoras, para convertirse, según este relato, en una suerte de tilinga superficial y derrochona, ocupada únicamente en su estética y en la combinación de vestidos y carteras. El famoso cuento del precio de sus zapatos y alhajas, la vergonzosa tapa de la revista Noticias asegurando que directamente no trabajaba y que llegaba a casa de gobierno a las 4 de la tarde para tan solo cerciorarse que la cosa iba más o menos estable y que ella se podía dedicar a más Shopping y ocio. Por supuesto – en sintonía con el concepto de “Elegida”, esbozado por el verborrágico operador decadente del menemismo residual, Jorge Cayetano Asís- su designación como candidata constituía un ejercicio de nepotismo de Néstor Kirchner, con el cual consolidaba su rol actuante desde las sombras para mantener el poder. El punto cúlmine de la intentona degradadora se alcanzó cuando la prensa deslizó, con toda la mala leche, que Cristina nunca había logrado el título de abogada. Por supuesto, la operetta no dejaría de impactar sobre el resto de la familia: Máximo se convertía en una versión rediviva de Carlitos Junior, y el pasquín de Fontevecchia llegó a dedicar la tapa de un número a un supuesto Máximo Kirchner que no era tal, en un error (¿?) sin precedentes en el periodismo nacional, que revelaba el nivel de desvergüenza que se era capaz de atravesar. Last but not least, Florencia era presentada como la hija adolescente incontrolable y rebelde, “dolor de cabeza de sus padres”, con su famoso fotolog y su minicuper malhabido (¿?).
Insolitamente, este fue el flanco elegido para golpear al gobierno: una familia disfuncional, comandada por un loco –cornudo- y una yegua adicta al botox con voluntad únicamente para llenar placares. Un relato cuya imposible verosimilitud vino a llenar el vacío discursivo en el que se debatía la impotente oposición. Y es esto es lo que se desmorona últimamente al ritmo de los hechos, revelando la desnudez argumentativa de quienes se subieron a ese edificio sin cerciorarse de la solidez de sus cimientos.
Bastaron las apariciones más frecuentes de Cristina, haciendo gala de su retórica virtuosa -con sus discursos impecables y sólidos, con su capacidad de sintetizar la línea principal de su política y ponerla en correlato inmediato con cualquier hecho puntual de la coyuntura- para que el discurso de la “hueca” cediera lugar al de la “soberbia”. El buenazo de Néstor, con sus llamados permanentes a la CNPAP (Corriente nacional Peronista Amor y Paz) también contribuyó a desmoronar el armado. Pero todo esto tenía todavía alguna vigencia hasta el 27 de octubre. Néstor lo terminó de destruir. Como bien dijo el Negro Dolina, la muerte de Kirchner – con la solemnidad que impone el duelo y el luto- obligó al racconto de los hechos y a la necesidad de discutir - nada menos- que política ¡Lo que la oposición mediática, corporativa y política quería evitar desde hacía años! Así, resúmenes completos de televisión, radio y prensa escrita, recorrieron los nada escasos logros de la gestión Nestoriana, sin perjuicio de los dislates dichos impunemente hasta el día anterior. La movilización popular –realidad efectiva e inocultable, salvo para dinosaurios como Legrand o Grondona- vino a hacer el resto.
Derrumbada la construcción ficcional, repasada que fue la gestión y los resultados concretos de 2003 hasta acá, la imagen del matrimonio presidencial debía aumentar, tal cual lo señalan todos los estudios de opinión realizados desde el 27 de octubre: la imagen positiva de Cristina ronda el 70%; los mismos valores que tenía antes del conflicto por la 125. Sin embargo, esos 70 puntos no son los 70 puntos de enero de 2008: ya han pasado el barro, el roce, la pelea, la manifestación abierta del conflicto de poderes, no habiendo ningún margen para la convivencia pacífica. Planteada claramente la antinomia, cualquier aumento en imagen de la presidenta, implica un descenso instantáneo en la imagen y credibilidad de sus antagonistas. En criollo: si se le cree a Cristina y al gobierno, entonces se descree de Clarín, de La Nación y de todos sus cagatintas y lenguaraces; si se rescata la imagen de Cristina, sus desbocados detractores convierten a sus diatribas en verdaderos boomerangs y sus traidores se convierten en villanos. Tal cosa le ocurre a Elisa Carrió y Julio Cobos. Repito: esta recuperación en imagen, aun cuando alcance los mismos guarismos que antes del affaire chacarero, no refleja lo mismo.
Como dijo tantas veces el General Perón: en política, si se tira, tiene que ser a matar, porque ¡Hay que ver el daño que puede hacer un cojo! Por eso muchos se deben estar exprimiendo las sienes y lamentando el golpe que no pudieron dar a continuación de la derrota K del 28 de Junio de 2009. Porque ahora, para ellos, las cosas son muy graves: el rengo corre, salta, baila y, sobre todo, sube la escalera de la intención de voto.

domingo 7 de noviembre de 2010

Encuentro de la militancia Kirchnerista Pampeana



ENCUENTRO DE LA MILITANCIA NACIONAL Y POPULAR PAMPEANA

Los abajo firmantes, pampeanas, pampeanos, organizaciones sociales y políticas, manifestamos nuestro dolor y tristeza por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner y hacemos llegar a la Presidenta Cristina Fernández y su familia nuestro saludo y acompañamiento.

Asimismo manifestamos nuestro apoyo incondicional a este Proyecto político, económico y social iniciado en 2003 que debe seguir adelante impulsando las reformas necesarias para la construcción de un país donde la economía, conducida por la política, esté al servicio del crecimiento y del mejoramiento del nivel de vida del conjunto de la sociedad y donde cada día las argentinas y los argentinos estemos más incluidos y con mas posibilidades de ejercer nuestros derechos.

Nos vemos nuevamente convocados a ser parte de la gesta de construir la Patria Grande Latinoamericana con la UNASUR, a vivir en un país con plena vigencia de la libertad y los DDHH y a pararnos frente al mundo sobre nuestros pies y caminar nuestro propio camino y no el que nos elijan.

Vemos con alegría la incorporación a la vida militante de miles de jóvenes que junto a los trabajadores, jubilados, artistas, intelectuales y hermanos latinoamericanos se reconocen en este Proyecto que los ilusiona con un futuro mejor. Solo ellos serán, en definitiva, los dueños de su destino.

No es poco lo que se ha hecho en estos años y es necesario sostener lo logrado. Pero es mucho lo que falta hacer para recuperar el tiempo perdido en décadas de políticas de exclusión que solo beneficiaron a unos pocos.

Sabemos de las dificultades que acechan el desarrollo de un proyecto político independiente en un país como el nuestro, pero nos preocupan más las que todos los días se fabrican para entorpecer y beneficiar intereses inconfesables. Por eso estamos aquí y no en otro lado. Advertimos también sobre los intentos de algunos sectores de la oposición política y económica de poner en duda la capacidad y fortaleza de la Presidenta para conducir el gobierno. No aceptamos que se dude de su liderazgo.

Finalmente le decimos al pueblo pampeano que nuestra provincia tendrá un futuro promisorio siendo parte activa del Proyecto Nacional y Popular y nuestro compromiso es seguir trabajando, desde el lugar en el que estamos o que nos toque, para que ese futuro llegue lo antes posible.

Por todo esto decimos a una sola voz

GRACIAS NESTOR, FUERZA CRISTINA

Firman:

Rita Pais, Patricia Vazquez, Patricia Zolecio, Pablo Silva, Franco Catalani, Ana Alcala, Nicolas Badillo, Nelida Luengo, Luis Osmar Di Franco, Gabriel Dizeo, Mariano Alende (alto dirigente de si mismo), Carlos Daniel Moreno, Claudio Auday, Clarisa Gomez, Susana Salvadori, Federico Costabell, Emanuel Laborde, Ruben Giles, Jesus Gregori, Nelida Battista, Genaro Ruben Giles.

Partido del Frente (Línea Proyecto Nacional y Popular), Santiago Ferrigno, Hugo Martina, Alicia Iribarren, Cristina Vistuer, Ariel Martinez, Celeste Magnano.

Iniciativa Pampeana, Juan Abdo, Mario Canoba, Liliana Abratte.

Encuentro por la Democracia y la Equidad, Eduardo Tindiglia, Estela Chambón.

Colina, Silvia Gallego, Gladys Rusell.

Movimiento Evita, Marta Sanchez, Mario Folmer.

Corriente Martín Fierro, Carina Ramella.

Partido Humanista, Juan Esponda, Juan Echeveste.

La Campora – La Pampa, Manuel Beneitez, Luciano Di Napoli.

La Guemes – Santa Rosa (PJ), Heriberto Mediza.

Carta Abierta, Miguel Garcia, Juan Jorge Harb.

Red por el Derecho a la Identidad, Marta Candia.

La Comunidad para el Desarrollo Humano, Manuel Esponda, Federico Costabel.

Juventud Convergencia Peronista Pampeana, Ricardo Gomez, Martin Ponce.

JP – Descamisados La Pampa, Ivan Gomez Uriburu,

sábado 6 de noviembre de 2010

A 2000 por hora!!

Al cierre de este post, la campaña de afiliación feibukera de la compañera presidenta superaba, en poco más de 24 horas, los 38.000 fanáticos. Treinta y ocho mil nazi fascistas desbocados cliquearon "me gusta", suponemos que a cambio de alguna prebenda. En un seguimiento que hice ayer, entre las 4 de la tarde y las 11 de la noche, se sumaron 13.385 gustosos oficialistas, lo que da, más o menos, una "tasa de afiliación virtual" de entre 2000 y 2011 por hora.
Ya @CFKargentina es - por mucho- la figura política con más seguidores en Twitter, con más de 211 mil, superando ampliamente ( casi duplicando) al segundo, que es @FernandezAnibal, quien a su vez, en los últimos días superó al alicaidísimo @mauriciomacri, noticia interesante en esta puja de seguidores y adeptos del mundo virtual.
La importancia de la irrupción de CFK en Facebook radica en que, de todos los espacios virtuales, Feisbuk es el más amplio y masivo, mucho más que twitter, los canales de youtube o los blogs. Por lo tanto, es de esperar que CFK supere sobradamente y en breve el número de seguidores que tiene en Twitter. Otro aspecto interesante, es que, a diferencia de Twitter, el "muro" de Feisbuk es abierto a cualquiera que cliquee en "me gusta", dando lugar a que puedan aparecer allí cualquier tipo de mensajes. Sin embargo, en una recorrida rápida, no aparecen demasiados ataques ni críticas a la presidenta, cosa que en el país (virtual, este si) donde "la gente en la calle los quiere ver muertos, los quiere ver caer", es una cosa interesante también. Aunque es posible que acá haya algo de ingenuidad mía, y en realidad exista algún tipo de filtro o control de comentarios, lo cual sería lógico y hasta aconsejable.

Desde Clarín, ya intentan - con algo de impotencia- criticar, señalalando que la presidenta permite "seguidores", pero no "amigos", lo cual es una crítica boba, porque efectivamente, CFK, igual que cualquier personaje públicom abrió una "página" y no un "perfil" de Feisbuk.
Evidentemente, en este contexto de crecimiento de imagen y, sobre todo, de intención de voto, el tema de la aparición de CFK en el Facebuk genera cualquier cosa menos indiferencia en la mayoría: muchos apoyan, unos pocos están como locos, pero no se atreven a ignorar el fenómeno. Evidentemente, las herramientas de comunicación horizontal están cambiando bastante el escenario, y a las grandes corporaciones económicas y mediáticas, la situación se les hace imposible de controlar.

jueves 4 de noviembre de 2010

Fin de farsa

Si la muerte de Néstor hubiera sido apenas una noticia, una nota explosiva, brutal e inesperada cayendo sobre la realidad mediática, para luego ser debidamente amansada, suavizada y modelada hasta convertirse en un hecho trashumante más, dentro de todo lo digerible, lo potable, lo explicable, lo reíble y lo manipulable, acaso Cobos hubiese sobrevivido al sismo. Pero Néstor muriendo en el fragor de la lucha, su deceso no planificado, su recostarse en el aparato de la muerte como estrategia final, no es tan solo un aglutinante poderosísimo de televidentes y lectores, la vorágine de elencos descartables y pasajero; es mucho más: es el papel de la política petrificándose a mármol en forma acelerada, es la dramática realidad efectiva de los hechos históricos golpeando sobre el escenario actual con una fuerza que deshace violentamente tantas mansiones de cartón, tanta ficción y tantas imposturas.
“Kirchner sepultó a Cobos”, se decía ayer. En realidad, todos lo pensamos desde que empezamos a tirar las primeras líneas de análisis en los instantes inmediatos a la noticia del miércoles: nada bueno se avecinaba en el horizonte de Cleto. Había un inevitable sentimiento de compasión y una notoria vocación protectora que se derramaba sobre la presidenta, que automáticamente convertía a su archienemigo entronizado en la traición vicepresidencial en un ser deleznable y odioso. Cobos, que alguna vez había usufructuado un lugar que le había caído del cielo para dar un golpe de mano inesperado y oportunista, pasaba a ser el muchacho equivocado en el momento y en el lugar equivocado. Pero no era tan solo eso. Porque de este juego de sentimientos y culpas diferidas, de victimizaciones y demonizaciones, Cobos y el dispositivo mediático que en última instancia lo inventa y lo sustenta, entienden lo suficiente. El problema es otro: no pasa por notas sentimentales, por víctimas y verdugos; no pasa por el televisor ni por la radio, pasa, a ras de piso, por el terreno de la historia. No se juega en el escenario donde se parodian las parodias, se juega allí donde la historia se hace vorágine desarrollándose, devorando lo inútil, lo débil, lo accesorio; donde la gravedad de los sucesos conmociona hasta al mismo guionista: acaso ni Dios esperaba lo que en definitiva ocurrió.
Ese vicepresidente impostor, que con histrionismo poco esmerado apelaba hace unos años a las caprichosas notas de su corazón – sano pero oscilante- para lanzarse a una orgía de oportunismo y felonía, es la ficción. El hombre que muere, que deja su cuerpo en el camino por no poder decir basta, que atiende a los afanosos médicos con menos atención que a los compañeros, que es político en vida y en muerte, es lo más real de los últimos 30 años. Si la dictadura estigmatizó la política, el bochorno noventista la infamó y la vilipendió, mercantilizándola, divorciándola de toda instancia utópica. Acaso era lo normal, pues si la historia había muerto, la política no podía ser más que un pasatiempo informal de oportunistas rapiñando los últimos restos de las reliquias gloriosas. Eso fue el menemismo. Y ahora, Néstor muriendo
–su cortejo, esas lágrimas, el renovado fervor militante que despertó- es la historia reviviendo. Por eso los farsantes pagan, las máscaras caen. Aquellos imposibles dirigentes de cartón que hasta ayer pretendían encontrar en las pantallas televisivas el sucedáneo de sus bases ausentes, los que se dejaron arropar en su soledad por la siempre generosa oferta de las corporaciones para suplir su orfandad y su vacío, hoy ven el suelo quebrarse y los frágiles cimientos de sus construcciones de utilería desmoronarse. Eso fue Kirchner muriendo: el haz de luz delator golpeando sobre los prescindibles, sobre los que definitivamente deberán irse para nunca más volver. Cobos – el gran comediante- se hunde sin ruidos ni aspavientos, como suele suceder con aquellas estrellas cuya figurita es apenas furor de una temporada.
Su renuncia es cuestión de tiempo, un lento devenir del almanaque que lo quema en su indecisión: ahora es demasiado tarde para saltar del barco, pero la invitación a hundirse, con una última – y acaso imposible- hidalguía, junto al acorazado de desfachatez y prevaricación que navegó hasta hoy, no parece tentador para un hombre que creyó caminar sobre aguas abisales cuando en realidad chapoteaba en una barrosa laguna.
Kirchner muere y florece en historia viva, en futuro en gestación, en hechos que marcarán el derrotero de una Patria poseída por un pueblo militante que conduce. El otro, el indigno, cierra su periplo claudicante con una justa recompensa de desprecio y olvido.

lunes 1 de noviembre de 2010

El legado de un estadista

El legado de un estadista

Revista veintitres

Por Adrián Murano

El miércoles 27, a las 9.15, murió Néstor Carlos Kirchner. Esposo de Cristina. Padre de Máximo y Florencia. Político. Peronista. Ex intendente, gobernador, diputado, Secretario general de la Unasur. Y el mejor presidente que tuvo la Argentina en los últimos sesenta años.Es un dato objetivo. Desde el primer peronismo, ningún otro mandatario había logrado entregar el país en mejor estado del que lo encontró. Allí están los números que lo prueban. En 2007 Kirchner transfirió el bastón de mando con el 52 por ciento de crecimiento en el PBI, la reducción de 11 puntos en la tasa de desocupación, el incremento del 230 por ciento en las reservas del Banco Central y la caída de 33 puntos porcentuales en el índice de pobreza. La sucesión ordenada y próspera constituyó un hecho inédito para la Nación. Un hito que coronó el ingreso triunfal de Néstor Kirchner a los libros de historia. Pero la grandeza de los líderes no sólo se mide con datos duros, estadísticas y asientos contables. Los estadistas se distinguen de los políticos profesionales por la ambición de sus proyectos más que por sus logros. Eso era Kirchner. Un estadista obstinado con un proyecto ambicioso: demostrar que las utopías eran posibles.La cronología cuenta que llegó a la presidencia anémico de votos. Apenas dos de cada diez argentinos confiaron en ese flaco desaliñado que gustaba llamarse a sí mismo “pingüino”, que disfrutaba de sus bromas adolescentes, que había curtido su carácter en la desolada intemperie austral. Llegó a la gran ciudad como suelen llegar los provincianos: anónimo, desconfiado, entusiasmado. Tenía claro el destino, pero el camino se mostraba desolador. La Argentina de 2003 era un amasijo de sueños rotos, escombros de una década trágica de despojo y exclusión coronada por una masacre. Miles sobrevivían de los restos de la basura, otros militaban su rabia en piquetes. La clase media peregrinaba por los bancos tratando de salvar sus ahorros y los privilegiados de siempre estaban aterrados: creían que, de un momento a otro, esa legión de desesperados invadirían los countries para despojarlos de bienes y honores.El legado de su aparente mentor, Eduardo Duhalde, fue una bomba de tiempo. El caudillo bonaerense había logrado contener los desbordes a pura ortodoxia: beneficios para los dueños del poder y del dinero, shock asistencialista, amplias concesiones a los barones políticos y represión policial. En ese campo minado de pactos y urgencias, Kirchner decidió abrirse paso con dinamita.Su primera descarga fue sobre la Corte Suprema de Justicia. Si quería discontinuar las políticas de los noventa, debía despojar al tribunal de los hombres que habían sido cómplices y garantes del desguace del Estado. La asunción de los ministros Raúl Zaffaroni, Carmen Argibay, Ricardo Lorenzetti y Helena Highton de Nolasco inyectó algo de prestigio a una institución del Estado carcomida por el servilismo y la corrupción. Pero no sólo eso: la elección de los candidatos contó con el respaldo de la progresía local, tan sensible a los golpes de efecto como volátil en sus apoyos, pero influyente en la opinión publicada a través de los medios hegemónicos de comunicación.La simpatía instantánea de los sectores medios por el cambio de la Corte, la cautela K para acordar con los sectores concentrados de la economía y la irrupción de un estilo hiperkinético de gestión auspiciaron una espiral de respaldo popular. A los seis meses de haber iniciado la gestión, la imagen positiva de Kirchner había trepado de aquel modesto 22 por ciento al 70 por ciento de adhesión. Con sus acciones en alza, Kirchner decidió poner a prueba su frágil capital político emprendiendo una batalla que sería medular en su gestión: el juicio y castigo a los genocidas. La apuesta era a todo o nada. No se trataba sólo de ejercitar la memoria transformando a la ESMA en un museo. El objetivo era derrumbar la estantería de impunidad forjada por las leyes del perdón y los indultos para poner a los represores donde debían estar. La tarea de demolición incluyó momentos emotivos, como la orden para que se descolgara un retrato del dictador Jorge Videla del Colegio Militar, los abrazos sentidos con Madres y Abuelas, o el llanto compartido en un acto junto al nieto recuperado Juan Cabandié. No fue, por cierto, una campaña sencilla. Pródigos en recursos humanos, financieros y mediáticos, los capitanes de la Argentina reaccionaria utilizaron todo su arsenal para impedir que el anhelo de justicia se materializara. A la tradicional diatriba del vocero procesista Mariano Grondona –quien desde el vamos observó en Kirchner la personificación del mal– se sumó su compañero de columna dominical Joaquín Morales Solá, el panfletista Marcos Aguinis, el ex jefe de la SIDE menemista Juan “Tata” Yofre y un puñado de periodistas serviciales devenidos en escribas de los exégetas de la represión ilegal. Las críticas a la política de derechos humanos encubrían, por cierto, cuestionamientos a otros aspectos del Gobierno, como el drástico cambio de rumbo en la relación con los dueños concentrados del capital, con la Iglesia Católica y, aunque aún de manera incipiente, con los medios de comunicación. La política de derechos humanos fue uno de los legados del Kirchner presidente. El otro fue la economía. O mejor: la imposición de un nuevo paradigma económico que retomó lo mejor de la tradición peronista condimentado con el principio de “vivir con lo nuestro” que desarrollara el profesor Aldo Ferrer. De su partido, Kirchner recuperó el ejercicio de la sustitución de importaciones, la utilización de la tasa de cambio como estímulo para el desarrollo industrial y la intervención estatal como estabilizador de la economía. Las herramientas mutaron según las circunstancias, pero el eje de su proyecto económico se mantiene hasta hoy: la recuperación de las reservas, estimuladas por una eficaz negociación de la deuda en default, fue la base que le permitió acumular recursos suficientes para enfrentar la pertinaz extorsión de prestamistas usureros y corporaciones proclives a la fuga de capitales y la evasión fiscal. La “caja”, según la acepción despectiva impuesta por los opositores al modelo, fue crucial para recuperar el rol del Estado como motor del desarrollo. Convencido de que la mejor asistencia social que puede ofrecer el Estado es la generación de empleo, Kirchner utilizó la acumulación de recursos para, entre otras inversiones, financiar obra pública y subsidiar servicios, al tiempo que sostenía un tipo de cambio competitivo para la industria y el sector agroexportador. El resultado de este múltiple juego de colocaciones de recursos permitió que se recobrara paulatinamente el poder adquisitivo de los salarios, hundidos por efecto de la megadevaluación del 2002. Esa recuperación, implementada a través de las paritarias sindicales, resucitó la identificación de los trabajadores con sus gremios, afianzando una alianza entre el kirchnerismo y los trabajadores que sería crucial para resistir los embates de la nostalgia neoliberal. Con sus luces y sombras, los sindicatos se integraron al proyecto K aportando militancia en tiempos de anomia partidaria. Otro tanto aportaron las organizaciones sociales. Surgidas al calor de la crisis de 2001 y el “que se vayan todos”, esas organizaciones reflotaron el espíritu militante entre jóvenes independientes desencantados con los partidos tradicionales. La irrupción de la agenda kirchnerista, que incluyó reivindicaciones propias de esas organizaciones, sumada a la decisión oficial de no reprimir la protesta social –otra inédita política de Estado– traccionó militantes a la causa K por fuera de la estructura del PJ, una rareza que pocos líderes populares pudieron lograr. Uno de ellos fue Raúl Alfonsín, quien cosechó adhesiones diversas encantadas por su figura y la restauración democrática que le tocó encarnar. Otro fue Kirchner, inspirador de una irrupción militante que tiempo atrás hubiera sonado a quimera. Esa recuperación de la militancia se expresó con potencia en las horas posteriores al fallecimiento del líder. Millares de jóvenes autoconvocados, muchos de ellos sin afiliación partidaria, improvisaron pancartas y desfilaron frente al féretro de Néstor Kirchner en señal de compromiso con quien ahora deberá comandar la continuidad del proyecto. Sin dejar de acariciar la madera que arropaba a su marido y socio político de toda la vida, Cristina Fernández, la Presidenta de la Nación, agradecía cada muestra de aliento con entereza y cariño. Sabe que le espera un camino de ripio. Por cierto, no tuvo que apelar a la percepción para saberlo. Aún con el cuerpo tibio de su marido sin velar, la política buitre y la prensa canalla arrojaran ráfagas de odio sobre su figura doliente. Rosendo Fraga, ex empleado del dictador Roberto Viola, desplegó el pliego de condiciones de la derecha apenas tres horas después de haberse conocido la noticia del deceso. “Tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir, cambiar una serie de aspectos, estilos, orientaciones y políticas impuestas por su marido”, le escribió a Cristina, todavía con el cuerpo de su marido muerto en los brazos, desde el portal de La Nación. Con su obscena grosería, Fraga expresó mejor que nadie la desesperación del establishment por horadar cuanto antes la autoridad presidencial. Temen que, abrazada por la multitud que ahora la cobija más que nunca, la Presidenta redoble las transformaciones estructurales con que puso en jaque al oligopolio Clarín, domesticó al capital financiero rapaz y se enfrentó –y sobrevivió– a la vaca sagrada de la economía local, el campo, aficionado a traccionar al país al atraso y la exclusión. Fraga fue el más brutal, pero no fue el único. El radical Rodolfo Terragno, ex jefe de Gabinete del gobierno de Fernando de la Rúa, entre otros fracasos, enumeró un pliego de condiciones a través del diario Clarín: “La Presidenta tendrá que hacer, ahora, cosas distintas”, advierte, antes de reclamar la conformación del Consejo Económico y Social, exigir un Plan Integral de Inseguridad, llamar a “eliminar todo egreso prescindible” (léase: ajuste) y “poner en marcha un plan de conciliación nacional”. En el texto de Terragno, que en los últimos meses paseó de la mano de Eduardo Duhalde su plan quinquenal, la palabra “conciliación” está marcada en negrita, que es el modo con el que Clarín utiliza los textos para traficar su línea editorial. Está claro: los medios hegemónicos no darán tregua en defensa de sus intereses y los de sus aliados. Los argentinos que durante dos días peregrinaron para despedir a su líder, que confirmaron su compromiso con el proyecto de inclusión y equidad, que alentaron a Cristina y afirmaron su voluntad de redoblar la militancia, también ofrecieron un mensaje contundente: nada, ni siquiera la muerte, va a detener los nuevos vientos de la historia argentina.