domingo 31 de octubre de 2010

La razón


Ahora sé que los hombres se clasifican en dos grupos: uno, grande, infinitamente numeroso, es el de los que afanan por las cosas vulgares y comunes; y que no se mueven sino por caminos conocidos que otros ya han recorrido. Se conforman con alcanzar un éxito. El otro grupo, pequeño, muy pequeño, es el de los hombres que conceden un valor extraordinario a todo aquello que es necesario hacer. Estos no se conforman sino con la gloria. Aspiran ya el aire del siglo siguiente, que ha de cantar sus glorias y viven casi en la eternidad.

Hombres para quienes un camino nuevo ejerce siempre una atracción irresistible. Para Alejandro fue el camino de Persia, para Colón el camino de las Indias, para Napoleón el que conducía al imperio del mundo, para San Martín el camino llevaba a la libertad de América.

A esta clase de hombres pertenecía el hombre que yo encontré.


Eva Perón, "La Razón de mivida"

viernes 29 de octubre de 2010

Anti-requiém

Tomen debida nota de lo que ocurre ahora, en esas calles argentinas que se visten de pueblo. Que no los obnubile la infame crispación, que no les jueguen una mala pasada sus escozores, sus prejuicios, sus temores. Las calles argentinas hace dos días estaban grises por la ceniza del fuego que se apagaba; hoy una brisa reveladora descubre que bajo la ceniza ardían millones de tizones rojos y vivaces. Repito mi consejo: no escondan sus ojos en el cofre de sus egos monumentales, registren este momento capital, no con la mezquina visión del que calcula porcentajes y exprime los jugos de las rentabilidades probables, si no con ojos de testigos ante la historia que se sacude violentamente. No gasten sus horas en vanos esfuerzos: ninguna negación alcanzará para ocultar lo que las calles vocean a coro: ha muerto un líder inolvidable y nace un mito perenne. El pueblo, esas amplias mayorías prudentemente silenciosas, llora y promete. Se arrodilla apenas un instante sobre la tierra, para erigirse inmediatamente enhiesto e impertinente, recogiendo banderas ajadas pero coloridas.
Le hablo a todos aquellos que ahora observan incómodamente esa marea que despide a Kirchner. Que buscan en el libro de recetas operativas como desmantelar la mitificación y la gratitud, que ensayan prudentes discursos que atemperen la indulgente vocación de los vivos para con los muertos, que empezarán a agitar los sambenitos de siempre y propondrán los milagros de la perfidia dicha a tiempo para detener este curso.
Puede morir un hombre, pueden morir miles. No muere un legado que ahora se deshace de todo cripticismo y se convierte en imágenes, en gestos ora suaves, ora ampulosos. En promesas de lealtad a muerte y contra todos y caiga quien caiga. No. No se gasten, que Kirchner no se murió. Que eso es apenas una anécdota en esta historia. Que un cajón todavía no contiene a las fuerzas de la historia. Economicen miserias y aguanten su brutal odio. Ahórrennos la tarea de decepcionarlos: Kirchner no murió. No podía. Ya su muerte no le pertenecía.
Para muchos jóvenes, Néstor aparece como una primera aproximación al misterio siempre irrevelado de la muerte. No se dan cuenta de que lo que se llevan en sus almas es un mensaje que ya no hablará, que de ahora en más actuará los gestos de otros como si fueran propios.
Y algunos insisten en derrochar el buen lenguaje en análisis de octava categoría, en tratar de meter el elefante en el baño, en aplicar sus paupérrimas capacidades analíticas a una ocasión que los excede y los ridiculiza. Atiendan mi desinteresado consejo: no pierdan tiempo. Lo que nace es más grande que lo que muere. Tomen el atajo y esperen a la historia en el futuro. Atemperen ese ánimo de anatomistas renacentistas, que disecando al muerto no entenderán su vida. Cálmense. No jueguen vanas cartas que el partido no empezó. Que acaso nadie los invite a las futuras tenidas.

El pueblo volvió a dibujar sobre un horizonte cada día más cercano la imagen rediviva de la esperanza justiciera.

jueves 28 de octubre de 2010

América

Néstor Kirchner está siendo velado en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la casa rosada. Es un estricto gesto de justicia póstuma: hasta su asunción como Secretario General de la Unión de Naciones del Sur, ningún otro latinoamericano había tenido una representación institucional tan amplia y legítima en el continente. Nunca había existido un representante erigido a partir de la decisión unánime de la totalidad de los representantes democráticos de la sufrida Latinoamérica. Sólo la distancia que da el tiempo – y, lamentablemente, la muerte- nos permitirá dimensionar cuanto pierde el continente con su deceso. Néstor fue Secretario General del cuerpo que tendremos que mantener vivo, el que mantendrá la fuerza y la pujanza del sueño de la Patria Grande.

También Bolívar, San Martín, Martí, Miranda, el Che, Perón, Artigas, O’higgins, Ugarte, Fidel Castro y tantos otros que dieron su vida por la Unidad Continental, tuvieron detractores furiosos y cegados por el odio. Nada de lo que estos últimos puedan decir o hacer podrá borrar su nombre de la página más gloriosa y feliz del continente: una era de democracia y en la cual – a pesar de conflictos aun vigentes- se respira la máxima paz y el respeto institucional en este hermoso rincón del mundo desde la era de las revoluciones independentistas decimonónicas.

miércoles 27 de octubre de 2010

Hasta siempre, para siempre


Hoy debía ser un día festivo: me levanté muy temprano y fui hasta la puerta, para poner una flechita de papel señalando el timbre de casa, no fuera cosa que el censista pasara por casa y siguiera de largo sin censarnos. Después leí algunos diarios en Internet, que hablaban del censo y del caso Ferreyra. Desayunaba, cuando llegó el llamado de un compañero y amigo. Tenía la voz tomada por la tristeza y se notaba que estaba por llorar. En milésimas de segundo pensé cual podía ser la noticia que iba a darme. No tenemos tantos conocidos en común, pero sin necesidad de que me lo dijera, supe – dolorosas experiencias me lo indicaban- que me iba a comunicar una muerte: -falleció Kirchner, falleció Néstor- ¿Qué? ¿Cómo que falleció?- Si, prendé la tele, falleció Kirchner, no lo puedo creer…que mierda, estoy shockeado, no lo puedo creer- repetía el cumpa. Yo tampoco lo creía. Miraba absorto la tele. Mi mujer empezó a llorar. Yo cambiaba de canal y todos lo repetían: se tenía que tratar de una operación para complicar las labores del censo. Esa fue mi esperanza hasta que Canal 7 liquidó mis dudas. El mundo se me empezó a venir encima lentamente. Hasta hoy, no sabía que este tipo era tan importante para mi vida.

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No tengo dudas de que el fallecimiento de Néstor Kirchner, para los peronistas, convocó los peores fantasmas del pasado. ¿Dónde está el brujo? El brujo ya no está. Respiremos. Pero la muerte de Néstor se parece demasiado a la de Perón. En el momento vital, en un momento bisagra de la historia, se muere el referente y el conductor, no solo del peronismo, si no de un pueblo. El referente político de los últimos tiempos. La esperanza de 2011. Otra vez un infarto. Otra vez sorpresivamente, o no tanto: también Perón había tenido antecedentes fuleros, y acaso ahora empecemos a saber que los anteriores episodios cardiovasculares de Néstor no eran tan suaves ni estaban tan controlados. A Perón le tocaron dos o tres infartos, con edemas pulmonares y salvatajes heroicos, antes del que se lo llevó. Hoy sabemos que Cossio y Taiana se lo habían dicho claramente: su corazón no iba a resistir el esfuerzo. Pero el Viejo no estaba ahí para relajarse ni disfrutar de una cómoda vejez. La hora lo reclamaba, las divisiones internas lo obligaban a actuar, la crisis de 18 años de entrega al imperialismo y políticas antipopulares lo conminaban a seguir, con sus casi 80 años, en la pelea. Cuentan que cuando se sintió morir, el viejo balbuceó: -Mi pueblo, mi pueblo- No se si será cierto, pero sin dudas que este tipo de hombres, al morir, tienen que tener la certeza de que dejan muchos huérfanos. Los últimos pensamientos del viejo fueron para Isabel. Seguramente, los últimos de Néstor, habrán sido para Cristina. En aquel entonces, la muerte de Perón desató las fuerzas del terror oculto, y una mujer, legítimamente dolorida pero claramente inepta para el gobierno, no pudo detener a la serpiente cuyo huevo había contribuido a incubar. En esta hora de dolor tremenda – mientras lloro todavía a Néstor- me atrevo a decir algo, acaso atropelladamente: ahora estamos mucho mejor que entonces.


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Si Cristina no existiera, la hora sería mucho más trágica. Ella es el bote que nos sostiene a flote en la esperanza. Sin ella, el abismo sería mucho más negro. Ahora es ella: íntimamente más sola, pero acaso más acompañada desde el corazón de tantos desconocidos, que ahora se agolpan frente a casa de gobierno por ella, que lloran en silencio en sus casas por ella, que rezan por ella o prometen luchar hasta el final por ella. Ahora es ella: la esperanza. Acompañarla porque lo merece. Acompañarla porque es el cuadro político más importante del país y uno de los más grandes de América Latina. Pero también es una mujer que ama y que ahora se queda más sola. Que se enfrenta a un mundo que seguramente ya había olvidado: el mundo sin Néstor. Lamento de corazón la soledad que la acompañará en las horas íntimas. Pero se que nunca estará sola en el plano político. Ese hombre que dio la vida por sus ideales políticos – que habrá tenido también sus Cossio y sus Taianas recomendándole aflojar- nos obliga, quien sabe desde donde, a una lealtad y un compromiso sin medida, sin mezquindades, sin egoísmos, un compromiso altruista por el país y por los que sufren. Acompañando a Cristina. Con el cuerpo, la mente y, sobre todo, el alma.

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Escucho a Moyano: Después de Perón y Eva Perón, fue el hombre que más le dio a los trabajadores. Veo: una mujer se desmaya en Plaza de Mayo. Leo en Facebook: la consternación, el dolor y la bronca de mi papá, y – sobre todo- su esperanza. Para él Néstor es la FURN, los 70, la JP, su juventud, el sueño de un país mejor. Leo el dolor de tantos compañeros, recibo llamadas, veo la gente que llora en la tele. Entonces me río de los que ahora se ponen la servilleta y afilan el cuchillo. Me río del hijo de re mil putas de Rosendo Fraga. Me río de Cobos que, ahora si, se tendrá que ir o conocerá el escarmiento. Me río del hijo de re mil putas de Duhalde, que se verá morir en la intrascendencia política, acaso después de una longeva vida en la cual el pueblo le seguirá dando la espalda.

No van a poder. No van a poder con nosotros. No los vamos a dejar

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Es un día que irá pasando con una tristeza grande, que irá atenuándose, seguramente, en la medida en que entendamos que, para los conductores políticos, la muerte puede ser preámbulo de más vida. Que hay hombres que mueren para volver a nacer. Que a un militante se lo homenajea militando. Afuera llueve una llovizna ruin y penosa. El día está gris. Tengo listo el paraguas para ir a la humilde plaza de Santa Rosa a llorar con tantos conocidos y desconocidos por esta pérdida que nos desgarra.

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Para sentir que Néstor sigue vivo, necesito abrazarme con mucha gente.

domingo 17 de octubre de 2010

Testimonios del 17 de Octubre (por propios y ajenos)


En esa mañana del 17 de octubre – recuerda Arturo Jauretche- vino a verme un dirigente de Lanús, Pedro Arnaldi, obrero de la construcción, artesano especialista en chimeneas de casas-habitación. Serían las 9 y 30 de la mañana. Entra y me dice:- Doctor, nos venimos todos al centro.- ¿Quiénes? - Nosotros, todos, los obreros, los bolicheros, la gente del barrio, los maestros de escuela, todo el barrio se viene al centro. Porque ya no hay más radicales, no hay más conservadores, no hay más socialistas. Hay peronistas. La gente está con Perón y no hay más remedio. O Perón o la oligarquía ¿Qué hago, doctor?- -Le dije:-¡Agarrá la bandera y ponete al frente…! Así empezó esa marcha increíble, gente que vino desde La Plata, columnas que venían a pie, desdé todos los ángulos...Pedro Arnaldi, que movía treinta votos en Gerli, pasó el Puente Pueyrredón con su bandera al frente de diez mil almas...”

Recuerda Leopoldo Marechal: " Me llegó desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la Avenida Rivadavia, el rumor fue creciendo y agigantándose , hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en seguida, su letra:

"Yo te daré/

te daré, Patria hermosa,/

te daré una cosa,/

una cosa que empieza con P/

Perooón"

Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.

“Inesperadamente, enormes columnas de obreros comenzaban a llegar - escribe Scalabrini Ortiz - Venían con su traje de fajina porque acudían directamente desde las fábricas y talleres( ...)Eran rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de resto de brea, de grasa, aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fé... Una pujante fé sacudía la entraña de la ciudad... Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los tambos de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López. Las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de Lanús, de Gerli y Avellaneda, o descendían de las Lomas de Zamora... Era el subsuelo de la patria sublevado"

Recuerda Ernesto Sábato (un antiperonista siempre culposo):

“Yo estaba en mi casa, en Santos lugares. No había diarios, no había teléfonos, ni transportes. El silencio era un silencio profundo, un silencio de muerte. Y yo pensé para mí: esto es realmente una revolución. Era la primera vez en mi vida que asistía a un hecho semejante. Por supuesto, había leído sobre revolución.Todos tenemos, en general, una idea literaria y escolar de lo que es una convulsión de esa naturaleza. Pero es una idea literaria, sobre todo en este país, donde la gente ilustrada se ha formado leyendo libros preferentemente en francés. Y todavía hoy, ve con enorme simpatía, cada vez que llega el 14 de julio, en las vitrinas de la embajada francesa, en la calle Santa Fe, un descamisado tricolor tocando un bombo, rodeado por otros descamisados que vociferan y llevan trapos y banderas. Todo eso les parece muy lindo y hasta de buen gusto, porque está en la avenida Santa Fe, sin comprender que esos hombres allí representados eran precisamente descamisados y que esa revolución, como todas, por otra parte, fue sucia y estrepitosa, obra de hombres en alpargatas, que golpeaban bombos y que seguramente también orinaron, como los descamisados de Perón en la Plaza de Mayo, en alguna plaza histórica de Francia (...)A mí me conmueve el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que habían convergido sobre la Plaza de Mayo desde Avellaneda y Berisso, desde sus fábricas para ofrecer su sangre por Perón.”

“La multitud tomaba los cables del trole de los tranvías - señala Ángel Perelman -, los daba vuelta y el mótorman empezaba a manejar el vehículo en dirección inversa. Los manifestantes subían entonces atropelladamente al tranvía, lo ocupaban por entero y se encaramaban a sus techos, mientras que los trabajadores que no habían podido meterse en el vehículo hacían lo mismo con el ómnibus, camión o tranvía siguientes. El sistema de transporte de Buenos Aires adquirió un orden rígido: ese día funcionó en una sola dirección”.

Relata Cipriano Reyes: "En esos momentos se produce un hecho insólito. A orillas del Riachuelo hay pilas de maderas, troncos y palos de árboles, algunas canoas y pequeños botes viejos abandonados: los más audaces manifestantes se lanzan al agua abrazados con una mano a esos troncos y tablones, o asidos a los bordes de los botes y remando con la otra mano, tratan de cruzar a nado (...) Aquello fue un espectáculo maravilloso."

“Era un espectáculo asombroso - recuerda José Enrique Miguens -. Buenos Aires nunca había visto una cosa así. La ciudad, en esa época, era muy formal en el vestir, todo el mundo en el centro andaba de saco y corbata, con trajes de colores oscuros, y todos con sombrero o rancho, y la gente grande alguna que otra gorra, de esas con alambre adentro que le daban forma, pero nadie andaba con la cabeza descubierta. Hasta los trabajadores y artesanos que caían al centro a hacer algún trabajo, venían de saco y corbata para diferenciarse de los malevos haraganes que con el saco usaban el lengue... Los sociólogos sabíamos que en los últimos años se había concentrado más de un millón y medio de obreros industriales en los alrededores de la Capital, pero eso era solo un número, nadie los había visto. Y de pronto comenzaban a aparecer desde todas las calles, muertos de cansancio y de sed, arrastrando los pies, miles y miles de patéticos personajes. Hombres y chicos en alpargatas, con la cabeza descubierta, con pantalones muchos de ellos desflecados y camisas abiertas por el calor, mujeres con chicos en brazos con camisolas largas sin ninguna forma de vestido (...) Iban primero a la elegante fuente que adorna la Plaza de Mayo a meter en el agua los pies destrozados por kilómetros de caminata y después se iban tirando en el suelo, a descansar, en cualquier lugar."

Hubo algunos que no entendieron nada de lo que pasaba y otros que nunca quisieron entender:

“Nosotros no participamos del 17 de octubre - recuerda, con pesar, un dirigente gremial del Partido Comunista -.Los metalúrgicos que nosotros controlábamos trabajaron... el 17 de octubre. No lo entendimos, no seguimos a la masa y nos costó muy caro...”

“A las 13, el ministro de Marina había rechazado un ofrecimiento de dirigentes comunistas para que obreros armados de esa tendencia enfrentasen a los trabajadores peronistas”.

Usted no sabe lo que fue eso, horrible. Algo tremendo, opina Jorge Luis Borges en una ocasión Y en otra, comenta: Yo estaba avergonzado e indignado. Eso es, indignado y avergonzado”.

“Era un sector numeroso del pueblo, el de los resentidos, el de los irrespetuosos - escribirá Ezequiel Martínez Estrada -, individuos sin nobleza... turba... populacho... horda... recogida con minuciosidad del hurgador en los tachas de basura, residuos sociales... hez de nuestra sociedad... chusma... pueblo miserable de descamisados y grasitas, desdichado pueblo que ha perdido el respeto... nuevo tipo étnico de - cabecitas negras y peloduro”.


“Ese día, me encontraba en un domicilio privado - relata el socialista Américo Ghioldi -, siguiendo los acontecimientos que habían sido desencadenados desde arriba. Comprendí entonces que se iniciaba un largo y doloroso período, que quienes habían planeado lo que se llamaba - la revolución en el Ejército - habían logrado desencadenar un movimiento de masas que acompañaría a la dictadura. Con el caer de la tarde, la tristeza me dominó.

Un sindicalista del mismo partido, Francisco Pérez Leirós, señala: “ese día estaba en París representando a los trabajadores libres de la Argentina... Si hubiera estado en Buenos Aires, hubiera propuesto un paro general contra los totalitarios... Claro que sí, contra Perón, mejor, contra el peronismo
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Tomado de Perón: Formación, ascenso y caída, de Norberto Galasso

viernes 1 de octubre de 2010

La prensa golpista de Ecuador esconde la mano

Si quedan dudas acerca de quienes son los que están detrás de la asonada de ayer en Ecuador (y cuál es el papel de los medios de comunicación en esta lucha de poderes que se libra entre las fuerzas populares y las oligárquicas), este artículo, publicado en "El Comercio", de Ecuador, las despeja

¿Hubo golpe de Estado?

Posted on 30 Septiembre, 2010 by martinpallares

El Gobierno ha intentado durante las últimas horas proyectar la idea de que lo que ocurrió hoy en el país fue un golpe de Estado. Este intento se hizo más patente desde que se declaró el llamado estado de excepción y la televisión del Gobierno pasó a monopolizar la información televisada gracias a una cadena de radio y televisión.Pero ¿en verdad hubo un golpe de Estado en el Ecuador? Yo supongo que para hablar de un golpe de Estado debe haber habido, al menos, el intento manifiesto de derrocar al Presidente para reemplazarlo por alguien. Y en el caso ocurrido este día lo único que hubo fue un deplorable e injustificable acto de insubordinación de los policías que se sentían, justa o injustamente, afectados en sus derechos. Pero la intención de derrocar al Presidente no se expresó en ningún momento y lo máximo que hubo fue la retención de Correa en el hospital de la Policía, a donde llegó por un desatinado acto de imprudencia .Además, no hay que dejar de tomar en cuenta que el presidente Correa nunca dejó de gobernar. Sí, desde el interior del hospital de la Policía donde estaba, según él secuestrado, el Presidente siguió dando órdenes y gobernando al país. Además, nadie se lo impidió.En verdad, el Gobierno está intentando esconder bajo la figura del golpe de Estado, las consecuencias de un manejo muy particular del poder. La prepotencia y el abuso del poder en la forma de aprobar leyes, sin tomar en cuenta las observaciones de la oposición y de grupos posiblemente afectados han terminado por explotar por el lado menos pensado. Es ese estilo de administración del poder lo que ha terminado por explotar. Lo que sucedió con la Policía, si bien es absolutamente intolerable y reprochable, fue la consecuencia nada esperada de esa forma de manejar al país.Ahora, bajo el paraguas del estado de excepción el Gobierno ha logrado cumplir con uno de sus más caros sueños: manejar a su completa libertad la información, por lo pronto la televisada.




Golpismo Explícito
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