Tomen debida nota de lo que ocurre ahora, en esas calles argentinas que se visten de pueblo. Que no los obnubile la infame crispación, que no les jueguen una mala pasada sus escozores, sus prejuicios, sus temores. Las calles argentinas hace dos días estaban grises por la ceniza del fuego que se apagaba; hoy una brisa reveladora descubre que bajo la ceniza ardían millones de tizones rojos y vivaces. Repito mi consejo: no escondan sus ojos en el cofre de sus egos monumentales, registren este momento capital, no con la mezquina visión del que calcula porcentajes y exprime los jugos de las rentabilidades probables, si no con ojos de testigos ante la historia que se sacude violentamente. No gasten sus horas en vanos esfuerzos: ninguna negación alcanzará para ocultar lo que las calles vocean a coro: ha muerto un líder inolvidable y nace un mito perenne. El pueblo, esas amplias mayorías prudentemente silenciosas, llora y promete. Se arrodilla apenas un instante sobre la tierra, para erigirse inmediatamente enhiesto e impertinente, recogiendo banderas ajadas pero coloridas.
Le hablo a todos aquellos que ahora observan incómodamente esa marea que despide a Kirchner. Que buscan en el libro de recetas operativas como desmantelar la mitificación y la gratitud, que ensayan prudentes discursos que atemperen la indulgente vocación de los vivos para con los muertos, que empezarán a agitar los sambenitos de siempre y propondrán los milagros de la perfidia dicha a tiempo para detener este curso.
Puede morir un hombre, pueden morir miles. No muere un legado que ahora se deshace de todo cripticismo y se convierte en imágenes, en gestos ora suaves, ora ampulosos. En promesas de lealtad a muerte y contra todos y caiga quien caiga. No. No se gasten, que Kirchner no se murió. Que eso es apenas una anécdota en esta historia. Que un cajón todavía no contiene a las fuerzas de la historia. Economicen miserias y aguanten su brutal odio. Ahórrennos la tarea de decepcionarlos: Kirchner no murió. No podía. Ya su muerte no le pertenecía.
Para muchos jóvenes, Néstor aparece como una primera aproximación al misterio siempre irrevelado de la muerte. No se dan cuenta de que lo que se llevan en sus almas es un mensaje que ya no hablará, que de ahora en más actuará los gestos de otros como si fueran propios.
Y algunos insisten en derrochar el buen lenguaje en análisis de octava categoría, en tratar de meter el elefante en el baño, en aplicar sus paupérrimas capacidades analíticas a una ocasión que los excede y los ridiculiza. Atiendan mi desinteresado consejo: no pierdan tiempo. Lo que nace es más grande que lo que muere. Tomen el atajo y esperen a la historia en el futuro. Atemperen ese ánimo de anatomistas renacentistas, que disecando al muerto no entenderán su vida. Cálmense. No jueguen vanas cartas que el partido no empezó. Que acaso nadie los invite a las futuras tenidas.
El pueblo volvió a dibujar sobre un horizonte cada día más cercano la imagen rediviva de la esperanza justiciera.
Le hablo a todos aquellos que ahora observan incómodamente esa marea que despide a Kirchner. Que buscan en el libro de recetas operativas como desmantelar la mitificación y la gratitud, que ensayan prudentes discursos que atemperen la indulgente vocación de los vivos para con los muertos, que empezarán a agitar los sambenitos de siempre y propondrán los milagros de la perfidia dicha a tiempo para detener este curso.
Puede morir un hombre, pueden morir miles. No muere un legado que ahora se deshace de todo cripticismo y se convierte en imágenes, en gestos ora suaves, ora ampulosos. En promesas de lealtad a muerte y contra todos y caiga quien caiga. No. No se gasten, que Kirchner no se murió. Que eso es apenas una anécdota en esta historia. Que un cajón todavía no contiene a las fuerzas de la historia. Economicen miserias y aguanten su brutal odio. Ahórrennos la tarea de decepcionarlos: Kirchner no murió. No podía. Ya su muerte no le pertenecía.
Para muchos jóvenes, Néstor aparece como una primera aproximación al misterio siempre irrevelado de la muerte. No se dan cuenta de que lo que se llevan en sus almas es un mensaje que ya no hablará, que de ahora en más actuará los gestos de otros como si fueran propios.
Y algunos insisten en derrochar el buen lenguaje en análisis de octava categoría, en tratar de meter el elefante en el baño, en aplicar sus paupérrimas capacidades analíticas a una ocasión que los excede y los ridiculiza. Atiendan mi desinteresado consejo: no pierdan tiempo. Lo que nace es más grande que lo que muere. Tomen el atajo y esperen a la historia en el futuro. Atemperen ese ánimo de anatomistas renacentistas, que disecando al muerto no entenderán su vida. Cálmense. No jueguen vanas cartas que el partido no empezó. Que acaso nadie los invite a las futuras tenidas.
El pueblo volvió a dibujar sobre un horizonte cada día más cercano la imagen rediviva de la esperanza justiciera.

1 comentan por ahí:
Te invito a leer un blog de humor K
Salió la nueva nota de Kikito: DIOS, KIRCHNER Y LOS TRAIDORES.
Un adelanto:
Dios le dice a K: "Quiero darte ahora son unos consejos para que se los transmitas a Cristina para que sepa como actuar con los traidores. ¿Te acordás cuando en "la última cena" Judas vendió a mi hijo por una monedas? Bueno ... al desgraciado le hice sentir tanta culpa que solito se ahorcó en un árbol.
Ya pasaron dos milenios, ¿y qué recuerdo quedó de Judas? A nadie le importa: no existe ni una estampita suya, ni un souvenir. Todo el merchandaising quedó para mis discípulos leales. Y, lo que es peor, el nombre Judas quedó asociado a la maldad y la traición. No quiero exagerar pero creo que hasta Hitler, Musolini o Franco tuvieron más suerte que él.
¿Cómo pensás que va a terminar Cobos?"
PD: Dios le dice a Néstor:
"Ponete contento. Hoy en Argentina ha nacido el tercer movimiento histórico, después del radicalismo y del peronismo, el kirchnerismo. Y no sólo lo digo yo, lo dice tu gente en las calles. Vení, mirá hacia abajo desde esta nube. Esa multitud te está vitoreando"
VOX POPULI, VOX DEI. La voz del pueblo es la voz de Dios
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