Por estas horas, Hernán Pérez pensará –no sin razón- que el malevaje político de estos días ya no tiene códigos. Que entre taitas finalmente se pisan el poncho, y que tal cosa es una decepción: en país donde la oposición ha festejado cada monigotada patética desde el día en que el vicepresidente incurrió en su artero voto no positivo ¿Cómo se entiende que una carnereada menor como la suya – apenas como presidente del Banco Central- no sea bancada con la misma pertinacia y énfasis que la de Cobos, mil veces más grave? Porque hoy nadie en la oposición quiere quedar pegado al mamarracho que armaron, con la “no vinculante” pérdida de tiempo de la bicameral. Seguramente Morales y Sanz estarán rogando indulgente olvido para su precipitado accionar co(se)dicioso que los llevó a salir en defensa del indefendible Redrado. Pino Solanas estará evaluando (¿estará evaluando?) si fue atinado y conveniente, para su imagen de político potable de la patria conservadora, el pedido de respeto de la carta orgánica del BCRA, cuando lo que se discutía era una maniobra desestabilizadora a pedir de Cobos y el monopolio Clarín. Hasta estos últimos le largaron la mano a Martín, quien tal vez se creyó por un rato que tenía chances de salir airoso de la trifulca que había disparado.
Es difícil explicar estos hechos, estas volteretas de 180 grados entre los que ayer veían en Redrado un adalid purísimo en la defensa de la “plata de los argentinos” y hoy ven a un payaso desorientado y encaprichado, arrojando un boomerang de acusaciones de corrupción y amenazando con no concurrir a la pantomima legislativa que, gentilmente, la oposición le había preparado como resguardo y tribuna. Solo se puede entender a partir de conocimientos profundos que estos políticos rebosantes de convicciones tienen: la decisión de batallar a favor del ajuste y aplaudir la rebeldía de Redrado ha caído mal a una parte importante de la población. A esa que intentan engañar constantemente con sus gestos ampulosos y su histrionismo moralista.
Lo grave, para ellos, no es que Redrado vaya a caer. Ni siquiera lo sería el hecho de que se utilizasen las reservas. Lo grave es que siguen comprobando que el gobierno tiene una iniciativa política muy superior a lo que el collage opositor puede siquiera imaginar, y que los muertos que ellos mataron, gozan de buena salud.

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