lunes 29 de junio de 2009

Soberbias y clases medias

Sobre nuestro rostro, sonoro y picante, el sopapo de la tan mentada derrota cultural. Llegándonos con dimensiones que la imaginación más pesimista no hubiera anticipado, con facciones oscuras y difusas, como una entelequia convertida súbitamente en garrotazo terrenal al occipital: despabilate, todo terminó, perdiste. Somos una raza atípica, tal vez un resabio de un amplio imaginario colectivo resistiendo la extinción, dueños de ideologías que otrora fueron reinas, hoy parias incomprendidas. Siempre entendimos que en política importaban los objetivos: hacia eso estaban trazadas las líneas. Usábamos palabras que parecían acuñadas para nuestro uso exclusivo: sistemas políticos, modelos, matrices de acumulación económica; idioma pintoresco, incomprensible dialecto para Doña Rosa. Importaban los fines, el “hacia donde”. Entendíamos que la política tenía un “para quien” –lease: un sujeto que debía resultar ganancioso del conflicto de intereses con su antagonista- y jugábamos para un bando: fuimos militantes de un pueblo idealizado que reclamaba su parte de riqueza, que era explotado y que en esa explotación –torpemente velada, prontamente evidente- comprendería sin necesidad de palabras su papel en la disputa. Todo era cuestión de quien, de para quien y, sobre todo, de hacia donde. No importaba el como: es el rasgo taxonómico más notorio de nuestra genealogía. Y nos derrotaron, una vez más; un puñado de sal sobre la carne herida. Es que en el túmulo derruido de la ideología del conflicto y la lucha de intereses, germinó una nueva clave, que difícilmente queramos comprender: la política quedó reducida a un juego gestual, a una estampita sonriente vendida al buen gusto de las almas cándidas. Casi un torneo de monigotes que culmina con la coronación de las formas alzándose victoriosas sobre las cuestiones de fondo: hoy importa más la corrección de apariencias de un Macri que a la hora de ubicarse junto a Michetti elige estar sentado en un banquito –entiendo, para que no se note que, por razones obvias, es más alto que Michetti; como si Kirchner hubiera elegido mantener la mano derecha quieta y todo el tiempo metida en el bolsillo- y hablando con carisma ya no de líder político, si no de maestra jardinera. En la Provincia de Buenos Aires, nos ganó un candidato que tiene un imitador más famoso que él mismo. Un tipo que no tiene la capacidad de entender que decir que el mejor gobierno de Perón fue el tercero corresponde a uno de los desatinos intelectuales más frondosos de la historia política argentina. Que acompañó a Ménem en el 2003, pero prometió estatizar todo rubro de la producción y los servicios para luego desdecirse por intermedio de emisarios ante el establishment. Un legislador que no legisla, pero no importa: porque lo importante era castigar la soberbia de una oradora que puede dar un discurso de una hora sin perder el hilo y sosteniendo la coherencia.

Todo este desatino formal del oficialismo –creer que el conflicto es condición sine que non para revertir las cuestiones de fondo, hacer gala de ideología y coherencia, plantear que no hay nueva Patria emergente si no es desde la profundización del cambio en la matriz de acumulación económica- se paga caramente. Porque supera la capacidad intelectual del votante medio, y por lo tanto, ofende su mediocridad. ¿Cómo no va a a ofender una mujer exitosa y bella, inteligente y firme, que además ni siquiera les regala el gusto de no tener hijos o una soltería deprimente?

La oposición eligió el fértil campo del vacío absoluto, que debería leerse como deliberado ocultamiento de intereses, si esto no fuera otro alarde de obsoleta analítica, que el gran votante calificado y descalificador de la clase media argentina marida automáticamente con la cháchara politiquera propia de los soberbios. Sólo el gobierno propuso discutir modelos; del otro lado, apenas Macri trastabilló torpemente, recomendando la novedad de que privatizar es ahorro y negocio para el pueblo, y tuvo el tino de callar prontamente.

Será innegable que perdimos contra el establishment, las patronales del agronegocio, el gran monopolio mediático, la iglesia y los resabios del partido militar; en suma: contra la derecha inveterada que sabe moverse en el vacío como pez en el agua, que sabe proponer slogans y carteles vacíos, que sabe operar y destruir como un boxeador dispuesto a una sucesión interminable de rounds de desgaste al oponente. Pero también asumiremos que hay un pueblo que se parece cada vez menos al que soñamos todas las noches cuando apoyamos la nuca contra la almohada, y que hace gestos inequívocos de hallarse gustoso en esta cultura del individualismo y la sospecha permanente ante lo colectivo.

Parar la pelota

Vivimos los últimos días con gran intensidad
Cada uno dió lo mejor
Estamos todos doloridos, sorprendidos, desilusionados
Golpeados
Después de la 125 salimos todos como locos desbocados a pelear
Ahora más vale estar tranquilos, no hacer análisis apresurados
Pensar que hay muchos compañeros que nos abrazan
No abandonar

sábado 27 de junio de 2009

Michael ya decidió

Con el apoyo de este gran cabecita negra, compañero del barrio de Harlem, vamos todos por un domingo peronista, pingüino, nacional y popular.

¡VAMOS NESTOR!

jueves 25 de junio de 2009

Disyuntivas pampeanas


Se que algunos dirán que esta provincia pesa poco en términos electorales. Sin embargo, acá también se juega el proyecto nacional, y la cosa está difícil. Por un lado, el radicalismo propone una campaña vacía y agresiva como en todos lados, eligiendo a Kirchner como destinatario de sus críticas y planteando la elección como una forma de “ponerle freno” al ex presidente. Por otro lado, el justicialismo, encabezado por el candidato a primer senador Juan Carlos Verna, deja en claro que pertenece a la disidencia: hace poco, el mismo Verna declaró que Kirchner no era heredero de Perón si no de Nerón, porque iba a prender fuego el parlamento. Por cierto: Verna lamentaba la pirómana vocación de Néstor Nerón, y dejaba en claro que él pateaba para el otro lado. Aquellos que deseamos apoyar al gobierno nacional nos encontramos en una disyuntiva difícil: si votamos al PJ, podemos estar aportando a la consolidación de alternativas disidentes (neo-menemistas) que socaven el liderazgo Nestoriano. Si buscamos opciones kirchneristas, nos encontramos con que la única que existe es la del Frente Amplio, una heterogénea fuerza progresista (¿fuerza?), muy pequeña, muy débil económicamente y, aparentemente, con muy poca vocación por triunfar: prácticamente ha quedado borrada de la campaña, siendo ampliamente superada por otras alternativas. Difícilmente superen el cuarto puesto; creo que hasta Tierno les gana. Es difícil, muy difícil. Porque nadie quiere “botar su voto”: ¿Qué pasa si votando al FA le hacemos el juego a los agrogarcas encabezados por Ulises Forte? ¿Qué pasa si Verna pierde ajustadamente con el radicalismo? Disparo en las bolas, no queda otra. Por otro lado: ¿Quién me dice que votando al garca de Verna no estoy alentando la creación de más espacio para la disidencia dentro del partido? ¿Hago bien en premiar las declaraciones anti-K de Verna, votándolo? Siento una bronca muy grande, porque se que Verna va a terminar traicionando al Kirchnerismo y no quiero aportar a eso. Y tampoco quiero que triunfe Forte con toda su lacra y su campaña anti K. De hecho, hoy circula en Santa Rosa un volantito anónimo (los únicos que lo pueden haber garpado son los radicales, que han hecho una campaña millonaria a fuerza de “donaciones privadas” de los agrogarcas) que dice “Si gana Carlos (Verna), festejan ellos (los Kirchner)”. Y yo quisiera que esto fuera cierto, pero no lo es.
Difícil: el otro día me paró por la calle un pendejo de unos 25 años, militante del Partido Humanista – que es parte del Frente Amplio- y me salió hablando de una marcha mundial contra la proliferación nuclear que arrancaba en Nueva Zelanda no se cuando y si yo estaba de acuerdo con un progresivo desarme en el mundo y... yo pensaba: hijo de puta ¿A ustedes los voy a votar? ¿A veinte días de las elecciones, vos estás militando una marcha que sale de Nueva Zelanda? ¿Y me preguntás que opino de Hiroshima? ¿Eso es el Frente Amplio? ¿Esa fuerza sin ganas de ganar? Y sin embargo, son los únicos que salieron a dar la discusión contra todo y todos, y dijeron: nosotros apoyamos la gestión nacional. Y eso tiene un gran valor: no se puede salir a comparar con el oportunismo de Verna, que parece que leyó algunas encuestas y decidió que él está del lado de la concertación anti-kirchnerista. Eso es impresentable ¿Por qué tengo que premiar su traición con mi voto? No me olvido que Marín votó en contra de la 125 ¿Por qué tengo que pensar que se trata de una “movida de campaña”, pero que después volverá al redil? ¿Verna? ¿El que aceptó la Banelco para votar en contra de los trabajadores?
Es difícil, muy difícil. Los cumpas de La Pampa Peronista están discutiendo lo mismo, y hay muchos comentaristas que andan con la misma preocupación. Yo no me puedo decidir, pero las tendencias de mi ánimo indican que voy a votar (¿botar?) por el Frente Amplio. Pero todo puede cambiar: si me cruzo un radical y me agarra medio caliente, si veo un cartel que me haga calentar, si lo pienso un poco más y le miro la cara a Ulises Forte un ratito… no se si no cambio.

lunes 22 de junio de 2009

Renuncia


Leo lo que Margarita Stolbizer declaró al diario Clarín: "De Narváez juega a la política; representa la renuncia a la política". Parece que empiezan a entender que el juego por el primer puesto es demasiado para una fuerza tan mal constituida y tan pobre en argumentos, y han decidido cargar sobre De Narvaez. Sin embargo, porque siempre terminará escapándosele su verdadera obsesión antikirchnerista, agrega : “Kirchner se ha convertido en el Rocky de la política: cree que demuestra poder si golpea”. La frase pugilística me lleva a pensar que Margarita lee mucho a Van der Koy o escucha mucho a Príncipi. Y también me lleva a confirmar lo que sé hace mucho: el radicalismo no renuncia a la política, porque es imposible renunciar a algo que ya no se posee. La comparación de Kirchner con un boxeador, la constante apelación a los "malos modos" y al estilo confrontativo de sus oponentes, suena a berrinche de niño republicano malcriado que prefiere jugar en el garage de casa porque afuera los chicos son malos y pegan. Repito: no renuncian a la política, la política parece haber renunciado a ellos, hace rato. Y el electorado - como consecuencia natural de lo anterior- también.
¿No es renunciar a la política dedicar gran parte de un extenso reportaje -cedido gustosamente por Clarín a menos de una semana de las elecciones- a hablar de gastos de campaña, malos modales y presentaciones judiciales? ¿No hay algún argumento de discusión política para esgrimir? ¿No es tomarle el pelo al pueblo declarar: "Yo quiero que a Kirchner le vaya bien y que eso me exija, porque eso eleva la calidad de la democracia"?

¿No es demasiado berreta todo esto, Margarita?
La política presentó su renuncia incondicional al radicalismo

sábado 20 de junio de 2009

Ser opositor - Por Horacio González

En el vía crucis de las elecciones argentinas suele quedar invalidada la palabra del oficialista. Es cierto, defiende gobiernos, posiciones alcanzadas, contextos dados, ambientes previsibles, hechos consumados y, cuándo no, puestos y emolumentos, para insinuar una palabra antigua. Convengamos: poco agraciado es el papel del oficialista; su existencia parece extenuarse en la defensa de axiomas que descienden de vértices insondables que no podrían cuestionarse. Es cierto que la expresión oficialista y su contraparte –el opositor– surge del juego parlamentario y de un sistema previsible de turnos, como hablaba el finado Balbín. Democracia es previsibilidad y hasta aburrimiento, se dijo en los años ’80 para preservar el sistema de tandas que se permutan recurrentemente, como si fueran los tiempos de cosecha de las sociedades agrícolas.
Sin embargo, sería fácil refutar que el oficialista es un pobre profesional del acatamiento que venera la disciplina hacia una cima de un poder ineluctable. Max Weber fue bismarckiano pero no oficialista, y el concepto debería perder su pobre connotación peyorativa con sólo recordar que en la época de Salvador Allende no se podía designar meramente a sus colaboradores o partidarios. ¿Les diríamos oficialistas a quienes se inscriben en la esfera de gobiernos populares acosados por fuerzas superiores a ellos, que sin embargo se proclaman perseguidas o abusadas? No cabe duda de que lo verdaderamente elegante para la leyenda menor de la política es ser opositor. Cuando grandes fuerzas económicas, comunicacionales y técnicas son opositoras, cumplen al mismo tiempo el papel de defender sus intereses y de revestirse de la aflicción del perseguido. La palabra opositor no parece tener lastres, aun cuando la retengan poderosas financieras, redes de oscuros compromisos económicos con sus tentáculos comunicacionales y la pléyade de repetidoras mundiales.
Pueden presentarse como formas núbiles. Pura dádiva hacia las esperanzas que deben triunfar sobre los obstáculos de la burocracia estatal, de los medios de comunicación públicos, de las jugarretas de los peritos gubernativos en picarescas electorales. He aquí a los oficialistas, pegajosas tramas de opacidad. ¡Y los opositores, nada, puro encanto y fervor!
Por eso, si el opositor ve progresismo del lado del Gobierno, sólo puede ser falso; si percibe medidas igualitaristas, sólo pueden ser bribonadas; si nota el asomo de estatizaciones fundadas, sólo puede ser un ardid de último momento del plebeyismo desgonzado; si hay conflictos verosímiles y no arbitrarios con poderosas empresas, no serían más que apuestas vicarias del populismo, meras fichas puestas con la mirada en las encuestas o efluvios groseros de “chavismo”. Un módico espanto puede recorrer así las conciencias, sin mayores explicaciones. En cambio, el oficialista debe explicar, explicarse, desenrollar largas túnicas argumentales, saberse sospechado por la Fiscalía Global del Prejuicio. Su “lugar de enunciación”, le dirían al “oficialista”, está alcanzado por la sospecha ontológica.
¡Ah, mis amigos, nunca sean oficialistas, ni siquiera intentando críticas, observaciones para corregir el rumbo, independencia de criterio! Miren las hornadas inagotables de denunciantes, moralizadores de la “bella eticidad” (permítanme citar a Hegel). Se lucen en la investigación de los frágiles gobiernos con propósitos transformadores, por tibios o contradictorios que sean. De entrada, desde el ánfora sagrada del magno tribunal y por boca del locutor de turno, se arroja un recelo viscoso: “corrupción”. Sólo para comenzar a hablar. Nunca deben declarar la espesura de intereses que surgen de sus propias pautas diarias. ¿No son de la estirpe de los intocables, poseedores de la palabra canonizada, herederos de las pastorales que desean reeducar a una humanidad que, si quiere la mayoría de edad, debe consultar el noticiario de las 19 horas?
En mis justificables ensueños, hasta imagino que esos opositores deberían ser los merecidos oficialistas. ¿No nos damos cuenta de una venturosa paradoja? Debo decirla, no creo que sea un gran descubrimiento: ¡ellos, los llamados opositores, son los verdaderos oficialistas, y nosotros, los llamados oficialistas, somos los que seguimos el rastro problemático de los pensamientos independientes que habitan la trama crítica de este momento político!
Fuertes organizaciones planetarias, poderosas gerencias de material simbólico universal, asistidas por los hechos indetenibles de una lengua interna al capitalismo de imágenes, componen la gramática profunda de la época. El Ser Oficialista Real.
Hay un oficialismo de época. Se hospeda en el lugar del “opositor”, con sus gallardetes morales, su invocación de las libertades, pero protegido en su gabinete de “fierros mediáticos” y munido de las nuevas retóricas de la derecha. Puede ser hasta “progresista”, pero su idea del tiempo, del espacio, de la naturaleza, del cuerpo, de la vida, de las imágenes, de la palabra, del espectador, del lector, de la comprensión del arte, de las filosofías del sentido, todo ello es de derecha, esto es, lo que antemano descarta reflexionar sobre sus poderes y soportes, sobre sus subyacentes escaños autobiográficos y, como antes se decía, sobre las condiciones de producción de la existencia.
Esta irreflexión los exonera: no son sospechosos de nada y exhiben las medallas del momento. Autopremiados. Sus roces con pantragruélicos funcionarios estatales son festejados por la platea de hombres huecos, de paja, atornillados a pseudo libertades. ¡Hasta pueden citar a Gramsci! Probablemente nos acusan. Nos ponen frente a lo que habríamos sido –¿entes incontaminados como ellos?–, antes de caer en las fauces del Leviathan.
Sin embargo, permítanme decirles: hay un oficialismo invertido, impalpable, que se llama “oposición” y que pertenece a un almácigo de poderes globalizados. No gobiernan por medios tradicionales sino por los invisibles rezos laicos de una Inquisición que imparte reglas de etiqueta y simbolismos de coerción universal. En cambio, los pobres gobiernos que comienzan a incomodar cuando muchas de sus partes albergan significaciones novedosas y socialmente imaginativas ven desencadenar en su contra la acción mancomunada de un ejército de sabuesos semiológicos del “vigilar y castigar”.
Son ellos los oficialistas de época, que atacan más a los moderados esfuerzos reparadores de los gobiernos populares que a los parapetos de mando total de un tiempo que sienten suyo. Se molestan por el titilante memorial boliviano de Evo Morales o la sincera pasión agonal del ecuatoriano Correa, pero ponen ceño de sentida admiración ante una gárgara amenazante de Prat Gay o algún lance de guionada, arrasadora obviedad de Sor Gabriela Michetti. Saben que allí, en esas puerilidades para sus públicos cautivos, residen verdaderamente los nervios económicos diversificados del horizonte planetario, las mutaciones tecnológicas que producen grandes cuadros de dominación, la fábrica burocrática de las imágenes seriales.
Son ellos, los oficialistas de un pensamiento mundial con sus alas de derecha y de izquierda. El panorama mundial es poco alentador, y en las recientes elecciones europeas triunfó un oscuro pánico y la indiferencia pusilánime. ¿Se podía esperar otro resultado? Se renuevan sorprendentes operaciones simbólicas de control tecnológico masivo, mientras estilos visibles de ópera bufa y folletín embuchan lo político. Escuchen: somos opositores a eso. Emerge una subjetividad amoldada a un mundo restrictivo, vitalmente empobrecido. No obstante, ese mundo destila lenguajes de éxtasis y augurio. Somos opositores a eso. Las grandes metrópolis del planeta, con sus tramas fantásticas de producción y circulación, parecen villarejos feudales en sus moldes estamentales. Somos opositores a eso.
En muchas circunstancias, algunas creencias políticas se refugian en mesianismos y compromisos sacrificiales. Pero como complemento invertido pueden ser también sustituidas por taumaturgos especializados en diseños ideológicos y consumos arquetípicos. Hace pocos días, un candidato de la elección argentina –De Narváez– llamó “mi comercial” a uno de sus anuncios electorales. Somos opositores a eso.
Atroces guerras no son cuestionadas con conceptos políticos, ni con cualesquiera otros del legado crítico universal, sino que se las considera fenómenos naturales. El plasma de violencia que proyectan sobre el resto del mundo y los condicionamientos con los que limitan la política son mansamente admitidos. Somos opositores a eso. Nuevos conceptos restrictivos oscurecen la vida de las poblaciones, pese a que los idiomas culturales recogen universalmente el cántico del individualismo posesivo. Somos opositores eso.
Un neofascismo urbano y rural, con sus antropologías del miedo, pueden solicitar en el mundo europeo a los viejos votantes de las izquierdas proletarias, espiritualmente vaciados. Somos opositores a eso. Aparatosos personajes combatientes surgen en candorosos moldes de luchadores sociales, pero con contenidos que portan el ultimátum neoconservador. En nuestros países representan a las derechas plebeyas de los pequeños propietarios agrícolas, de mentalidad feudalizada. Piden cercos y candados sociales. Son animosos patanes, trabuco en mano; nietos racistas de los que hace un siglo fueron los condenados de la tierra. Somos opositores a eso.
La forma anterior del capitalismo vio envejecer sus actos de dominio sobre la conciencia colectiva. El dominio social puede ser ahora una albúmina sutil de lenguajes que con un trasfondo de masacre se revisten de susurros amistosos. En general, los viejos campos nacionales, laborales, populares y fabriles se tornaron abstracciones que no dejan detectar fácilmente los poderes de los que dependen. Parecen evanescentes al encarnar pesadas formas de control e inspección que se asemejan a aceptables juegos de computación, ya olvidados de las ancestrales temáticas de la emancipación humana. Somos opositores a eso. Nosotros somos los opositores, nosotros podremos refundar la manera libertaria del ser público frente a los oficialistas de época, con todas las voces que a lo largo del tiempo lucharon por una sociedad liberada, entre las que se incluye por derecho propio la marchita, ahora “opositora”, cantada por Hugo del Carril.

viernes 19 de junio de 2009

"Llamado a la reflexión para un compañero cineasta" o "Pino : rescatate, no seas gato

Somos muchos los que nos asentamos en la convicción de que este 28 de Junio será un día histórico para nuestro país, en el cual se dirimirá si existe la posibilidad de seguir profundizando los cambios en materia política, social y económica que propone el kirchnerismo o si comienza una etapa de implosión del proyecto popular acompañada por una restauración neoliberal furiosa. Puede decirse, sin temor a equivocarse, que gran parte de ese etéreo sector del arco político nacional conocido como “campo popular” se encuentra alertado sobre lo que se juega, y ha dado su apoyo convencido (dejando de lado el timorato adjetivo de crítico) al proyecto oficial. Fuera del campo popular están, a no dudarlo, sectores de la izquierda testimonial insípida, de vertiente internacionalista vaga y derrota aceitada, por no hablar del disparatado conjunto de seudo maoístas que componen el históricamente impresentable PCR. Pero más difícil de ubicar -y generando un dolor de cabeza, varias rabietas, mucha impotencia e importante confusión- es la fuerza encabezada por Pino Solanas. Se que los partidarios del proyecto oficial están que trinan contra Pino y su proyecto: hay algo de traición indigerible, de bronca y de decepción ante sus acciones y dichos, que muchos consideramos increíblemente equivocadas y altamente funcionales a la restauración neoliberal. Pino juega hoy el rol de ultra de las urnas, comprometiendo la viablidad del proyecto por izquierdismo e intransigencia caprichosas que, por cierto, parecen impropias de un septagenario.
Sin embargo, debo decir lo que la nobleza y la honestidad de todo militante del campo popular obliga: las propuestas de Pino son acertadas, son superadoras, son necesarias. Parte de sus críticas son adecuadas. Pino tiene un discurso que podría ayudar a profundizar el proyecto nacional: recuperar la red ferroviaria, los hidrocarburos y la minería. También es cierto que gran parte de lo que Solanas ha propuesto con respecto a la recuperación del aparato de desarrollo científico-tecnológico, con respecto a los astilleros y otras demandas, son puntos que el actual gobierno ha manejado muy bien y que, si es honesto, deberá reconocer que son, al menos, aceptables.
Si Pino esgrime propuestas imprescindibles, lo hace desde el lugar equivocado. Como dijo Heller, con toda razón y con una lucidez que los integrantes de Proyecto Sur parece no tener: “Si pierde el gobierno, lo que viene es Macri, no Pino”. Y esta es una verdad emergente clarísima como anticipo de un probable futuro. Pino parece decir lo que corresponde en el lugar y en el momento inadecuado: socavando parte de la base de apoyo progresista y nacionalista del gobierno por izquierda, contribuyendo a la consolidación de la alternativa neo-menemista encarnada en Macri-De Narvaez. En todo caso, aun cuando una parte mayoritaria de sus votos no le correspondan ideológicamente - porque provienen se la clase media porteña mas conservadora, pacata, “honestista” y únicamente pro-Pino por ser anti-K, pero avergonzada de sus fascismo reprimido- Pino contribuye a golpear al proyecto Nacional en el segundo distrito electoral del país. Esto, por si solo, alcanzaría para convertirlo en un traidor; sólo lo salvan sus antecedentes y el respeto gigantesco que su vida de lucha ha suscitado. Pero Pino está empeñado en arruinar su biografía. No es un chiste: este bicentenario nos encuentra dirimiendo el futuro nacional y el del continente ¿Cómo cree que lo mirará Latinoamerica, si en 2011 es la tercera fuerza que ayuda a derrotar al kirchnerismo y a consolidar la arremetida neoliberal? El vedettismo y el capricho no pueden despertar indulgencia, los errores políticos lastiman y duelen tanto o más que las canalladas y las traiciones; Pino está pateando en contra de la historia y está lastimando el proceso político más importante en términos de redención social, soberanía nacional, integración continental y desarrollo que ha tenido el país desde 1955 para acá. Habría que preguntarle si todo eso es tan poca cosa como para atacarlo de la forma en que lo hace. Y si no está de acuerdo, que lo diga: ¿Kirchner es lo mismo que Ménem? Entonces Pino es un analfabeto tan burro como cualquier fascista a la escucha de radio 10. No creo que sea así, no quiero creerlo.
Pero la locura de la campaña lo ha llevado a la irracionalidad y al epíteto desmedido, y está cometiendo un gravísimo error. Como compañero del campo popular, quisiera que reflexionara. Quisiera que recuperásemos la gran esencia de la militancia política y diéramos la discusión sin caer en el agravio ni en el despecho histérico: Pino se equivoca, y la Historia le puede pasar factura por sus errores, a no dudarlo.
Entiendo que el compañero ha perdido la visión de la historia y ha quedado enfrascado en el poco aconsejable entorno de su propio ego de cineasta. También entiendo que las campañas aceleran demasiado las cabezas, aumentan la adrenalina y llevan a sesgos y vicios que luego, analizándolos en retrospectiva, se juzgan erróneos. Confío que esta no puede ser la jugada de Pino para el 2011: sería demasiada decepción; un error de dimensiones históricas demasiado injusto con la historia de este luchador respetado, admirado y querido por muchos.

jueves 18 de junio de 2009

Un verdadero idiota


A veces parece un provocador con oficio, pero cuando lo vemos embarrarse en el fárrago de sus propios dichos y recular dificultosamente como gorda con chancletas, tratando de explicar sus desatinos, nos damos cuenta de que es, lisa y llanamente, un minusválido mental.
Ayer, De Angelis dijo, muy sueltito de cuerpo: "Hay que juntar a los empleados en las estancias, subirlos a la camioneta y decirles a quién hay que votar".

Hoy trato de explicarlo: "Hay empleados que están a 30, 40 kilómetros de donde votar, y que no entienden (la situación del sector). Por eso hay que llevarlos a votar, y explicarles por quién no votar, por una cuestión de seguridad laboral".


"Yo me expresé mal y me entendieron peor. Lo que digo es que si gana este gobierno se profundiza el modelo, y entonces va a haber más desocupación y las tranqueras se van a cerrar". Sin embargo, no se ha expresado peor que otras veces, y lo hemos entendido perfectamente: es un demócrata ejemplar, de los que almuerzan con Carrió en lo de Mirtha, boqueando a jeta llena sobre la democracia y la justicia, entre milanesas de 90 pesos y tinto abundante. Si no, lean estas declaracione conmovedoras: "A mí, de chico, mi padre me enseñó la democracia y la libertad de expresión" y me mandaba "a sacar a los peones de los pantanos a votar". (¿Vivía empantanado el peón? ¿O se empantanaba los sábados?) Lo cierto es que Alfredo, el gran salvador, se expresa y piensa con la osadía de un gran patrón de estancia que se siente dueño de la vida de sus empleados y dueño del país como si fuese su estancia. Por eso dice la primer pelotudez que le viene a la boca y por eso se cree legitimado para hacer cualquier barbaridad. Y no faltan los canallas que lo aplauden...


Otro de los improperios indigeribles de este energúmeno, que ya habló de armas en manos de chacareros (por menos que eso Galimberti le tuvo que dar explicaciones a Perón), de lomos de 80 pesos y de patriotismo con Biondini, además de llamar pelotudo al ex presidente y futuro diputado Néstor. Y de pintar de negro un busto de Evita, recuerdo para avivar la llama del odio peruca por este salame.


Elisa y la liga de los republicanos ¿Dirán algo por la brutalidad petardista de su gran aliado en la salvación de La Patria y la República?

miércoles 17 de junio de 2009

Necrológicas

Peña:
yo te odiaba.
eras un racista asqueroso. un transgresor de cuatro pesos. un charlatán. un mal tipo.

Q.E.P.D

martes 16 de junio de 2009

Bombas



Nunca lo olvidaremos: aquel día mostraron la fuerza de su odio, su fiereza y su salvajismo genocida.
Ese día dieron un bárbaro anticipo de lo que harían más tarde en los basurales de Jose León Suárez, o en el 66, o en Trellew, o en el 76, o siempre que el pueblo estuviera dispuesto a luchar hasta el final por ideales de justicia.
Nunca lo olvidaremos. Hay cientos de rostros anónimos reclamando memoria.
Decenas de marinos fueron a misa y recibieron bendición por su patriótica masacre de civiles de parte de gustosos cómplices de sotana: Cristo Vence, decían. Tal vez Cristo lloraba; el pueblo lloraba.
Nunca los olvidaremos. Ni a los muertos ni a sus asesinos. Todos tendrán lo que merecen.

domingo 14 de junio de 2009

En La Pampa los KIRCHNERISTAS votamos al Frente Amplio

Porque es la única fuerza que acompaña el proyecto nacional y popular, diferenciándose claramente del oportunismo y la mezquindad traidora de Verna.

La campaña de Verna propone "defender a La Pampa"...¿De quién? ¿De los traidores como Verna? ¿Defenderla del gobierno nacional con el cual la provincia ha progresado como nunca en su historia? Esta traición hace que muchos peronistas de La Pampa acompañemos al frente amplio.

martes 9 de junio de 2009

Si yo votara en Buenos Aires...

Por la derogación de la infame ley “Banelco” de flexibilización laboral, llevada adelante por la Alianza Radical.

Por los aumentos en las jubilaciones y la movilidad jubilatoria

Por la recuperación del Correo Argentino (de Mauricio el hombre nuevo que nunca estuvo en política)

Por la recuperación de Aerolíneas Argentinas y de la Fábrica de aviones de Córdoba.

Por los 1800000 jubilados que pudieron llegar a esa condición a pesar de tener aportes parciales

Por la reducción del desempleo (de 25% a 8%)

Por la recuperación económica y la recuperación de los sueños

Por los 46 mil millones de dólares de reservas (partiendo de 9 mil millones en 2003)

Por los créditos para la construcción

Por los miles de planes de vivienda en todo el país

Por la redistribución del ingreso

Por haber recuperado los miles de millones de dólares de manos de los pulpos financieros disfrazados de AFJP.

Por la ley de medios

Por haber llevado el presupuesto educativo de 1,2 % a 6% del PBI

Por el fin de la impunidad genocida, la recuperación de la AMIA y por Vendini bajando el cuadro de Videla

Porque se terminaron las pesadillas del “riesgo país”, el “FMI” y “el ajuste fiscal”

Por el blanqueo de millones de trabajadores, incluidas las empleadas domésticas

Por el apoyo a la cultura nacional´

Por el ministerio de ciencia y técnica

Porque, como lo soñaron tantos, estamos mirando hacia América Latina y no hacia el imperio

Por las escuelas industriales

Por las paritarias

Por haber recuperado el sistema de investigación y desarrollo tecnológico (CONICET, INTA, INTI)

PORQUE NO HUBO REPRESION A NINGUNA MANIFESTACION NI MUERTOS EN LAS RUTAS, A PESAR DE LA INTOLERANCIA Y EL SALVAJISMO RURAL

Por las 650 escuelas

Porque un docente universitario gana lo que tiene que ganar

Porque si del otro lado está la Sociedad Rural, La Nación, los defensores de los genocidas, Pando, Grondona, Longobardi, Morales Solá, Ménem, Barrionuevo, Rodríguez Saá, Carrió, la UCR y Franja Morada, Clarín, Fontevecchia y toda la lacra antipatria, yo se bien donde debo estar

Porque si de este lado están Casullo, Feinmann, Verbitsky, Barone, Forster, Horacio González, Pigna, Dolina, Paenza y mucha gente tan o mas valiosa, yo se bien donde quiero estar

Porque cada vez que escucho a los radicales y Macri, me doy cuenta de que no me equivoco

Porque creo y seguiré creyendo que lo que está mal se puede cambiar y se puede mejorar

Porque no quiero volver a los 90



lunes 8 de junio de 2009

Carta de Norberto Galasso a la clase media Argentina

"No lo van a engañar con las pavadas de si Cristina cambia o no de cartera todos los días o si Kirchner vocifera en vez de persuadir. A ellos les molesta el gobierno por sus aciertos y no por sus errores, y prometen una Argentina venturosa, cuando tienen el proyecto de hacernos volver a los 90.Porque aquí, mi amigo, se están jugando cosas mucho más importantes que las chicanas que maneja la oposición, precisamente porque no puede desnudar públicamente su proyecto de regreso al pasado: que si el gobierno no hace reuniones de gabinete, que si Néstor influye sobre Cristina y otras “zonceras” en las cuales usted y yo no podemos detenernos cuando la cuestión central reside en cómo nos defendemos de la crisis mundial que va alejar de nuevo a los clientes de los comercios, que va a cerrar de nuevo los horizontes de los jóvenes si vuelven aquellos que fueron responsables de que la Argentina estallara en el 2001"

Carta completa AQUI

viernes 5 de junio de 2009

De por qué soy peronista

Leía a Aristóteles, su libro La Política”, (si, a veces leo a Aristóteles, he’s so cool!) y notaba, sin sorpresa, que en este asunto ya está todo inventado, como que en política el agua caliente se descubrió hace rato (vamos el 10 para mañana). El asunto sigue siendo la decisión de algunas cuestiones que hacen a los intereses colectivos: la discusión en torno de la propiedad pública o privada (La República, Platón, más de 2000 años ago, viejo), la distribución del poder, la pugna por el poder, la distribución de la renta, etc., pero no muchos etc., casi eso y un poquito más y nada más. La política es el asunto rey de los problemas terrenales; por encima de ello la incierta y apasionante metafísica. Sin embargo, este gil nota esto, y ciertos dirigentes no parecen notarlo. Yo me había propuesto castigarlo a Valderrama, ya que darle a los radichets parece demasiado fácil, pero no puedo evitarlo: ¿Han entendido, o tienen una remota (reputa) idea de lo que es la política los señores y señoronas de el contubernio cívico y social?

Verlos enfrascados en la persecución deslegitimadota, tratando de impugnar listas como si estuvieran jugando una elección de centro de estudiantes, tratando de focalizar la discusión en torno de los gastos de campaña, o haciendo anuncios agoreros que son más propios de periodistas o de espectadores que de dirigentes proactivos, da lástima y provoca desazón. Son una banda de improvisados guiados por el odio y avalados por la caradurez.

Y Valderrama y los chicos pro, haciendo spots motivadores tipo Caruso Lombardi, basando sus esperanzas de triunfo en un mensaje de impotencia (somos tan pocos que ni contar los votos podemos), y el boludo de Del Carril pretendiendo que dejemos de cantar la marchita – que no le pertenece a él ni a su padre, ni siquiera a Perón; tan solo al pueblo, a la historia y a la utopía- y una jueza Buruburuburubudía dándole tanta paja a la vida…

Y yo, enfrascado en un friday night wine, me doy cuenta porque soy y seré peronista, y porque soy kirchnerista.

jueves 4 de junio de 2009

Confirmado: caminar no sería ni en pedo algo bueno para la salud


Cagó la fruta David Carradine

Kung Fu relata las aventuras de un monje Shaolín llamado Kwai Chang Caine (intepretado por David Carradine en su situación de adulto), que viajaba a pata través del viejo oeste de los Estados Unidos usando como únicas armas su destreza en artes marciales y la fuerza interior de su filosofía, buscando a su medio hermano.

miércoles 3 de junio de 2009

El verdadero Tatoo del Colo en el cogote

"Admiro a Cogote desde sus tiempos al frente de la campaña del tío"
"Tengo uno de Galimba en el pubis"
"Salvo la operación traviata, me cabieron todas las de la M"

No tengo dudas - Por Orlando Barone

Mientras las madres y abuelas de Plaza de Mayo estén junto al gobierno no tengo dudas. Mientras sigan apareciendo hijos de desaparecidos recobrados, no tengo dudas. Mientras haya quienes sigan vivando a los represores, no tengo dudas. Mientras los gobiernos de Latinoamérica estén cada día más ligados a la Argentina, no tengo dudas. Mientras la jerarquía de la Iglesia sea más afín al mensaje de los opositores que al mensaje del gobierno, no tengo dudas. Mientras el FMI esté allá pero no aquí, no tengo dudas. Mientras la extrema izquierda se vaya tanto a la izquierda que termine en la derecha, no tengo dudas. Mientras la derecha se indigne porque considera a este gobierno de izquierda, no tengo dudas. Mientras la Mesa de Enlace se sonría victoriosa rodeada de porotos de oro, y los gurúes de la City auguren inminentes cataclismos, no tengo dudas. Mientras haya tanta libertad que se pueda decir que el oficialismo hace todo mal y que lo seguirá haciendo mal, no tengo dudas. Mientras se pueda caricaturizar con libre albedrío a la presidenta y su marido en el lecho conyugal, no tengo dudas. Y si a esas caricaturas del matrimonio las incluyen en un film “porno”, menos dudas tendría. Mientras la iluminada Casandra augure que la Argentina “podría desaparecer del mundo civilizado”, no tengo dudas.
Mientras gran parte de la sociedad democrática se expresa públicamente día y noche, en la vigilia y en el suelo contra el gobierno no tengo dudas. Mientras la luz y el gas no se apaguen, y no se seque la nafta, y no colapsen los radares, los aviones y los trenes sin hacer caso de las profecías, no tengo dudas. Mientras los jubilados de antes y los de ahora cobren normalmente con plata como todos los trabajadores, no tengo dudas.
Mientras quienes se reconocen progresistas, pero están contra el Gobierno, posan incoherentes en la foto junto a los no progresistas históricos, no tengo dudas. Mientras haya aquí patriotas aterrados porque una empresa multinacional argentina es estatizada en Venezuela, y esos mismos patriotas ni siquiera se inquietaron cuando fue privatizada toda la Argentina, no tengo dudas. Mientras de un lado esté Marcos Aguinis y del otro José Pablo Feinmann; y de un lado esté la Tribuna de doctrina y del otro Carta abierta de los intelectuales, y de un lado estén Blumberg, el rabino Bemberg y el gatillo fácil, y del otro las garantías y el juez Zaffaroni; no tengo dudas.
Eso sí: tengo dudas de no tener dudas. Pero la oposición, paradójicamente, me inspira certidumbres. Sí, certidumbres opositoras contra las certezas de los opositores.

lunes 1 de junio de 2009

Doblada


La deglución forzosa de tarugos doblados puede producir en el ingiriente un profundo malestar e impotencia. Tal sintomatología se hace patente en la gradual profundización del braguetirrostrismo asqueado que el medio pelismo nacional gorila exhibe. La ampliación de las diferencias existentes en intención de voto a favor de Néstor Kirchner provoca un desconcierto solo equiparable a – y perdonen que aquí me aleje un poco del tono académico- la súbita introducción sorpresiva de un palo en el orto. Antes incapaces que faltos de voluntad para el análisis, los mediopelingos callan y rumian su impotencia, mientras reinciden en mamarrachos intelectuales, cuando no explicaciones de fantasía para el país que odian y no quisieran ver: Argentina, ese pequeño apéndice austral del continente, donde millones de personas encontraron durante el naufragio de su pobreza un salvavidas del que prenderse, que se llama Kirchnerismo o, por qué no, Peronismo redivivo modelo siglo 21.
La tapa de Perfil que encabeza este post es un reflejo acabado de este orden de cosas: más que nunca, vendrá la hora de las deslegitimaciones. Si ayer unos cuantos pelagatos de repetido fracaso electoral, ánimos fascistas, odio racista e irracionalidad manifiesta pudieron confrontar y exigir la renuncia de una presidenta con menos de 6 meses de gestión ¿Cómo esperar que no lo hagan luego de una campaña atroz e inédita de deslegitimación sustentada en el concurso militante y bárbaro de los medios de comunicación? ¿Qué otra cosa que la búsqueda tumultuosa del caos les queda, siendo que hasta sus “referentes” políticos son de una esterilidad de poder inefable? ¿Cómo soportarían les bienpensantes este disparate (dispárate) de la democracia: el triunfo de la fórmula macabra (y testimonial)?
Una frase hecha y archi repetida: un fascista es un pequeñoburgués asustado.
Un recuerdo: un pequeñoburgués asustado y fascista y convencido golpeaba otrora las puertas de los cuarteles ¿Qué no harán ahora? ¿Qué no harán, después de sacarse el palito del upite?