La cuestión ambiental parece no ser parte del ADN del militante nacional y popular. Tal vez porque se sospecha que detrás de tal preocupación se mueven hilos de intereses espurios, que pretenden condicionar el desarrollo de los países subdesarrollados. Tal vez porque se lo asume como un snobismo propio de los países centrales, que no teniendo de que ocuparse, despliegan un drama de paisajistas deprimidos ante la inminente extinción de los osos o la desaparición de las “lovely rain forests”. Tal vez porque algunos de nuestros abrevaderos teóricos están un poco vetustos, y la novedad ambientalista no se encuentra en Cooke ni en Hernández Arregui. Y puede ser que todo esto sea cierto, pero aun así no alcanza: no se puede negar o minimizar una problemática que afecta al mundo entero, condena al hambre y a la miseria a millones y significa una de las estupideces más dolorosas e irremediables que haya perpetrado el hombre.
Detrás de la causa ambientalista, hay una excusa perfecta para ser antiimperialista, o en todo caso para remarcar el costado más inicuo de la situación actual: la amplia mayoría de las emisiones contaminantes y de efecto invernadero, provienen de los países centrales (Europa, Canadá y, sobre todo, Estados Unidos). La mayor parte de los recursos no renovables que se consumen en el mundo alimentan las fastuosas vidas de un mundo central velado a los miserables habitantes de la periferia, a fuerza de muros, balas y leyes racistas. Y las consecuencias de este derroche nefasto de la sociedad de consumo –excluyente en su festín, incluyente en su descalabro- se pagan en todo el mundo. Y el precio no es el mismo: algo me dice que un centro de esqui sin nieve en Suiza no es tan grave como una cosecha perdida en el Africa Subsahariana, que una inundación en Nueva Orleans tiene menos consecuencias que en Haití.
El asunto podría resumirse así: mientras el estilo “occidental” e individualista de vida se desarrolla, muestra cada vez más su cara selectiva y expulsora, pero socializa sus miserias y las consecuencias de su descontrol absoluto. Ojo: también los países menos desarrollados tienen sus islitas de desarrollo interno (clases acomodadas) que consumen – es decir: destruyen- por lo que no consumen millones de excluidos. Por suerte en el mundo hay pobres que alivian nuestra conciencia sumándose a la estadística para morigerar el escandaloso promedio de consumo y contaminación per capita.
Pequeña digresión: los países sub-desarrollados deberíamos ir asumiendo el significado de tal calificativo: ¿podemos seguir corriendo tras la zanahoria de un desarrollo al estilo clásico del capitalismo yanqui y europeo? Parece que el planeta no anda con ganas de soportarlo.
Volviendo a Copenhague: allí están reunidos los que tienen que tomar el toro por las astas y salvarnos/se del desastre. Nadie les rogará que terminen con la jodita destructiva, terminará siendo una imposición del hombre excluido y de la naturaleza herida. Esperemos que no se aviven demasiado tarde.

2 comentan por ahí:
Como en casi todo uno se forma una opinión más temperamental que racional. Pero de purrete me acuerdo que de un día para otro se puso de "moda" algo que era la ecología, se hablaba de reciclar y de la responsabilidad de cada uno en el "amor" al planeta. No faltaba el pancho que se sacaba si tirabas un papel en la calle o un pucho en la playa, esa especie de niño que acaba de aprender qe con la "comida (de Dios, no por que le falte a otros) no se juega".
Gastón Pauls, Natalia Oreiro y que se yo quien de estas personas participan en capañas de greenpeace, pero ni en pedo en causas de los humanos de hoy, paradójicamente en la de los embriones de mañana.
La cosa es como decís vos, son los polñiticios, los poderosos los que tienen que tomar una medida que ya están tomando (porque esto si afectará más allá de la clase social), son los poderosos los que tiene que dejar de fabricar armas y destinar millones y millones.
¿Hay que hacer cosas? si. Pero es todo contradictorio, una sociedad que se basa en el fomento del consumo, un mundo militarizado, y con gente como nimo o sanfilippo ¿qué se puede esperar?
este blog pampeano es de lo mejor.
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