Entender hoy los procesos políticos de los años 70 sin que la lente deformadora de la retrospectiva altere la realidad de las concepciones, estímulos y motivaciones de entonces, sin que el presente prepotente nos nuble el entendimiento y nos contamine la postal, es tarea difícil o tal vez imposible. Entender lo actuado por la iglesia en aquellos años de acción revolucionaria y reacción represiva, requiere paciencia, razón y tripas fuertes, en particular para aquellos que practican el culto católico. No es mi caso: he salido inmune de bautismos y catecismos, prácticas culturales que se sostienen desde lo social más allá del cumplimiento efectivo del dogma cristiano (Los niños deben ser bautizados, aun cuando desconozcan cuantos evangelios contiene el nuevo testamento o no puedan precisar un solo detalle de la buena nueva cristiana).
La iglesia enfrentó el proceso revolucionario de los años 60 y 70 como a un hecho disolvente que la amenazaba profundamente: lo mismo entendió la burguesía nacional e internacional. Por eso no es nada extraño que liberalismo económico conjugara con cristianismo ferviente y nacionalismo simbólico en la mente de aquellos militares decididos al genocidio. Porque la iglesia era uno de los puntales ideológicos más fuertes en la lucha represiva. Y fue también parte protagonista, legitimadora en aquel entonces, y cómplice del silencio aun hoy. Razón, pasión y acción: para apuntalar los argumentos con nociones absolutistas que todo lo justificaban, para atizar el núcleo de fanatismo violento latente en la historia de nuestras fuerzas armadas y para brindar infraestructura y recursos humanos al proceso represivo. Todo esto es perceptible en el libro de Verbitsky: una obra breve que antecede a su tetralogía (Cristo vence, La violencia evangélica, Vigilia de Armas y Doble Juego), cuyo título tiene un doble significado: por un lado, es el nombre de una quinta ubicada en el delta, propiedad de la iglesia, que la marina utilizó como campo de concentración provisorio para esconder a los detenidos durante la visita de la comisión interamericana de derechos humanos de


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