Nueva ley de radiodifusión: puntinazo al corazón del avispero. Y se sabe: si la avispa sale enojada y en patota (que es como salen las avispas), sale con ganas de matar a picotazos. Con ruido, con bronca estruendosa y agresiva, con una leche recontra cortada y agria, así salieron los muchachos desde que, hace mas o menos un año, la idea de una nueva ley que regulase la distribución de los espacios en “los medios” se instaló en muchas seseras. Todo se mezcló con el conflicto chacarero y con algunos errores de comunicación y cierta prepotencia de nuestro gobierno. Entonces entendieron que era la hora de desatar la ofensiva, y lo hicieron con una violencia y una alevosía tan grosera, que fuimos muchos los que, por virtud del espanto antes que por amor a la camiseta kirchnerista, nos volcamos a la defensa de la política oficial: simple como una inclinación a la defensa de los más débiles...defender, nada menos que a un gobierno, de la ofensiva del gran poder perenne de la Argentina, antes, durante y después de la dictadura: los -eufemísticamente denominados- medios de comunicación. Escribo eufemísticamente denominados, porque me cabe una denominación mucho mas concreta y cierta: en vez de medios de comunicación debería llamárselos medios de información, de uniformación o de ingeniería intelectual masiva. Porque “los medios” son constructores de conciencia, proponedores (y ocultadores) de temas de agenda de discusión, hacedores de opinión y de ideología. Y siendo dueños de tan inmenso poder, no pueden menos que utilizarlo en provecho propio. Porque “los medios” tienen sus “fines”: negocios millonarios vinculados a la información, o al agro, o a la venta de autos, o a la venta de imágenes e imaginarios, o a la venta de espacios y tribunas para la diatriba y la campaña política. El riesgo de perder esto es lo que los ha puesto de punta en estos tiempos que corren.
No se lo digan a nadie, pero a veces pienso que el Kirchnerismo –este peronismo del siglo XXI, con tantas revindicaciones concretadas y tanto escarmiento a los traidores y a los vendepatrias- se terminará tarde o temprano. En tal caso, quisiera que dejara algunos cambios imprescindibles en el país: tumbar la prepotencia de los grandes monopolios informativos (etimológicamente algo así como “dar forma”, casi como “moldear”) sería un aporte sustancial y valiosísimo, un verdadero salto al futuro. Porque aportaría a un anhelo ideal, que posiblemente nunca se cumpla, pero que necesita como condición sine qua non el fin del dominio de la palabra y la comunicación por parte de los grandes grupos empresariales: la libertad de pensamiento y el derecho a decidir lo que se piensa mejor de acuerdo a los intereses de cada uno. Mientras los canallas dominen el espacio comunicacional, estamos al horno, y todo seguirá con “total normalidad”.
domingo 29 de marzo de 2009
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