miércoles, 17 de diciembre de 2008

No pueden contra un zapato

No pueden contra un zapato
Contra el proyectil de cuero y suela que parte
con el mensaje de la dignidad de los pueblos,
no pueden nada
Contra la humeante centella de verdades
que en su vuelo deja estela de coraje y rebeldía
-es decir: otro zapato-
nada pueden
Ustedes pueden -su armamento puede-
Arrasar el mundo una vez, dos veces,
diez veces,
treinta veces
Y no pueden mas que esquivar
un zapato, dos zapatos
¿Qué harán ahora, señores?
¿Un escudo misilístico preventivo antizapatos?
¿Incluirán en la lista
de peligrosas armas químicas
a los zapatos? (Pregunto: ¿Al izquierdo o al derecho o a los dos?)
¿Requisarán a aquellos
de inconfundible rasgos orientales
o latinos
o marxistas
o negros
o a aquellos que tengan gesto de “enemigosdelosestadosunidos”
y del estilo occidental de life,
entonces quitándoles sus zapatos en los aeropuertos
detendrán el zapato-terrorismo?
¿shoe-terrorism, digo yo?
¿Son estos zapatos voladores y rebeldes
-el derecho, y sobre todo, el izquierdo-
una nueva maniobra deleznable del comunismo tiránico
o del terrorismo fundamentalista islámico?

Ay señores,
No pueden
Contra un zapato
Un zapato que ha pisado la tierra ensangrentada
El polvo del destrozo injustificado
La tierra babilónica regada por la lágrima

Pueden arrasar (nos) y arrasar (se)
y si luego – como consumidores exigentes que son-
no quedan conformes
pueden volver a pulsar el botón y volver a arrasar nuestras cenizas
Y no pueden, no podrán
Contra un zapato

Golpes y maltratos para el periodista del zapato

Afirma hermano de 'periodista del zapato' que ha sido maltratado
EFE

Muntazer al Ziadi, el periodista del canal de televisión Al Bagdadía que arrojó sus zapatos al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, ha sido maltratado desde su detención, según afirmó su hermano a la cadena pública británica BBC.

Al Ziadi tiene una mano y varias costillas rotas, hemorragias internas y una herida en un ojo, a consecuencia de los golpes que ha recibido tras ser detenido por lanzar sus zapatos a Bush durante una rueda de prensa en Bagdad, según dijo Dargham, su hermano mayor.

Según esta versión, que no precisa qué tipo de contacto han establecido el periodista y su hermano, Muntazer al Ziadi podría haber sido trasladado en las últimas horas a un hospital militar estadounidense de Bagdad para ser atendido de las citadas lesiones.

Pese a las muchas ofertas que ha recibido para ser representado, Dargham explicó que a su hermano no se le ha permitido tener acceso a un abogado desde que fue arrestado por los hombres de Mowaffaq al Rubaie, el asesor nacional de seguridad del Gobierno de Irak.

Las autoridades de Bagdad no han precisado qué cargos se le imputarán al periodista, pero aseguraron que será procesado por la Justicia iraquí y no por la estadounidense.

El lanzamiento del calzado fue premeditado y no una acción espontánea, aseguró Dargham, quien detalló que su hermano eligió deliberadamente unos zapatos fabricados en Irak y que los compró en una tienda de la comercial calle Al Khyam de la capital iraquí.

Al Ziadi lanzó sus zapatos contra el hombre que ordenó la invasión de su país en marzo de 2003 al grito de: "esto es un beso de despedida del pueblo iraquí, perro".

ayam

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cuba: el terrorista Posada Carriles y la protección yankee


El 6 de Octubre de 1976, el avión cubano CU-455, de la aerolínea “Cubana de aviación”, fue víctima de un atentado terrorista cerca de las costas de Barbados. En el funesto episodio murieron 73 personas, la mayoría de ellas cubanas, incluido el equipo juvenil de esgrimistas, aunque también perecieron cinco diplomáticos norcoreanos. Existe una abrumadora evidencia de que el ataque fue ideado por la mafia contrarrevolucionaria cubana dirigida por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Los autores materiales – pusieron una bomba en el baño del avión- fueron dos venezolanos vinculados al terrorismo anticastrista: Freddy Lugo y Hernán Ricardo. Este último, al ser detenido junto con Lugo mientras intentaban fugarse vía Trinidad y Tobago, confesó la autoría del hecho y vinculó directamente a Posadas y Bosch. Los cuatro implicados estuvieron detenidos unos años, y luego de una grosera operación de desaparición de pruebas y deslegitimación de testimonios, pudieron escapar en el año 1985.
Posada Carriles y Bosch fueron parte de los grupos oligárquicos que intentaron la contrarrevolución en el Escambray, así como integrantes de los grupos cubanos financiados por la CIA durante el gobierno de Kennedy que llevaron adelante la invasión de Bahía Cochinos, pulverizada por el pueblo cubano.
Además, Posada fue agente de la CIA y asesor militar del gobierno Venezolano durante más de una década. Ligado fuertemente a Pinochetismo, participó en el asesinato del General Pratts en la Agentina, además de haberse atribuido múltiples atentados menores en contra de objetivos cubanos o procubanos a lo largo del mundo. Sirvió también en la contrarrevolución nicaragüense en los años 80.
Desde el año 2005, Luis Posada Carriles permanece protegido por la CIA y el gobierno en territorio Norteamericano, a pesar de la abrumadora cantidad de pruebas que demuestran su condición de terrorista consumado: muchos de los terroristas perseguidos por Estados Unidos parecen niños de pecho si se los compara con la amplia foja de servicios a la muerte que tiene Posadas. Sin embargo, existe una diferencia fundamental, que justifica su protección por parte de los EEUU: Posadas actuó siempre al servicio del gobierno norteamericano. Esto, al parecer, es suficiente para que se lo exonere de todo delito, por calamitoso que sea.
En estos tiempos en que tantos latinoamericanos se ilusionan con la posibilidad de que el nuevo gobierno demócrata reconstruya sus relaciones con los “enemigos de Estados Unidos”, sería imprescindible, para justificar esta ilusión, que Posada fuese extraditado para ser juzgados en Cuba o en Venezuela. De otra manera, será muy difícil creer en un verdadero interés yankee de reintegrarse en un plano de igualdad al concierto de naciones americanas y se derrumbará lo poco que queda del credo minoritario de que no son los norteamericanos los principales agentes del terrorismo internacional.

martes, 9 de diciembre de 2008

Trollismo o militancia : la disyuntiva entre el ser nacional y el ser choripán

Cunde la inceretidumbre en las filas del libreprensismo empresarial gorila de la Argentina
¿Qué son los trolls K? ¿Qué son estas figuritas novedosas del ciber espacio, que actualizan cotidianamente sus blogs con fárragos pintorescos, textos surrealistas, noticias apócrifas, imposibles hallazgos de archivo, prosa Jauretcheana y mística peronista tardomoderna? El análisis – tan pobre como inevitablemente ha de ser aquel que nazca del intelecto de estos periodistas posmo, egresados de universidades ficcionales y con menos discusión política que Doña Rosa- se limita a la eventual deslegitimación de los trolls: serían rentados por el gobierno. Allí empieza y termina el amplio y complejo tejido de inteligencia. Si fuesen rentados – cosa que creen o quieren creer-, fácil sería explicar, desde una lógica clasemediera de pobre vuelo, su accionar constante y comprometido, su fe (supuestamente impostada) en las posibilidades del gobierno de reconducir los destinos del país hacia una nueva consagración popular, su militancia cibernética actualizada diariamente. Si no lo fuesen, mejor callar y ocultar.
Lo cierto es que se entiende por troll K a todo aquel que intenta expresar – fundamentalmente por medio de comentarios en los medios de comunicación masivos y gorilas- una opinión favorable al gobierno nacional. Esto plantea una dificultad mayúscula a la construcción ficticia de la realidad que realizan los medios, que intentan reflejar desde sus páginas la existencia de un clima de total hostilidad popular respecto al gobierno. Sea la aparición de miles de militantes en una plaza, sean 8 millones de votos en las urnas o sea un gil anónimo que desde internet propone una visión conflictiva respecto a la de la prensa monopólica, los medios demuestran su impotencia confrontativa en el plano de la discusión y atinan apenas a intentar socavar la legitimidad – sentimental o intelectual- del opositor a sus ideas: son rentados, son sucios, son mercenarios; peronistas y choripaneros. Son el hijo indeseado de la sucia política.
Yo coincido con muchos de los que realizan críticas de forma a los blogs: muchos de ellos (este en especial) son discontinuos, desordenados, muchas veces aburridos y a veces ilegibles. Sin embargo, hay otros que merecen reconocimiento por su lucidez y su capacidad analítica. Y aun los malos tienen momentos o chispazos de creatividad atroz, rompiendo claramente con prisiones de estilo y avanzando por espacios creativos, ya no desde la lógica impoluta y apolítica de quien propone la existencia de un espacio de neutralidad política u oposicionismo rentable, si no desde el compromiso militante de sostener un gobierno que, con errores innegables, le ha dado a millones de argentinos una esperanza que hace apenas 8 o 10 años hubiera parecido una utopía casi demencial. La sola recuperación en clave de humor de aquellos discursos insustanciales que cultiva la clase media,-“todos los peronistas son vagos, todos son burros, todos son ladrones” y “se mueven por un choripán y un tetra”- propone un desafío a la visceralidad cegadora de quienes propalan diatribas baldías y falaces en contra del movimiento popular: aquí hay gente que piensa, que se ríe, que convierte la angustia ante los ataques arteros y la campaña desestabilizadora en humor y reflexión. Aquí -trolleando o militando, lo mismo da- unos cuantos tipitos atacan con palabras que , si se comete la torpeza de compararlas con los comentarios escritos por los “cultos lectores del diario La Nación” o por los “reservistas de la moral que leen Perfil”, dejan al descubierto cuan lejos de la inteligencia y la razón pueden estar los nacionales blancos, educados y pitucos y cuantas veces desde el barro de lo popular emergen –sobre todo ante las crisis o conflictos- disparos de creatividad cegadora y analítica quirúrgica.
Pero lo fundamental del caso, es que aquellos que tantas veces desde su tribuna de “libertad e independencia periodística” han propuesto la necesidad de renovar las formas y los espacios para la participación democrática del pueblo, hoy parecen verse molestos ante la posible existencia de militantes reales desde lo virtual, inorgánicos pero coherentes, desconocidos entre si pero hermanados en la persuasión de que el enemigo que acecha tras diarios, canales, radios y espacios políticos opositores, es el mismo que a punta de bayoneta mercadista llevó al país al borde del abismo. Se percibe el prurito, la molestia, el desagrado, ante seres que se obstinan en desacatar la prohibición –real, esta más que ninguna otra imposición autoritaria del gobierno- económica para sostener una revistita o un diario. Vale decir: jode que haya tipitos que escriben gratis, que cuestionan la falacia y denuncian la mentira de los medios “libres e inmaculados” de la argentina.
Ser un troll K o un militante cibernético o un choripanero puntero de Unidad Básica virtual es en estos días un arrebato de dignidad y convicción: es pugnar por la restitución de la fe en la democracia y obstinarse en la convicción de que no es el pueblo humilde de la argentina el culpable de nuestros males y desgracias, es recuperar la lealtad a los valores de un pueblo que se supo contenido en la bandera unificadora del peronismo, es entender que el peronismo, aun cuando la historia sea tergiversada, mentida y cambiada, es la expresión mas genuina de las posibilidades del pueblo para reconstruir su destino y recuperar la riqueza que con su trabajo produce, negándosela a los canallas y parásitos de siempre. Es un ejercicio de memoria y un desafío corajudo ante los charlatanes que gritan para tapar las voces de los que, siempre, seguirán soñando.

Cuba, José Martí y las fantasías anexionistas yankees

Corría el año 1889 y ya entonces la titánica confederación de Estados Unidos empezaba a trocar su esencia, dejando de ser la tierra de la libertad y la prosperidad para mutar gradualmente hasta convertirse en el gran imperio depredador, que entendía que "América debía ser para los americanos...del norte".
En este sentido, el diario "The Manufacturer", de Philadephia, escribía una nota acerca de la inconveniencia de anexionar a Cuba -entonces colonia española- a la confederación. El diario Neoyorquino, "The Evening Post" (librecambista), escribía a su vez un artículo respaldando la línea de los proteccionistas de Philadelphia.
Lease para entender cuan larga es la edad del desprecio yankee por las naciones y pueblos ubicados al sur del Río Bravo:


¿QUEREMOS A CUBA?The Manufacturer: Filadelfia, 16 de marzo de 1889

Se viene afirmando con alguna insistencia que el Gobierno actual, considerará seriamente el proyecto de invitar a España a que venda la Isla de Cuba a los Estados Unidos. No se sabe aún de seguro si el Presidente y sus consejeros tienen realmente esta intención; pero la noticia no es de tan loca improbabilidad que esté fuera de propósito discutirla. Que España consintiese en ceder la Isla por una suma considerable, está muy en lo posible. España es pobre, y Cuba ha sido tan esquilmada por la rapacidad y mal gobierno de los españoles, que ya no es la mina rica que era antes. En ninguna parte se ha comprobado mejor que en la Isla, que el poder absoluto en manos de funcionarios corrompidos lleva rápidamente a la ruina y a la bancarrota. No es exagerado suponer que al político español, que no puede esperar ya enriquecerse robando a Cuba, se le haga la boca agua al pensar en el gran sobrante del Tesoro americano.
Hay mucho que decir en favor de nuestra adquisición de la Isla. La empresa halaga la imaginación. Cuba, por lo que puede dar de sí, es la más espléndida de las Antillas. Se levanta en medio del Golfo que nos limita por el Sur. Domina ese vasto campo de agua. La nación que la posea tendrá el señorío casi exclusivo de las avenidas a cualquiera de los canales interoceánicos. En Cuba están las bahías más hermosas de toda esa región. Está tan cercana a la Florida, que la Naturaleza parece indicar su afiliación a la nación que domine este continente. Su capacidad productiva no es aventajada por la de ninguna otra porción del globo terráqueo. Su tabaco es el mejor del mundo. Es el suelo favorito de la caña. Y su adquisición nos emanciparía inmediatamente de todo el universo en nuestra provisión de azúcar. Allí prosperan todos los frutos tropicales. Adueñarnos de la Isla sería extender los límites de nuestra producción de lo subtropical a todo lo del trópico. Casi no habría entonces fruto alguno de cuantos da la tierra que no se produjera dentro de nuestros dominios. Ya tenemos ahora todo lo que se cría entre el hielo de Maine y los naranjos de la Florida. Entonces tendremos las sustancias que requieren un sol vivísimo y un amparo total de los riesgos del hielo. Abriremos además un nuevo y gran mercado para todo lo que ahora producimos, y ese mercado estará enteramente en nuestro poder. Podemos hacer con él lo que nos plazca. Cuba tiene ahora millón y medio de habitantes. En cinco años, bajo nuestro gobierno, podría doblarse esta población. Estas ventajas no pueden dejar de atraernos. Merece atención. La energía americana llevada a aquella Isla, con un gobierno libre, bajo el imperio de la ley y el orden, con la seguridad de la hacienda y la vida, dueño el esfuerzo humano de emplearse en todas sus vías propias, haría de Cuba lo que una vez fue, un productor de riqueza, de poder y fecundidad maravillosos. Pero el asunto tiene otro aspecto. ¿Cuál será el resultado de la tentativa de incorporar a nuestra comunidad política una población tal como la que habita la Isla? Ni un solo hombre entre ellos habla nuestro idioma. La población se divide en tres clases: españoles, cubanos de ascendencia española, y negros. Los españoles están probablemente menos preparados que los hombres de ninguna otra raza blanca para ser ciudadanos americanos. Han gobernado a Cuba siglos enteros. La gobiernan ahora con los mismos métodos que han empleado siempre, métodos en que se juntan el fanatismo a la tiranía, y la arrogancia fanfarrona a la insondable corrupción. Lo menos que tengamos de ellos será lo mejor. Los cubanos no son mucho más deseables. A los defectos de los hombres de la raza paterna unen el afeminamiento, y una aversión a todo esfuerzo que llega verdaderamente a enfermedad. No se saben valer, son perezosos, de moral deficiente, e incapaces por la naturaleza y la experiencia para cumplir con las obligaciones de la ciudadanía en una república grande y libre. Su falta de fuerza viril y de respeto propio está demostrada por la indolencia con que por tanto tiempo se han sometido a la opresión española; y sus mismas tentativas de rebelión han sido tan lastimosamente ineficaces que se levantan poco de la dignidad de una farsa. Investir a semejantes hombres con la responsabilidad de dirigir este gobierno, y darles la misma suma de poder que a los ciudadanos libres de nuestros Estados del Norte, sería llamarlos al ejercicio de funciones para las que no tienen la menor capacidad.
En cuanto a los negros cubanos están claramente al nivel de la barbarie. El negro más degradado de Georgia está mejor preparado para la Presidencia que el negro común de Cuba para la ciudadanía americana. Podríamos arreglarlo de modo que la Isla quedase como un territorio o una mera dependencia; pero en nuestro sistema no hay lugar para cuerpos de americanos que no sean, o que no puedan aspirar a ser, ciudadanos.
La única esperanza que pudiéramos tener de habilitar a Cuba para la dignidad de Estado, sería americanizarla por completo, cubriéndola con gente de nuestra propia raza; y aún queda por lo menos abierta la cuestión de si esta misma raza no degeneraría bajo un sol tropical y bajo las condiciones necesarias de la vida de Cuba. Estos son hechos que merecen cuidadosa atención antes de que se consume ningún proyecto para la adquisición de la Isla. Podríamos hacernos de Cuba a un precio muy bajo, y pagarla todavía cara.



A estas ofensivas muestras de desprecio e ignorancia, vertidas contra el pueblo que había luchado heroicamente durante diez años contra el dominio español, responde magistralmente el apóstol cubano, José Martí, en una carta dirigida al Evening Post.
Lease para entender cuan larga es la edad de la dignidad antiimperialista de los cubanos:

Vindicación de Cuba - José Martí

Sr. Director de The Evening Post:

Ruego a usted que me permita referirme en sus columnas a la ofensiva crítica de los cubanos publicada en The Manufacturer de Filadelfia, y reproducida con aprobación en su número de ayer.
No es éste el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia. Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter. Hay cubanos que por móviles respetables, por una admiración ardiente al progreso y la libertad, por el presentimiento de sus propias fuerzas en mejores condiciones políticas, por el desdichado desconocimiento de la historia y tendencias de la anexión, desearían ver la Isla ligada a los Estados Unidos. Pero los que han peleado en la guerra, y han aprendido en los destierros; los que han levantado, con el trabajo de las manos y la mente, un hogar virtuoso en el corazón de un pueblo hostil; los que por su mérito reconocido como científicos y comerciantes, como empresarios e ingenieros, como maestros, abogados, artistas, periodistas, oradores y poetas, como hombres de inteligencia viva y actividad poco común, se ven honrados dondequiera que ha habido ocasión para desplegar sus cualidades, y justicia para entenderlos; los que, con sus elementos menos preparados, fundaron una ciudad de trabajadores donde los Estados Unidos no tenían antes más que unas cuantas casuchas en un islote desierto; ésos, más numerosos que los otros, no desean la anexión de Cuba a los Estados Unidos. No la necesitan. Admiran esta nación, la más grande de cuantas erigió jamás la libertad; pero desconfían de los elementos funestos que, como gusanos en la sangre, han comenzado en esta República portentosa su obra de destrucción. Han hecho de los héroes de este país sus propios héroes, y anhelan el éxito definitivo de la Unión Norte-Americana, como la gloria mayor de la humanidad; pero no pueden creer honradamente que el individualismo excesivo, la adoración de la riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible, estén preparando a los Estados Unidos para ser la nación típica de la libertad, donde no ha de haber opinión basada en el apetito inmoderado de poder, ni adquisición o triunfos contrarios a la bondad y a la justicia. Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting.
No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores. Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres; estamos atravesando aquel período de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta, que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada; tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, en el interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio de una corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad. Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo.
Pero, porque nuestro gobierno haya permitido sistemáticamente después de la guerra el triunfo de los criminales, la ocupación de la ciudad por la escoria del pueblo, la ostentación de riquezas mal habidas por una miriada de empleados españoles y sus cómplices cubanos, la conversión de la capital en una casa de inmoralidad, donde el filósofo y el héroe viven sin pan junto al magnífico ladrón de la metrópoli; porque el honrado campesino, arruinado por una guerra en apariencia inútil, retorna en silencio al arado que supo a su hora cambiar por el machete; porque millares de desterrados, aprovechando una época de calma que ningún poder humano puede precipitar hasta que no se extinga por sí propia, practican, en la batalla de la vida en los pueblos libres, el arte de gobernarse a sí mismos y de edificar una nación; porque nuestros mestizos y nuestros jóvenes de ciudad son generalmente de cuerpo delicado, locuaces y corteses, ocultando bajo el guante que pule el verso, la mano que derriba al enemigo, ¿se nos ha de llamar, como The Manufacturer nos llama, un pueblo “afeminado”? Esos jóvenes de ciudad y mestizos de poco cuerpo supieron levantarse en un día contra un gobierno cruel, pagar su pasaje al sitio de la guerra con el producto de su reloj y de sus dijes, vivir de su trabajo mientras retenía sus buques el país de los libres en el interés de los enemigos de la libertad, obedecer como soldados, dormir en el fango, comer raíces, pelear diez años sin paga, vencer al enemigo con una rama de árbol, morir-estos hombres de diez y ocho años, estos herederos de casas poderosas, estos jovenzuelos de color de aceituna-de una muerte de la que nadie debe hablar sino con la cabeza descubuierta; murieron como esos otros hombres nuestros que saben, de un golpe de machete, echar a volar una cabeza, o de una vuelta de la mano, arrodillar a un toro. Estos cubanos “afeminados” tuvieron una vez valor bastante para llevar al brazo una semana, cara a cara de un gobierno despótico, el luto de Lincoln. Los cubanos, dice The Manufacturer, tienen “aversión a todo esfuerzo”, “no se saben valer”, “son perezosos”. Estos “perezosos” que “no se saben valer”, llegaron aquí hace veinte años con las manos vacías, salvo pocas excepciones; lucharon contra el clima; dominaron la lengua extranjera; vivieron de su trabajo honrado, algunos en holgura, unos cuantos ricos, rara vez en la miseria: gustaban del lujo, y trabajaban para él: no se les veía con frecuencia en las sendas oscuras de la vida: independientes, y bastándose a sí propios, no temían la competencia en aptitudes ni en actividad: miles se han vuelto, a morir en sus hogares: miles permanecen donde en las durezas de la vida han acabado por triunfar, sin la ayuda del idioma amigo, la comunidad religiosa ni la simpatía de raza. Un puñado de trabajadores cubanos levantó a Cayo Hueso. Los cubanos se han señalado en Panamá por su mérito como artesanos en los oficios más nobles, como empleados, médicos y contratistas. Un cubano, Cisneros, ha contribuido poderosamente al adelanto de los ferrocarriles y la navegación de los ríos de Colombia. Márquez, otro cubano, obtuvo, como muchos de sus compatriotas, el respeto del Perú como comerciante eminente. Por todas partes viven los cubanos, trabajando como campesinos, como ingenieros, como agrimensores, como artesanos, como maestros, como periodistas. En Filadelfia, The Manufacturer tiene ocasión diaria de ver a cien cubanos, algunos de ellos de historia heroica y cuerpo vigoroso, que viven de su trabajo en cómoda abundancia. En New York los cubanos son directores en bancos prominentes, comerciantes prósperos, corredores conocidos, empleados de notorios talentos, médicos con clientela del país, ingenieros de reputación universal, electricistas, periodistas, dueños de establecimientos, artesanos. El poeta del Niágara es un cubano, nuestro Heredia. Un cubano, Menocal, es jefe de los ingenieros del canal de Nicaragua. En Filadelfia mismo, como en New York, el primer premio de las Universidades ha sido, más de una vez, de los cubanos. Y las mujeres de estos “perezosos”, “que no se saben valer”, de estos enemigos de “todo esfuerzo”, llegaron aquí recién venidas de una existencia suntuosa, en lo más crudo del invierno: sus maridos estaban en la guerra, arruinados, presos, muertos: la “señora” se puso a trabajar; la dueña de esclavos se convirtió en esclava; se sentó detrás de un mostrador; cantó en las iglesias; ribeteó ojales por cientos; cosió a jornal; rizó plumas de sombrerería; dio su corazón al deber; marchitó su cuerpo en el trabajo: ¡éste es el pueblo “deficiente en moral”!
Estamos incapacitados por la naturaleza y la experiencia para cumplir con las obligaciones de la ciudadanía de un país grande y libre”. Esto no puede decirse en justicia de un pueblo que posee-junto con la energía que construyó el primer ferrocarril en los dominios españoles y estableció contra un gobierno tiránico todos los recursos de la civilización-un conocimiento realmente notable del cuerpo político, una aptitud demostrada para adaptarse a sus formas superiores, y el poder, raro en las tierras del trópico, de robustecer su pensamiento y podar su lenguaje. La pasión por la libertad, el estudio serio de sus mejores enseñanzas; el desenvolvimiento del carácter individual en el destierro y en su propio país, las lecciones de diez años de guerra y de sus consecuencias múltiples, y el ejercicio práctico de los deberes de la ciudadanía en los pueblos libres del mundo, han contribuido, a pesar de todos los antecedentes hostiles, a desarrollar en el cubano una aptitud para el gobierno libre tan natural en él, que lo estableció, aun con exceso de prácticas, en medio de la guerra, luchó con sus mayores en el afán de ver respetadas las leyes de la libertad, y arrebató el sable, sin consideración ni miedo, de las manos de todos los pretendientes militares, por gloriosos que fuesen. Parece que hay en la mente cubana una dichosa facultad de unir el sentido a la pasión, y la moderación a la exuberancia. Desde principios del siglo se han venido consagrando nobles maestros a explicar con su palabra, y practicar en su vida, la abnegación y tolerancia inseparables de la libertad. Los que hace diez años ganaban por mérito singular los primeros puestos en las Universidades europeas, han sido saludados, al aparecer en el Parlamento español, como hombres de sobrio pensamiento y de oratoria poderosa. Los conocimientos políticos del cubano común se comparan sin desventaja con los del ciudadano común de los Estados Unidos. La ausencia absoluta de intolerancia religiosa, el amor del hombre a la propiedad adquirida con el trabajo de sus manos, y la familiaridad en práctica y teoría con las leyes y procedimientos de la libertad, habituarán al cubano para reedificar su patria sobre las ruinas en que la recibirá de sus opresores. No es de esperar, para honra de la especie humana, que la nación que tuvo la libertad por cuna, y recibió durante tres siglos la mejor sangre de hombres libres, emplee el poder amasado de este modo para privar de su libertad a un vecino menos afortunado.
que más de un americano derramó su sangre a nuestro lado en una guerra que otro americano había de llamar “una farsa”. ¡Una farsa, la guerra que ha sido comparada por los observadores extranjeros a una epopeya, el alzamiento de todo un pueblo, el abandono voluntario de la riqueza, la abolición de la esclavitud en nuestro primer momento de la libertad, el incendio de nuestras ciudades con nuestras propias manos, la creación de pueblos y fábricas en los bosques vírgenes, el vestir a nuestras mujeres con los tejidos de los árboles, el tener a raya, en diez años de esa vida, a un adversario poderoso, que perdió doscientos mil hombres a manos de un pequeño ejército de patriotas, sin más ayuda que la naturaleza! Nosotros no teníamos hessianos ni franceses, ni Lafayette o Steuben, ni rivalidades de rey que nos ayudaran: nosotros no teníamos más que un vecino que “extendió los límites de su poder y obró contra la voluntad del pueblo” para favorecer a los enemigos de aquellos que peleaban por la misma carta de libertad en que él fundó su independencia: nosotros caímos víctimas de las mismas pasiones que hubieran causado la caída de los Trece Estados, a no haberlos unido el éxito, mientras que a nosotros nos debilitó la demora, no demora causada por la cobardía, sino por nuestro horror a la sangre, que en los primeros meses de la lucha permitió al enemigo tomar ventaja irreparable, y por una confianza infantil en la ayuda cierta de los Estados Unidos: “¡No han de vernos morir por la libertad a sus propias puertas sin alzar una mano o decir una palabra para dar un nuevo pueblo libre al mundo!” Extendieron “los límites de su poder en deferencia a España”. No alzaron la mano. No dijeron la palabra.
La lucha no ha cesado. Los desterrados no quieren volver. La nueva generación es digna de sus padres. Centenares de hombres han muerto después de la guerra en el misterio de las prisiones. Sólo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad. Y es la verdad triste que nuestros esfuerzos se habrían, en toda probabilidad, renovado con éxito, a no haber sido, en algunos de nosotros, por la esperanza poco viril de los anexionistas, de obtener libertad sin pagarla a su precio, y por el temor justo de otros, de que nuestros muertos, nuestras memorias sagradas, nuestras ruinas empapadas en sangre, no vinieran a ser más que el abono del suelo para el crecimiento de una planta extranjera, o la ocasión de una burla para The Manufacturer de Filadelfia.
Soy de usted, señor Director, servidor atento.
José Martí

jueves, 4 de diciembre de 2008

LP


Hace un tiempo estaba por escribir un post titulado: “Por favor, evacuen Buenos Aires”. Finalmente, entendiendo que podía herir susceptibilidades, decidí abortar la iniciativa. Debo explicar que ese texto hubiera nacido en la catarsis bestial de un paisanazo del interior profundo luego de pasar casi tres horas perdido, adentro de un Renault 18, dando vueltas por todas las autopistas y avenidas de la ciudad, en el intento fútil y utópico de llegar desde Temperley a Castelar: mi periplo fatídico incluyó un tour por la cancha de Ríver, varias idas y venidas por la General Paz, hasta caer insólitamente en un mágico camino llamado camino del buenaire, que finalmente me depositó en el Oeste. A la vuelta, algo similar: perdido, intenté llegar a Belgrano, y caí en la cancha de Velez. En fin, los porteños pueden no entender que viven en un lugar imposible e inabarcable: para un bahiense como yo -viviendo ahora en la localidad de Santa Rosa, en La Pampa-Buenos Aires no es una ciudad, es otra cosa, es un dilema, un laberinto insólito e irracional, un océano de locura y mala intención vial. Pero desistí y no escribí el post.
Ayer volví a visitar Buenos Aires, esta vez con la prudencia elemental de hacerlo en ómnibus. Llegué a Retiro omnibuslado (neologismo: el que se obnubila en un ómnibus) por los buildings que se alzan dando sombra y reflejo y supongo que luz a la “tan mentada villa 31”, aquella villa de pictórico contraste que es por si sola toda la historia del capitalismo demencial y neoliberal en Argentina y América Latina (caserío por el que corrí una vez rajándole a los milicos desde Comodoro Py, pero esa es otra historia del capitalismo demencial y neoliberal en Argentina y América Latina ).
Después recorrí lugares pro y otros no tanto, pude ver los cartelitos que amarillean las calles, en un alarde proselitista de la misma grosería –imprescindible- de cualquier otro anuncio oficial, pero que deben haber sido diseñados por algún diseñador “pro”, posmoderno y apolítico. Son tan bobos y, repito, tan imprescindibles como cualquier otro cartel donde los-políticos-se-cobran-los-éxitos-de-su-gestión, solo que estos son hipócritas, porque pretenden hacerse en nombre de algo novedoso y en contra de la política tradicional. Al final llegué a un piso muy top de la torre esmeralda, desde donde se podía ver el Río de La Plata y la casa Rosada.
A la noche me vine para otra ciudad que me cae mejor y a la que conozco mejor: La Plata, la ciudad en la que todavía estudia mi recuerdo de estudiante. Sin saberlo, llegué en el día en que el Pincha se preparaba ansioso para la final de la sudamericana. Entendí que estaba en una ínsula de sentimientos: aquí y solo aquí se pudo escuchar la tremenda gritería, las bocinas, la locura, cuando el gol de Alayes. Luego el silencio y la ciudad oprimida en una ansiedad de patíbulo, hasta que al caer el injusto gol suplementario del Inter, pudo escucharse algún tripero rencoroso y aliviado gritar su hartera alegría. Otra vez sobrevino el silencio, la espera por ver nuevamente volar al fantasma de la mística copera y la decepción digna. Entonces, en negra noche de negro silencio, explotaron - muy lejos, pero abarcando en su sonido toda la ciudad- fuegos artificiales, que no se si fueron prendido por los derrotados como una forma de revelarse contra la ineluctable tristeza o por los triperos para proponer una explosiva y luminosa cargada.Lo cierto es que esta mañana todo parece igual a tantas veces: vuelvo a caminar La Plata con la ilusión de encontrarme con alguno de los tantos amigos que mil veces quise y mil veces abracé, vuelvo a deslumbrarme con cosas como una agrupación que se llama “la liga de los superhéroes polulares” o con esa magnífica librería que está en 7 entre 58 y 59, que tiene todos los títulos de la editorial “campana de palo” y sigo lamentando no tener plata para comprarme así de un saque todos lo libros de Baschetti. Ya que este post es un fárrago, los invito: no dejen de visitar esa librería; ella sola hace de La Plata la ciudad mas linda que puede pisar un joven con ganas de rebelarse y convertirse en hombre.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Santiago del Estero (o el inicio de la debacle Kirchnerista)




Este...ja...jajajaja....jajajajajajajajajajajaja....arraajajajajajajajajajajajajajaa...ARRRAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJJAJAJA

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJARRAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJA



METRALLETA DE JAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJJAJAJAS para todos los gorilas.

Desde su bicicleta, el polémico secretario de comercio interior, Guillermo Napia Moreno, realizó gestos inequívocos