miércoles, 2 de julio de 2008

El aleph: la divina percepción

Misérrimos los días de nuestro conocimiento. Condenado todo apronte de indagación metafísica a la categoría de vanidad literaria, nos apura el vicio de conocer detalles irrelevantes del mundo fenomenológico y realizar precisas cuantificaciones de lo prescindible, sin preocuparnos lo suficiente de las cuestiones elementales y primeras. El origen del todo -verbigracia: el Universo- ya no reposa en la profética enunciación de iluminados; se ha despeñado al poco agraciado terreno de la ciencia, que, con su bagaje de métodos e impotencias, arruina la belleza y propone el fárrago. Hoy no me espantaría si al preguntar a cualquier parroquiano -si llegara el improbable caso de indagar en torno de estas cuestiones – sobre la cuestión del origen del Universo, alguno gambeteara los increíbles argumentos teogénicos para espetarme la incomprensible posibilidad de una explosión primaria, que una contravenida descalificación, involuntaria y didácticamente, bautizó para siempre como big bang.
Si he de aceptar mis limitaciones de lego, al menos tengo para mí que los sabetanto que descollan con ecuaciones y modelos y que se postulan capaces de desglosar el orbe, comparten conmigo la imposibilidad de imaginar lo que ellos mismos proponen: la cacofónica teoría remite a un inicio universal -fortuito y finito- a partir de una singularidad espacio-temporal inadmisiblemente densa. Es decir: un concentrado, denso y caliente, de la totalidad del espacio y tiempo del universo. Si enrolara de evaluador o inquisidor, demandaría: grafíquelo o, mas indulgentemente, siquiera explíquemelo. Descuento que no podrían convencerme.
Culpable de su incapacidad sería su natural -humana- prisión perceptiva o, tal vez, el tal Immanuel Kant. ¿Cómo concebir fenómenos fuera del espacio, fuera de la sucesión o la simultaneidad en el tiempo? ¿Cómo -¡Oh, mortales!, podemos imaginar algún elemento sensible fuera de esta regla, de esta limitación, de esta necesidad? No hay forma.
Indaguemos: la figura de una materia elemental (que es mas que eso, pues es, a su vez, el tiempo) que existe, antes del todo y entonces en la nada; antes del tiempo, y entonces... ¿en qué? ¿El todo contenido en un infinitesimal rincón de la nada, a la azarosa espera de una divina voluntad dinamitera? (perdone el lector mi exabrupto; busca, mi ignorante angustia, reposo en calmas celestiales).
La “imagen” es, cual ninguna, inasible. Así lo entendió Borges (quien desconoció sabiamente la grandilocuencia cientificista) y, a pesar de la reconocida imposibilidad, arremetió con un cuento que transcurre en Buenos Aires y que añora inmortalidad: El Aleph, “el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Me interesa mucho menos bravatear contra los físicos y astrónomos que proponen el big bang, que evocar la calidez de estas páginas fantásticas. El Aleph, perdido por una precisa voluntad de azares en el sótano de una vieja casa, desespera (burla) al pobre escritor: “¿Como transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abraca?” y, sobre todo: “... el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese gigantesco instante, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición ni transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo, lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es.” Me atrevo a proponer que la aclaración de imposibilidades bien podría ser obviada; antes que nada: todos los hombres somos bien Kantianos, Borges era un hombre; luego: ni él ni nadie podría, con la rudimentaria y humana palabra, hacernos concebir el infinito del tiempo y el espacio, la eternidad y el universo.
El Aleph o aquella singularidad espacio-temporal primera, son una visión reservada únicamente a los Dioses, aquellos que, inmortales y sobrehumanos, escapan a la cárcel espacio-temporal de la percepción y logran ver el todo sin sucesión ni simultaneidad ni distribución ni relaciones: El todo pasado y presente y el eterno porvenir; todo lo que ocurre u ocurrirá, y también lo que se trunca por una causalidad de efecto imperceptible. La percepción desde todos los ángulos y desde ninguno. El descubrimiento ya no del fenómeno, si no de la cosa en si misma (¡Inconcebible noúmeno!) que nos está vedado a los imperfectos mortales.
De allí que descarto los esfuerzos de científicos y perdono a Borges y exijo indulgencia con este confuso dislate: me he puesto a husmear los aromas de la fruta prohibida, la que no probará mi boca.

3 comentan por ahí:

Monotributo dijo...

Bill Gates: temí pasar a llamarme Bill "Gay-tes" .Hoy no se si es culpa o deseo lo que siento por Monotributo.
El gran semanario informativo-festivo-decadentista Maracas & Masitas obtuvo la única entrevista que otorgó a medio alguno tras su renuncia a Microsoft, William Henry Gates II, quien hasta ahora era considerado uno de los zares de la informática...hasta ahora. Solo hasta ahora. En el siguiente reportaje es el propio Bill (a quien vemos en la imagen mirando a Plutón con ojos de arrebol y ensueño para con ese planeta de donde vino alguien que lo desvela), quien nos cuenta de sus penas, sus culpas y sus suspiros...por ese "alguien".

M&M: -Contanos algo Guille de tus comienzos en este tema del sofwere y los sistema operativos que te han dado fama mundial.
BG: -Les cuento. Todo empezó en Lakaside, un barrio de mi ciudad, Villa Gobernador Seattle, donde cuando era muy pibe me ganaba unas chirolas limpiando parabrisas de los autos que se detenían en el semáforo. Un día se detiene un descapotable de un lujo tal que no había visto nunca, y al decirle la consabida frase: -"le limpio el vidrio, don", se asomó un ser de un aura y una belleza que trasuntaba a la vez, virilidad, pasión, inteligencia y modestia...sobre todo mucha modestia.
M&M: -¿Quién era ese ser?, !decilo, Guille, decilo!
BG:- Antes de revelar su identidad te cuento que me deslumbró con su extraordinaria retórica y su manejo magistral del idioma. Me dijo: "-ni se te ocurra pibe, ya me lo limpiaron en la YPF de Sprinfield donde cargué gasoil". Luego agregó con ese capacidad semántica que lo pone por arriba de un Cervantes, un Shakespeare, un Novaresio o un Neruda: "vó a que te dedicá aparte de limpiar vidrio". Le contesté que mi ilusión era llegar a jugar en las ligas mayores de la NBA, que se yó, en Boston Celtic, Chicago Bulls o el Real Arroyo Seco. Entonces me miró con sus ojos de dios olímpico y me dijo estas palabras que cambiaron para siempre mi vida: "-dejate de joder".
M&M: - ¿Pero quien era ese dios olímpico? Basta de suspenso, Guille, por favorrrrrr.
BG: Bueno les digo. Ese ser, ese Adonis de la belleza y la sabiduría conjugadas en una perfección nunca vista en el universo, no era otro que el GRAN MONOTRIBUTO.
M&M: -¿Que estaba haciendo cuando lo encontraste en ese semáforo?
BG: Venía desde Plutón rumbo a su Instituto Superior de Estudios Internésicos. Había tomado la ruta vieja porque la autopista estaba cortada a la altura del segundo anillo de Júpiter por un piquete de venusinos que protestaban por las retenciones que le ponían a los arrendamientos en los canales de Marte.
M&M: -¿Y entonces que pasó?
BG: - Pasó lo más maravilloso que le puede pasar a un ser humano. Que un dios, un vestal, un coloso, que digo un coloso..un Gigante de Arroyito como Monotributo tome a un simple humano como yo en caracter de educando. Me invitó a cursar estudios en su Instituto. Específicamente sobre una nueva ciencia que el estaba creando: la informática.
M&M: -¿Y entonces que hiciste Guille?
BG: -¿Que iba a hacer?, si esa oportunidad se da una en un billón en mil años luz. Al otro día, con una manzana para el recreo, me tomé el Tirsa, empalmé con el 132 Tío Rolo, y me presenté en el Instituto del Gran Monotributo. Pasé allí los cinco más maravillosos años de mi vida. La edad de la ilusión. El tiempo del descubrimiento. La alegría por la alegría misma. La misma felicidad en suma que sentí cuando una vez completé la claringrilla.
M&M: -¿Que estudiaste en el Instituto?
BG: - De todo. El maestro universal Monotributo me enseñó de todo. Recuerdo aun algunas materias. Sistemas Operativos I, II y III. Sofweres bizantinos. Construcción de barriletes. Exel 1-NOB 0. Semántica del Blog. Internet para alcoholicos. !Y ojo, que lo estudiabamos todo con alegría! Recuerdo al respecto esa marcha que ideó Monotributo, cuya letra no les cantaré porque es un poco picaresca: Macintosh se la come, Microsoft se la dá. En fin...fueron años fecundos donde el Genio de la Internet, el Unico Genio me formó para siempre. En la foto que ven al costado está registrado el momento de la graduación en el Instituto Superior de Estudios Internésicos. Recuerdo que la fiesta fue a todo lujo en el Salón La Cautiva, con sanguiches de Miga Miga y un porrón de Brahma cada cuatro alumnos...!que Monotributo no escatima en gastos!. Luego llegó el momento en que a solas el gran maestro me dijo: "-Bill, sos el alumno más brillante de la promoción. Tu tarea será enseñarle al mundo lo que has aprendido de mí. A los plutosinos la modestia innata que llevamos en nuestros genes de deidades universales nos impide mostrarnos como los genios que somos. Serás vos, entonces, quien se quede con el crédito del desarrollo de los sistemas operativos. ". Eso me dijo el maestro. Yo me quedé mudo, hasta que este de un suave empujón me dejó en la colectora de la Vía Lactea. Al rato pasó un Monticas rumbo a San José de la Esquina, y como tenía paradas intermedias en New Jersey, Indiannapolis y Alburquerque, me lo tomé.
M&M: -¿Que pasó entonces, Guille?
BG: -Pasó lo que ustedes ya conocen. En Alburqueque inicié mi empresa de computación. Altair se llamaba. Luego volví a Villa Gobernador Seattle donde fundé Microsoft y lo demás es historia conocida. Exitos, fama, Seven Up, Mirinda, Pritty.
M&M: - Eso es lo que el mundo no entiende Guille. El porqué de tu renuncia a la empresa a la que diste fama mundial. ¿Que paso?, !decilo, Guille, decilo!
BG: -Pasó que todo era un fraude. Bill Gates no es nadie sin Monotributo. Ni siquiera sirvo ya para limpiar parabrisas en un semáforo. Todo lo que patenté en el mundo de la informática lo inventó el divino plutoniano, el GRAN MONOTRIBUTO, y me pongo de pie para nombrarlo y se me eriza la piel cuando lo nombro...perdón, me estan traicionando los sentimientos, perdón...
M&M: -¿Como es eso?
BG: - Si chicos, al principio yo disfruté las mieles de la fama. Luego la culpa por usurpar un mérito que no era mío empezó a incomodar mi conciencia. Pero...eso tal vez hubiera sido un silicio soportable, aunque atroz, soportable.
M&M: -¿Y que es lo no soportable, Guille, lo que te llevó a renunciar?
BG: - El deseo, el maldito deseo hijo de una pasión perturbadora. Cada vez más la imagen que obnubila mi alma y mi corazón no es la de la culpa, sino la del deseo. Ese deseo impuro a la virilidad hecha perfección. No quiero avanzar más en el tema porque pese a mi cara de dolobu soy casado. Melinda se llama mi mujer. Tiene nombre de gaseosa de segunda calidad, pero en fin, es mi señora. Pero....siempre hay un pero. En la alta noche vuelve recurrente la figura egregia del Genio de la Internet, del Perfecto Plutoniano, del Adonis del Blog que ante mi dudosa líbido me grita: Bill, !no seas maraca!, !no seas masita!. No pude más y entonces renuncié al Imperio Microsoft. Ese Imperio tiene un solo monarca: Monotributo .... ah.... Monotributo... Monotributoooo ... ah...
En este estado de suspiros y jadeos, decidimos dar por terminada la entrevista. Bill Gates se retiró llorando y mirando al firmamento en la estrellada noche. Suponemos intentaba alcanzar con su mirada a Plutón. Hacía frío en Villa Gobernador Seattle. La noche ostentaba similar pureza al del firmamento altoperuano que describió un general latinoamericano del siglo XIX que entre batalla perdida y batalla perdida se traducía de puro aburrido "La Divina Comedia". Sí, era una noche diáfana como lo fueron las de los módicos encontronazos de Ayohuma y Vilcapugio. Desde una estrella alguien nos gritó: !maracas, masitas!. Nos fuimos silbando bajito. A esa hora se tornaba ocioso esperar el 35/9, el 142 o el 103. Cerca llegaba el particular sonido del North Pacific Ocean golpeando contra las costas bravas del Estado de Washington.

ManuK dijo...

Yo por suerte soy sabatiano, y no me vuelvo loco por los fenómenos metafísicos. Pero muy buen post, ahora me dieron ganas de leer a Kant y por supuesto, a la momia ciega!

nanolefou dijo...

Manuk: yo también soy Sabatiano. Ahora lo tengo medio abandonado, pero lo leí bastante. También tengo y leí los diálogos Borges - Sábato (que, sabemos, no se apreciaban) que hicieron por pedido de un periodista. Estaba bueno, mucho no me acuerdo la verdad. Kant la verdad que es un tedio y, para mi, muy difícil, pero es imprescindible.

Monotributo: todo bien, pero no es la idea. Dejaste este... ¿comentario? en varios blogs. Nadie duda que está bueno, pero tampoco vas a andar por ahí zampándoselo a todo el mundo. Para eso tenés tu blog, man.
Saludos igual