jueves, 27 de diciembre de 2007

Bahía Blanca (2)

Desde los cuadrangulares anaqueles me leen mis libros. La modesta biblioteca, inabarcable como todas, alberga tomos de elegante cuero gris y marrón mezclados con coloridas ediciones de popular tapa blanda. Libros de bolsillo, ediciones ampliadas, fascículos, hasta revistas. Todo el misterio esta en esas bestias de furioso saber escondido, que ahora visten de oscuridad sus letras. Bien podría no haber letras en las páginas que ahora no veo; posible sería que las páginas estuvieran en blanco, a la espera de ojos que las recreasen. Sólo veo los lomos de las bestias, donde se lee un título, una promesa y el nombre de una persona. Adentro están, deben estar, los escritores.
Unos hablan pestes de la propiedad privada. Yo les pregunto si esos, mis libros, son ilegítima e injusta propiedad privada que deba ser socializada, llevada a bibliotecas populares y públicas; si tanto libro privado y cerrado no es un testimonio de iniquidad. Ellos me dicen que no, pues no son medios de producción, aunque yo se que producen cavilaciones, tribulaciones, duda, dolores de cabeza; a veces pena y otras alegría, emoción; vida y preguntas en el alma.
-¿ Qué estas, Vida, tejiendo conmigo que tanto te seguí y te comprendo?- preguntan angustiados unos, mientras otros me aseguran que existe un tímido y nocturno y bello Panthera uncia esperándome silencioso en las cordilleras del Altai o en el Hindu Kush o en el Himalaya. El Dr Guillermo Gilbert me jura que la tierra es un gigantesco imán esférico y otros me avisan, en palabras inentendibles pero cercanas, que Marco era un ragazzo di tredici anni che avitaba Genova con suo Padre e suo fratello, ma senza sua madre, y que por eso se tomó un piroscafo para viajar dagli Apennini alle Ande
Otros dicen que volveré eternamente, que volveré a Bahía Blanca una , dos e infinitas veces. A andar las mismas calles y descansar en los mismos brazos, Naceré, comeré, reiré y amaré y un día, repetido también hasta el infinito, me iré. Hoy, que no tengo memoria de las infinitas veces que en el pasado esto ha ocurrido, no puedo saber que pasará mañana. Mas sospecho que volveré. Hecho recuerdo o pájaro o palabra, o tal vez yo material, carnal, tal vez vuelva yo y apenas yo, para seguir dejando mis delebles huellas en las callecitas y un día, quizá, mis huesos en esta tierra. No lo se. Si lo supiera no escribiría este canto- poema-testimonio y testamento, que escribo pausadamente contra una ventana.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Bahía Blanca (I)

La noche y la distancia han concebido, tantas veces, su dilecto arte de nostalgia. Sólo hoy ( y siempre) estoy aquí, en la ciudad que esconde el tesoro de mi porque. Salgo a la calle a respirar la brisa de mi propio ser. Buscando esa esquina donde habita el calor y mi niñez.
Allí va mi risa impune, la pena postergada, la promesa de dicha eterna. Mi niñez inmortal está escondida detrás de un buzón o en la copa oscura de una casuarina o silenciosa, sentada a mi lado y escondida aún, en el banco de la plaza. ¿Donde está el croto de la esquina? Una tardecita me hice pasos tras sus pasos para averiguar su destino y su soledad, su turbia soledad desconocida. Lo perdí en la hora en que la tarde se arropa de tonos fúnebres y la calle respira aliviada de soles. Lo vi desvanecerse tras otra esquina, que tampoco se donde está. Cuando volví, caminando con la cabeza gacha y la vista arrastrando en las baldosas, ya no estaba mi niñez. Tampoco la esquina. Tampoco el buzón. Se habían ido tras los pasos del pobre olvidado, tras el zigzagueante andar de alcohol del hombre sucio de la plaza, para volver hecha fantasma, como ráfagas de brisa en la noche. O en los rayos tímidos del sol en la mañana.
¿Donde están los perros de mi niñez? Los perros con costillas expuestas como arpa. Los perros de piel grasa y olor a perro. Los perros escondidos de la lluvia en el invierno, temblando acurrucados, buscando calor en el árbol o en la vereda. ¿Donde está la gris paloma, que se desprende como una gota cálida y viva, como un hijo batiente del hormigón y la viga?
En aquella esquina exactamente, murió dios, y mi madre. Ya no me acerco ni piso sus cordones. Allí rodó mi lágrima y se secó, se hizo nube y llovió, y llueve todos los días en la tarde calurosa del verano.
Allí está mi adolescencia y mi amor. Donde cae cansada la hoja de otoño, como cayó un día de su boca un no. Un llano y liso no, misterio indescifrable para mi alma.
Allí todas las estaciones excepto una: la primavera que me olvidé en sus labios.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Diciembre, 2001

Hace mas o menos seis años, los argentinos veíamos cómo se desmoronaba la farsa económica mas grande de nuestra historia, arrastrando consigo un país entero a la ruina mas dolorosa y profunda. Con mas o menos vehemencia, todos nos quejábamos y maldecíamos nuestro presente inicuo. Muchos veíamos en impresentables gobernantes y economistas de elocuencia sospechosa a los responsables de la catástrofe. Pocos se olvidaban del papel del FMI y del incondicional acatamiento a sus ordenes, que en aquellos días se ejecutaban como un mandato divino. Hablábamos de un fantasma que se llamaba “riesgo país” y decíamos (sentíamos) que nos había llegado un irreversible apocalipsis nacional.
Muchos tenían hambre; pocos tenían trabajo. Unos cuantos perdieron lo poco o mucho que tenían. Otros se quejaban porque lo mucho que tenían no crecía y se reproducía como su ambición lo reclamaba. En síntesis: ricos con malestar, pobres con hambre y medianeros que se veían caer irremisiblemente en el fondo de la escala social; un cóctel inflamable a la espera de la chispa.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 nacieron tras una gestación traumática y dolorosa. Agitados veníamos los argentinos: Marchando, cortando rutas, quejándonos por todo medio posible. La chispa fue imperceptible; cuando reaccionamos era un incendio que se expandía en forma de saqueos, cacerolazos, marchas, piedras, palos y lucha callejera
Cada uno evocará aquellos días, indefectiblemente preñados de sentimientos, con el color y aroma que su alma le regale. Pero la versión unívoca, repetida hasta el cansancio, convenida cuidadosamente entre unos pocos, que propone que aquellos días fueron tan solo luto y dolor, merece nuestra desconfianza, cuando no un lato rechazo. Nada de alegría hubo en la Patria aquellos días, pero mucho de explosión de furia contenida, algo de revancha por tanto penar silencioso, otro tanto de dignidad florecida en calles repletas desafiando inviernos de frío recorte y ajuste inhumano.
¿ Fueron tan solo pasivos transeúntes, volteados accidentalmente de un balazo, los caídos en la calle? ¿ No hubo algo heroico aquellos días? Sin dejar de llorar los muertos que nos dolían, muchos nos sentimos plenos de energía cuando al final del día un presidente, menos estúpido que cruel, abandonaba la casa rosada, y una gran mentira volaba con él. Cuando vimos que los muertos no eran en vano. Cuando vimos que la Patria podía despertar de ese sopor, por la sonora voz que los libros de historia indican: la del pueblo y su voluntad. Voluntad que a veces, cuando la sordera es moda, suele convertirse en ola arrasadora y violenta, concibiendo el caos destructivo del que nace el futuro y la creación.
Me pregunto si sólo hay que llorar. Si nada de aquello sirvió para nada. Si es así, los muertos fueron en vano. Pero creo que hay mucho mas, ni detrás ni delante del dolor, sino al lado: hubo furia justa, dignidad encendida, revancha esperada, impunidades temblorosas, soberbias acalladas. Y todo por la voluntad del pueblo.
Nadie tiene derecho a arrebatárnoslo. Ni los que proponen como única explicación la visión conspiradora y entienden los sucesos como un frío movimiento en las piezas del ajedrez del poder; ni los que pretenden convertir a los muertos del pueblo, fruto de la brutal represión del estado, en una fría lápida que se vuelva contra el pueblo, para declarar que todo fue dolor, bárbaro dolor, y merece la vergüenza y el olvido. (Paradoja idiota: las heroicas muerte vienen a ser excusa para negar el heroísmo)
Que cada uno evoque como su alma se lo regale. A mi nadie me quita el pulso que ritmaba esperanza y las lágrimas que hervían de dignidad. A mi no se me afloja aún, el puño apretado.

MA

viernes, 7 de diciembre de 2007

Entre puños y palabras


Oscar Natalio Bonavena
Es explosivo
Abierto/expresivo/intespestivo
Optimista: bona/bonanza/buena/ buena nueva
Larga y llena: BONAVENA
BBOOONAVEEENA

Ringo (es buen apodo para un amigo)
Ringo Pérez o González
O Ringo Maradona
Va bien con cualquiera
Pero “RINGO BONAVENA”
Escuchame
¡Escuchá bien!
OSCAR NATALIO “RIIIINGOO” BOOO-NAAA-VEEE-NAA
Eso, querido,
Eso suena a inmortal

Bonavena nació pobre
Como se nace a veces en Boedo
Creció rápido, desprolijo
Chueco de pie plano
De puro distraído se convirtió en un oso con voz de pajarito
Era buenísimo
Se hizo boxeador para poder fajar a gente de su tamaño
Ringo no conocía a “los pobres”
Supo de Juan, de Cacho, del Gringo, de su vieja
Pero de los pobres...

Irreverente, soberbio, provocador
O mejor:
Jetón, fanfa, compadrito
Amado

Ringo Bonavena
Ringo de la boca floja
Ringo del nocáu de prepo
Ringo riéndose de Clay
Ringo saludando a Alí

(A Ringo lo mató la mafia
Por soplarle la jermu al capo/
Pero Ringo es Bonavena y cabezón
Y no se quiere morir)


jueves, 6 de diciembre de 2007

Lechucita vizcachera - Athene cunicularia

Fotos sacadas en Bajo Hondo, Provincia de Buenos Aires. La técnica consiste en acercamiento sigiloso con el auto hasta ponerse a escasos 2 metros y sacarle con una camarita pedorra en modo automático. Se requiere lechuza confiada y distraída.



miércoles, 5 de diciembre de 2007

Una arenga SImplemente...


El domingo fue un día de alegría para mucha gente: Festejó seguramente algún delegado de asuntos latinos en una oscura y fría sala de la Casa Blanca. Respiró aliviada la horrible “Condolencia Rice”, imaginando la revancha que se viene, la hora de tomar venganza con ese indio insolente que puso a su pueblo de pie contra su "amigo" norteamericano y que tuvo la idea de reflotar la OPEP y mostrar al mundo que los E.E.U.U. tienen un talón de Aquiles que cotiza cada día mas alto. Felices (eufóricos) se mostraron los jóvenes pacatos de un movimiento estudiantil elitista y oligárquico, que reclaman una extraña forma de democracia donde se termine para siempre con la voluntad del pueblo. Y enamorados del juego electoral, felices y exultantes, gritando a viva voz su amor por la soberanía popular, quedaron los golpistas y saboteadores del pasado recientísimo, que ya preparaban el complot en caso de perder la elección. Tontos inocentes que nada entienden de política repiten que el resultado es cosa buena porque evita la reelección indefinida y porque habrá alternancia y entonces democracia, como si el cambio de una cara por otra no fuera el cambio de careta de un sistema repetido y perverso; el mismo que llevó a Venezuela a su desastre social histórico, al Caracazo y sus miles de muertos, llegando de la mano del FMI y sus políticas.
Sin embargo Venezuela sigue viva en su ejercicio de rebeldía y dignidad. Más de 4 millones de ciudadanos votaron por el SI. Una propuesta llena de contenido revolucionario: SI al SOCIALISMO, SI al salto al futuro, SI a la reversión del orden injusto, SI a la construcción del sueño y la Patria para todos. Por unos pocos votos ganó un no chiquito, un no que es negación de esperanza, propuesta de retorno al pasado.
La esperanza que despierta la Revolución Bolivariana no puede apagarse tan fácilmente.
Mas temprano que tarde, el pueblo hará de esta derrota su aprendizaje y el futuro contragolpe revolucionario será más fuerte. Lo suficiente como para hacer temblar la quijada de una oligarquía insensible y cruel, ansiosa por repartirse la torta entre pocos, como hicieron durante casi un siglo, hasta el glorioso triunfo democrático de Chávez.